Es todo cuestión de poder. 

Con tanto como amaba a su padre, en aquellos momentos le hubiera abofeteado como a un esclavo pillado en falta. Hubo un antes y un después en el afecto que sentía por su padre, ya nunca fue igual, una especie de frío había entrado por sus venas recorriéndo todo su cuerpo y los abrazos de Teodorico nunca le supieron tan cálidos.

Cuando a Amalasunta le tocó ser reina, una de las primeras cosas que hizo fue restituir bienes y honores a la familia de Boecio; consolar a Rusticiana, la viuda obligada a vagar por las calles en busca de un mendrugo para poder comer, pues NADA le dejaron. Era costumbre desposeer de bienes a la familia del condenado, cuanto más si lo era por traición. También restituyó los bienes de la esposa de Símaco, suegro del filósofo mandado también ejecutar por Teodorico.

Cómo se acuerda de su amigo; tumbada en el lecho de su prisión que para una prisionera es hasta lujoso, se acuerda del amigo, del filósofo y de la víctima. Como ella, víctima de un error propio, de un error al haber unido en el poder al resentido de su primo; víctima de unas leyes que le impiden ejercer el poder por el único y pequeño detalle de ser mujer. Ella sabe que está mejor preparada para ejercer el poder real que la mayoría de hombres de su alrededor, pero en el mundo godo es impensable que una mujer sea reina titular, siempre será consorte. Aunque lo sea de un mal rey.

Se le pasó por las mientes, cuando todavía vivían su marido y su padre, proponer cambiar la ley, igualar mujer y hombre en el trono, pero ni pudo empezar a desarrollar la idea frente a su padre, éste le soltó un exabrupto y dio por zanjada la cuestión. Su marido, Eutarico, en cambio, era más proclive, pero murió pronto sin ni siquiera poder reinar. La dichosa ley sálica de Clodoveo era una de las muchas razones por las que siempre le tuvo manía, la otra…, la otra era de carácter sentimental, Clodoveo fue el asesino de su gran amor de adolescencia, Máximo.

En su habitación de la fortaleza Martana le da tiempo para pensar en todo, los pensamientos se suceden cómo relámpagos en plena tormenta. Apenas ha cenado. ¡Con lo que le ha gustado siempre comer!, pero el viento le ha quitado el apetito y esta noche sopla más fuerte que de costumbre.

 

 

 

6