Todo parece indicar que nuestros antepasados fueron cántabros, un conjunto de antiguos pueblos que habitaba en el norte de la península ibérica y cuyo territorio se extendía en tiempos de las Guerras Cántabras a la práctica totalidad de la comunidad autónoma de Cantabria, el norte de la provincia de Burgos y de Palencia, el noreste de la provincia de León, el este del Principado de Asturias y la parte más occidental de Vizcaya. Tenía por ciudad principal Amaya y eran vecinos de autrigones, turmogos, vacceos y astures.
El estudio de las fuentes clásicas da noticia de la existencia de varias tribus o clanes, como pueden ser los salaenos, orgenomescos, avariginos, blendios y coniscos en el litoral, concanos, coniacos, plentusios, tamáricos, vadinienses y vellicos en el interior.
Los cántabros pueden rastrearse documentalmente hasta el siglo III a. C. Es probable que se definieran como pueblo entre los siglos VIII y IV a. C. Durante la Edad del Bronce, por lo tanto, parece improbable hablar de un pueblo cántabro. Los hallazgos arqueológicos, por otra parte, señalan el siglo III a. C. como comienzo de un proceso de asimilación cultural celtibérica entre los cántabros.
Origen
El estudio de los yacimientos arqueológicos de la zona donde actualmente se cree que se asentaron los cántabros revela, sobre un substrato neolítico , objetos de factura característica de poblaciones de la región del Danubio y la cultura funeraria que se caracterizó por un nuevo rito funerario: la incineración del cadáver y la deposición de sus cenizas en urnas de cerámica, las cuales se enterraban en un hoyo practicado en la tierra, formando extensas necrópolis. Al principio se levantaban pequeños túmulos sobre las fosas, luego quizás alguna estela o nada que las indicara. La expansión de este modelo se produjo entre los siglos xiii y viii a. C. que podrían haber llegado durante el Bronce para asentarse posteriormente, durante el segundo milenio a. C., en torno al alto Ebro.
 
El siguiente artículo titulado “Amaya, nuestra historia”  lo he copiado literalmente de la revista “El rincón de Amaya”, editada por la asociación cultural “Peña Amaya”, que recoge la conferencia pronunciada por D. Javier Ortega, natural de Guadilla de Villamar. 
El texto literal de dicha revista dice así:
Amigos:
Os ofrecemos un monográfico en torno a Amaya y su historia. El motivo es, en primer lugar, la presencia junto a nuestro pueblo de la Peña Amaya, que da nombre a la comarca en que nos situamos. Una peña que contemplamos y de la que hablamos día a día, pero de la que desconocemos tanto su importancia a lo largo de la historia como los avatares que en ella sucedieron y los personajes tan ilustres que por ella transitaron. No debemos reducir sus piedras a mera ecología o una ocupación de tiempo libre; cada roca nos habla de una historia, de épocas concretas y eventos determinados. Es nuestro deber tenerlos presentes y esta sencilla revista trata de colmar esta laguna.
Un segundo motivo de esta publicación se apoya en la conferencia pronunciada por D. Javier Ortega, natural de Guadilla de Villamar, el día 21 de Junio, en nuestra iglesia parroquial de Amaya a la que asistieron no sólo vecinos de Amaya sino de numerosos pueblos cercanos y que tanto interés mostraron por adquirir el guión de dicha conferencia.
En vuestras manos tenéis parte de nuestra historia. Valoremos lo que tenemos cerca, lo visitemos, lo cuidemos e igualmente sepamos promocionarlo, porque no siempre lo que está lejos es mejor. Ójala estas sencillas páginas, que no pretenden ser un trabajo de investigación, sino de mera información, renueven y aumenten el cariño por nuestra tierra, presentándola como siempre han hecho los castellanos: con el orgullo de sentirse de Castilla.
Gracias a todos los que en ella habéis colaborado, en especial a Javi y a José Ángel García Bustillo, cuyos conocimientos están también presentes en estas páginas.
 
 
LA ASOCIACIÓN 
 
 
INTRODUCCIÓN
Nuestros pueblos contemplan la imponente belleza y señoría de la Peña Amaya, una plataforma caliza aislada de 1.377 m. de altitud en su punto más elevado. Indiscutible fortaleza natural que se levanta unos 500 m sobre la meseta que la rodea. Este singular paisaje está localizado en el noroeste de la actual provincia de Burgos, en la denominada comarca de las “loras”, pues así se llama a las estructuras rocosas, estrechas y alargadas, como la Peña Amaya, que caracterizan el paisaje de la zona.
Estas alturas peñascosas aparecen a finales de la Era Primaria o principios de la Secundaria, es decir, hace más de doscientos millones de años. El “labrado” de las rocas pudo ser, además del efecto de la erosión, consecuencia del deshielo de los glaciares, que asimismo pulieron los cantos rodados que se encuentran en los llanos del Sur. También abundan los fósiles de origen marítimo (belemnites, ammonites, erizos de mar, conchas, caracoles, etc.)
1.- PRIMEROS POBLADORES DE AMAYA
La población que habitaba la meseta y la zona montañosa antes de la llegada de los romanos era de origen celta en su mayoría. Habían venido en oleadas procedentes de más allá de los Pirineos, sobre todo en el s. VIII antes de Cristo.
Trajeron su lengua, una agricultura de cereales de secano, una ganadería bastante desarrollada, así como un  buen conocimiento del uso del hierro. Fueron tres pueblos celtas los que habitaron nuestra comarca: los Cántabros, los Vacceos y los Turmódigos.
Los cántabros eran un pueblo guerrero que desde el mar Cantábrico tenía sus últimas fronteras en la ladera sur de la Peña Amaya. Estaba Amaya situada al abrigo del Peñón del Castillo, la rodeaban tres barreras de muros de piedra sin cal ni argamasa, tenía conducción de aguas con cañerías de piedra y tuberías de barro cocido, desde el manantial que aflora al pie del Peñón y del que hoy día se conduce dicho agua al aljibe de la explanada. Los sobrantes de las aguas de la ciudad de Amaya seguían por un acueducto de sillería desembocando al pie de la montaña.
Encima del Peñón estaba ubicado el Castillo. De él sólo quedan unos muros ciclópeos a su entrada sur. En lo más alto estaba el recinto o patio central y a sus alrededores se ven restos de edificaciones.
Amaya no tiene una fecha fija de fundación, pero con cierta seguridad podemos afirmar que ya existía entre los años 300 y 200 antes de Cristo. El celtismo del poblado lo prueba el nombre AMAIA, que en el lenguaje euskero-celta significa “confín”, “frontera”, “fortaleza”, “altura”.
Los cántabros fueron un pueblo muy sobrio: “no beben sino agua, duermen en el suelo, comen carne de cabras y de caballo, el pan lo fabrican de harina de bellotas que secan al sol. En los días festivos beben cerveza o vino y, mientras comen, bailan y danzan saltando por el aire, cayendo al suelo en genuflexión”, a semejanza de los bailes rusos actuales.
A los criminales se les despeñaba y a los parricidas se les lapida, sacándoles fuera del poblado. Cuando les escaseaba el alimento usaban el pillaje, robando a los Turmódigos y a los Vacceos sus cereales y ganados.
Las mujeres cántabras eran las encargadas de cultivar los campos y una vez que daban a luz, ceden los derechos del cuidado de sus hijos a los maridos. Esta costumbre se conoce con el nombre de covada. Tanto el hijo como el padre eran cuidados con mimo por la madre. Era tal la importancia que tenía la mujer en el pueblo cántabro que era el hombre quien dotaba a la mujer, la herencia se transmitía por línea femenina. Las mujeres eran las encargadas de buscar matrimonio a sus hermanos, trabajaban los campos, combatían juntamente con los hombres en las guerras. En una palabra, que las cántabras “cortaban el bacalao”. Formaban una sociedad matriarcal.
¿Cómo vivió la gente de Amaya? ¿cuáles fueron sus costumbres? ¿cuáles fueron sus creencias?
§    La  vivienda: el poblado de Amaya tenía forma irregular. La planta de sus casas era rectangular o circular, según los casos. La habitación era única en los hogares pobres y con varias estancias en viviendas de gente rica. La construcción de las paredes de las casas era bastante tosca, con un zócalo de piedra por base hasta cierta altura, construido el resto con adobes. Los techos los hacían de ramajes y barro.
§    Sus vestidos: las mujeres eran aficionadas a trajes de colores, en especial al rosa. Usaban velo, parecido a la actual mantilla. Era muy conocida y usada, tanto por las mujeres como por los hombres, la capa o manto que ellos llamaban sagúm. Era el sagúm de color negro, de lana de largo pelo. Era una capa abierta por delante, sin mangas,  con esclavina abrochada sobre el pecho. Esta prenda perfeccionada dio origen a la actual capa española. Los hombres llevaban en su cabeza un gorro de piel de lobo, polainas de cuero, albarcas de piel y botas con tacón muy exagerado.
§    Cuidados corporales: esta gente era muy aseada y gustaba de bañarse con mucha frecuencia. Frotaban su cuerpo y sus dientes con su propia orina corrompida que dejaban secar al sol en orificios que hacían en las rocas. Tanto los hombres como las mujeres llevaban el pelo largo.
§    Su alimentación: un rasgo a destacar de los celtas de Amaya fue la frugalidad en las comidas y bebidas. Conseguían su comida cazando y recolectando escasos cereales (trigo y cebada) y bellotas de las encinas. Comían sentados en poyos que tenían alrededor de las viviendas, se pasaban la comida de unos a otros dando varias vueltas hasta que las viandas se acababan. En lugar de aceite empleaban grasas animales para condimentar los alimentos y sus bebidas fueron el vino, de baja graduación, la hidromiel o aguamiel (bebida alcohólica con una concentración del 10 % al 15% que se obtiene a partir de la fermentación de una mezcla de agua y miel) y la cerveza que obtenían fermentando trigo y cebada.
§    Agricultura y ganadería: la agricultura de Amaya se limitaba al cultivo de trigo y cebada y algo de vid. Utilizaban plantas aromáticas y medicinales, siendo el aspálato (planta espinosa parecida a la retama) el más usado para sus ungüentos. Pero los habitantes de Amaya basaban su economía en la ganadería, en especial ovejas y cabras, explotando también los caballos.
§    Conflictos sociales: Los cántabros de Amaya, como ya hemos dicho, tenían una agricultura muy pobre. Su sustento principal fue el pan de bellotas tostadas al sol. A sus pobladores no les quedó otro remedio que intercambiar sus productos con los vecinos pueblos de la meseta. Pero, dada la escasez de los productos ofertados y la poca aceptación por parte de sus vecinos, no les quedó más remedio que dedicarse al pillaje. Siendo un pueblo guerrero y disciplinado era fácil atacar a poblaciones agrícolas de las que obtenían de botín trigo y cebada que utilizaban para su comida y para la fabricación de cerveza.
Al pueblo Turmódigo, que habitaba entre las vertientes del Odra  y del Arlanzón les fue fácil practicarles el pillaje. Eran los Turmódigos gente pacífica que se dedicaba al cultivo de sus campos y al cuidado de sus ganados, especialmente la oveja. Ahora bien, con los Vacceos tuvieron más problemas, eran mitad guerreros y mitad labradores y no se dejaban quitar las cosas por las buenas. Hasta en varias ocasiones se unieron los Cántabros con los Vacceos para luchar contra los romanos.
§    La religión: los cántabros tenían en sus creencias varios dioses. El principal era la madre Tierra y su proyección sobre los elementos que la componen: tierra, agua, frutos, piedra.
La luna era otro Dios para ellos. La rinden culto y en las noches de plenilunio las familias danzaban a las puertas de sus casas hasta el amanecer.
Creen, también, en el más allá de la muerte. A sus guerreros más valerosos, una vez muertos, exponían sus cadáveres a la intemperie para que se les coman los buitres y demás aves carroñeras. Los buitres eran aves sagradas para los cántabros de Amaya. Ellos, en su vuelo después del festín, llevaban las almas de los guerreros a lo más alto del cielo donde moraban sus dioses. Los despojos que quedaban, es decir, los huesos, los incineraban. Igualmente incineraban al resto de las personas que morían sin haber sido guerreros.
También adoraban al sol. Una vez al año, al comienzo del verano, ofrecían a las divinidades solares solemnes sacrificios. Durante la noche anterior celebraban grandes banquetes. En estas cenas, el jefe de la tribu elegía a los niños que dejaban su niñez y pasaban a su adolescencia. Al amanecer se juntaban en el poblado fuera de los muros de la ciudad.
En un altar, construido al efecto, sacrificaban un caballo, animal preferido en sus sacrificios.
Los participantes, guerreros y adolescentes, en una acción sagrada, realizaban una auténtica comunión, bebiendo la sangre de la víctima, asimilando así las cualidades del mismo dios a quien ofrecían el sacrificio: el sol.
Si un año las cosas no les habían ido bien era debido a que los dioses no estaban contentos con ellos. Entonces no sacrificaban un caballo, sino un ser humano, generalmente una doncella virgen ya que para ellos tenía un valor redentor.
Estos sacrificios los hacía siempre el jefe de la tribu que además era el curandero y el sacerdote.
2.- AMAYA PATRICIA
El año 29 a. C. España estaba bajo el dominio de Roma, exceptuando la región cantábrica y la asturiana. Casi 200 años había durado dicha conquista  los romanos estaban un poco hartos de estos pueblos montañeses y deciden conquistalos.
Junto con Amaya es probable que ya existieran estos otros pueblos: Casatromorca, Castrorruyo, Castrecías, Albacastro y Tala.
El emperador Octavio Augusto viene a España y en la ciudad de Tarragona planea la primera guerra contra los cántabros. El año 26 a. C. viene a Segisama (Sasamón), capital de los turmódigos y aliada de Roma desde hacía años. En Sasamón establece su campamento. Desde allí dirige una de sus legiones, la legión IV Macedonia, hacia Amaya. Desde Sasamón va a Castrorruyo, entre Tapia y Sandoval, cruza el Odra y sigue la calzada que va a Amaya por los campos de Sandoval, Guadilla y Sotresgudo, acercándose hasta Amaya.
No les fue fácil a los romanos llegar a la capital cántabra. Si bien el número de soldados, unos 5.000,  era superior, la astucia de los de Amaya, que practicaban una guerra de guerrillas, les superaba. Con mucho esfuerzo y bastantes pérdidas llegaron a Amaya encontrándola vacía. Sus gentes se habían refugiado en el castillo que los romanos cercaron. Este cerco y el hambre, por falta de víveres, fue el fin de los aguerridos guerreros amayenses. El orgullo de algunos seguro que fue su muerte ya que con el propio suicidio prefirieron morir a caer en manos de sus enemigos. Octavio Augusto que, casi seguro, estuvo en Amaya, obtuvo un pírrico triunfo. A los que sucumbieron fue Roma quien impuso su ley. Los más jóvenes eran llevados como esclavos y a las personas mayores y a los niños les obligan a construir otro poblado bajo la Peña. Estos poblados recibían el nombre de Vicus Agricola (pueblo o barrio agrícola). El vicus agrícola fundado recibió en épocas posteriores el nombre de San Juan y es la actual Amaya. La guarnición romana que dejó Octavio Augusto, ocupó la primitiva Amaya. Durante cuatro siglos fue un lugar pacífico. Seguía dominando la entrada a Cantabria. Cobraba buenos impuestos a los pueblos montañeses y meseteños y en ella vivieron familias bastante adineradas y de cierta nobleza. Es en esta época donde se añade a Amaya el sobrenombre de Patricia.
A partir de la dominación romana Amaya estuvo bien comunicada. Además de la calzada ya mencionada Sasamón – Amaya había otra que iba a Humada que se juntaba con la que desde Sandoval pasaba por los Ordejones. Otra iba al actual Melgar, pasando por los actuales pueblos de Sotresgudo, Barrio, Quintanilla, tierras de Guadilla de Santa María Ananúñez. Esta vía desde Melgar llegaba a Clunia. En la actualidad se llama Camino Real o de los Asturianos.
3.- LA AMAYA VISIGODA
La dominación romana fue tranquila y fructífera para Amaya. Siguió fortificado su castillo, la ciudad prerromana la habitó la guarnición romana y el pueblo llano vivía en el “Vicus Agricola” ya mencionado.
En esta paz estaban cuando penetraron en nuestra nación unos pueblos que fueron denominados “bárbaros o extranjeros”. Corría el s. V de nuestra era. Comienza entre los pueblos invasores una guerra por el poder de la que sale beneficiado el pueblo visigodo. Uno de sus reyes, Leovigildo, en fulgurante y sangrienta campaña, entró en Cantabria y tomó Amaya en el año 573. Es en esta fecha cuando Amaya llega a su máximo esplendor. 
Leovigildo la nombró Plaza Fuerte y centro militar de primer orden para vigilar y frenar el levantamiento de los cántabros hacia la meseta. Después de castigar a los montañeses y arrasar su país, dejó una guarnición en Amaya aunque a sus tropas las fijó su residencia en la vecina Herrera.
Más tarde, en el año 680, durante el reinado de Ervigio, se crea el ducado de Cantabria (Favila será el primer duque), siendo Amaya la capital y el posible centro administrativo de todo el norte hasta la invasión musulmana.
Nota: Algunos historiadores opinan que la Amaya de Leovigildo no estaba en la actual ciudad que tratamos. Dejo aquí constancia de la duda aunque soy defensor de que sí es nuestra Amaya la de Leovigildo.
4.- AMAYA MUSULMANA
Unos 200 años duró la paz visigoda en nuestra querida Amaya. Un pueblo viene, de nuevo, a romper la tranquilidad. Fue el pueblo musulmán. Las desavenencias de los reyes visigodos fueron el origen de su entrada en España.
Sabedores de que Amaya, Moya la llamaban ellos, es la puerta de Cantabria no dudan en adueñarse de ella. En el año 711, ante la expansión islámica que inician los musulmanes de Tarik por el sur de la península ibérica, parte de la nobleza visigoda, residente en Toledo, se refugia en Amaya. En el año 712 el propio Tarik, al mando de una columna musulmana llega hasta Amaya y la ocupa. Al poco tiempo la abandona y va a Talavera a reunirse con su primo Muza y es entonces cuando los cántabros, una vez más, se sublevan y recuperan Amaya.
En el año 714, Muza es quien se dispone a conquistarla. La nobleza allí refugiada no pudo hacer nada ya que Muza sitia la ciudad y la falta de víveres será la causa de su rendición. En escritos árabes se lee; “hallaron grandes riquezas y causaron en ella gran destrozo”. Amaya fue destruida e incendiada tras una tenaz resistencia. Los musulmanes llegaron hasta Gijón pero luego aparecen dos focos de resistencia cristiana: uno en la zona de Liébana, con Pelayo como caudillo y otro en la zona de Amaya, en su parte norte, con Pedro, duque de Cantabria. El foco occidental es el inicio del reino de Asturias y el de Amaya la continuidad de la rebeldía cántabra.
En el año 750, el rey cristiano Alfonso I, conquistó, entre otras, Amaya, abandonándola inmediatamente. Alfonso I, hijo de Pedro, duque que Cantabria y rey desde el año 739 se casó con Hermenesinda, hija de D. Pelayo, significando la unión de ambos territorios y el principio de la reconquista hacia el año 749. Durante estos diez primeros años de reinado consolida el sur de Cantabria (probablemente fue aquí y en esta época donde se construyeron los primeros castillos, que dieron el nombre a Castilla. Amaya y Mave figuran, entre otras, como las plazas fuertes tomadas por los montañeses en la extensa campaña que Alfonso I llevó a cabo despoblando una amplia zona entre los ríos Duero y Ebro. Cuentan los historiadores que fue precisamente en la peña de Amaya donde los reconquistadores cristianos, al contemplar la inmensa meseta  que se abría frente a sus ojos atisbaron, por primera vez, la amplitud de la misión histórica que les aguardaba.
Desde finales del s. VIII y principios del IX son frecuentes los intentos árabes de acercarse a la costa cantábrica, tanto por la ribera del Ebro como por la del Pisuerga. El primer intento, que fracasó, como otros muchos, fue precisamente por la ribera del Pisuerga, muy próxima a Amaya en el año 792.
5.- REPOBLACIÓN DE AMAYA
En el año 860 de nuestra era, por encargo del rey astur, Ordoño I, el conde Rodrigo conquista Amaya a los árabes, la repuebla, la fortifica y se hace cargo, como gobernador, de los territorios que más tarde fueron llamados “Castiella vetula” (Castilla la Vieja) y que corresponden a parte de la provincia de Santander (Reinosa), parte de la de Burgos (partidos judiciales de Villadiego, Sedano y Villarcayo), parte de la de Palencia (Brañosera) y algo de Álava (Salinas de Añana). Erigió Amaya como capital de sus estados y lo fue, por lo menos, durante los seis años que duró su reinado. De estos tiempos sería el dicho de: “Harto era Castilla, pequeño rincón, cuando Amaya era cabeza e Fitero mojón”.
La fortificación de Amaya fue tan sólida que, en varias ocasiones y en años posteriores, los árabes intentaron asaltarla, algunas de las veces por muchos miles de jinetes, y siempre tuvieron que desistir.
La repoblación se hizo con vascos, cántabros, godos, hispanorromanos, mozárabes, ...   
El conde Rodrigo facilitó aperos de labranza a los nuevos habitantes de sus tierras que, aunque tributarios, eran dueños de sus terrenos. Poco después Diego Rodríguez Porcelos, hijo del conde Rodrigo y fundador de Villadiego en el año 880, fundó Burgos en el año 884, pasando esta ciudad a ser cabeza de Castilla. De ahí el dicho popular: “Amaya patricia, capital de Castilla, antes de la fundación de Burgos”.
6.- AMAYA MEDIEVAL
Condes y señores
A partir de entonces reinaron en Amaya varios condes soberanos, alcanzando ésta su última etapa de esplendor. En los primeros años del s. X gobernaba Amaya Nuño Fernández, conde de Castilla y de Burgos del 920 la 926. Hermano de Gonzalo Fernández padre del Conde Fernán González.
Otro conde de Amaya fue Nuño Álvarez, hermano de Rodrigo Álvarez, que era abuelo materno del Cid Campeador.
En el Cartulario de Aguilar, año 1083, se habla de Diego Rodríguez como tenedor (persona encargada de los víveres para su pronta distribución) de Amaya y era su merino (juez puesto por el Rey en algún territorio, en donde tiene jurisdicción) Alvar Diez de Zarzosa.
En el año 1182 D. Fernando de Lara dominaba Amaya y Ordejón.
El castillo de Amaya se cuenta, en el año 1.217, entre las fortalezas del Conde D. Álvaro de Lara.
El año 1.343, Amaya era Señorío de López Díaz de Rojas y los vecinos de S. Juan, actual Amaya, eran vasallos de Ruiz Gutiérrez de Quexada y de Martín Alfonso de Aniellas.
De tanto conde y tanto señor va a nacer una sociedad nueva que era la de los peones. Éstos defienden y ayudan a sus señores pero no conviven con ellos. Se crea un poblado para los peones, que en el caso de Amaya no es otro que Peones de Amaya.
 
7.- FUERO DE AMAYA
Don Sancho IV, rey de Castilla, de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, del Algarve, vi una carta del rey Alfonso VIII, mi bisabuelo, e confirmada del rey D. Fernando I, mi padre, fecha de esta guisa:
1.- Por facer bien y merced a vos el Concejo e homes buenos de Amaya, tenemos por bien que hayades de aquí adelante el fuero e albedrío e Alcaldes ordinarios e Merinos e Escribanos públicos e otros oficiales según que en otras ciudades, villas e lugares lo han.
2.- E por esta nuestra carta vos damos poder cumplido a vos el dicho Concejo e homes buenos de Amaya para que pongades en cada año Alcaldes e Merinos e Escribanos e otros oficiales, e usar con ellos e non con otros algunos así como con los Alcaldes e jueces de mi Corte, e sean homes idóneos y pertenecientes para usar de los Bichos oficios, para que puedan juzgar, así en los pleitos ceviles como en los creminales, e para que por Nos en nuestro nombre guarden todo nuestro servicio e nuestro señorío, e cada uno de los que ante ellos parescieren su derecho.
3.- E toda cosa que los Bichos Alcaldes e Merinos e Escribanos e otros oficiales ficieren o mandaren o sentenciaren o juzgaren así en los Bichos pleitos ceviles como creminales e en el dicho lugar de Amaya e en sus términos e en todos los lugares de su jurisdicción e en sus términos de los sobredichos lugares de cada uno de los en su oficio, guardando e cumpliendo todavía la nuestra justicia e nuestro servicio e todo nuestro señorío, según dihco es, Yo lo he e habré por fuerte e firme e valedero agora e para siempre jamás.
4.- E otrosí, que non podades ser emplazados para ante ningún Alcalde nin Alcades todos los vezinos e moradores de dicho lugar de Amaya, nin los vezinos e moradores en los dichos lugares de la Bicha jurisdicción salvo para ante los dichos Alcaldes de Amaya, nin vayades a sus llamamientos e emplazamientos, salvo mostrandovos nuestras cartas de emplazamiento para que parezcades ante Mi o ante los mis Alcaldes e Notarios e Oidores de mi Audiencia.
5.-E mando a todos los vezinos e moradores de los dichos lugares de la dicha jurisdicción que recaudades e fagades recudir a los Alcaldes del dicho lugar de Amaya e de su jurisdicción con todos los derechos asi de pan como de vino e de maravedís que les pertenesce, así de la de Alcaldia como de la honor.
6.- E otrosí que vayades a sus emplazamientos e llamamientos de los dichos Alcaldes e Merinos, cada que por ellos o por cada uno dellos o por sus mensageros fueredes emplazados o llamados so pena de sesenta maravedís a cada uno por cada vegada.
7.- E mando e defiendo firmemente a todos los Merinos que agora son o serán de aquí adelante, que non entren en el dicho lugar de Amaya nin en sus términos, nin en los dichos lugares de la dicha jurisdicción nin en sus términos a merinear nin usar de oficio de Merino, nin puede prender nin prendar, emplazar nin embargar.   
8.- E otrosí, mando e defendo firmemente a todos los porteros que agora son o serán de aquí adelante, que non entren a portear nin a prender en el dicho lugar de Amaya nin en sus términos, ca mi mercedes que sea todo demandado ante los dichos mis Alcaldes de Amaya, e que guarden a cada uno su derecho.
9.-E otrosí, es mi merced que los que moraren en el dicho lugar de Amaya e tovieron labranza de un par de bueyes arriba que pague al Señor que tuviere el dicho lugar una fanega de cebada de tributo, e la viuda media fanega de cebada, salvo Clérigos e Alcaldes e Escribanos e Merinos e otros cualquier o cualesquier que criaren potro o tomaren rocín, ca estos es mi merced que non paguen el dicho tributo.
10.-E si alguno ficiere homecillo en el dicho lugar de Amaya o caloña, que pague por el homecillo sesenta maravedís, e por la caloña cuatro maravedís.
11.-E si algún caballero o escudero o labrador que morare en el dicho lugar Amaya comprare casas o otras cualesquier heredades que fueren pecheras en el dicho lugar de Amaya, que las den a contar a los contadores que el dicho Concejo pusiese e que pechen por ellas en todos mis pechos así en servicios e pedidos como en martiniega forera.
12.-E otrosí, es mi merced que los vecinos e moradores del dicho lugar de Amaya que no vayan a fonsado ni paguen fonsadera, nin portazgo, nin pasage, nin peage, nin oturas, nin mediduras, nin achaques, nin castillería, nin rodage, nin sortage, nin bracage, nin peage, nin asadura, nin meaja, nine otro tributo ninguno por lo que trajeren o llevaren los dichos vecinos e moradores de Amaya, quier  ellos o sus hombres, nine cualesquier ganados que mi merced es que anden salvos e seguros por todos los mis Reinos.
13.-E por esta mi carta mando a todos arrendadores e cogedores e otros cualesquier que por Mi o por ellos lo hubieran de recaudar que non prendan, nine tomen, nine demanden cosas alguna a los vecinos e moradores en el dicho lugar de Amaya, nine a sus hombres, nin a sus ganados por razón de todo lo susodicho.
E Yo por les facer bien e merced otorgolo e confirmoles esta franqueza e esta libertad e esta merced, así como de sosodicho es, e cualquier que les pasase contra merced que les Yo fago, pecharme hia mil maravedís de la moneda nueva e a ellos todo el dano. E mando que los Alcades e Merinos do se acaesciere, qun non consientan a ninguno que les pasen contra esto que Yo mando, e non fagan ende al por alguna manera, si non, a los cuerpos e a cuanto hobiesen me tornaría por ello, e desto les mandé dar esta mi carta sellada con mi sello de plomo colgado.
Dada en Burgos a diez días de Abril era de mil doscientos ochenta y cinco.
Yo Rui Marínez la fice escribir por mandato del Rey.
                             Rui Dias y Juan Peres
 
8.-ALFOZ DE AMAYA
Desde el año 860 en el que el Conde D. Rodrigo repobló Amaya, ésta dejó de ser capital de Cantabria y pasó a ser cabeza de una comarca. Fue lo que entonces se denominaba alfoz, es decir, cabeza de varios poblados que formaban una jurisdicción. Era el equivalente a nuestros partidos judiciales actuales.
El alfoz de Amaya coincidía, en sus límites occidentales, con el río Pisuerga, menos los pueblos de Castrillo, Zarzosa e Hinojal que pertenecían al alfoz de Monzón.
Pueblos actuales que pertenecían al Alfoz de Amaya:
Albacastro, Amaya, Barrio de San Felices, Cañizar de Amaya, Castrecías, Cuevas de Amaya, Guadilla de Villamar, Peones de Amaya, Puentes de Amaya, Quintanilla de Riofresno, La Rebolleda, Rebolledillo de la Orden, Rebolledo de la Torre, Rezmondo, Salazar de Amaya, San Quirce de Riopisuerga, Santa María Ananúñez, Sotresgudo, Tagarrosa, Valtierra de Albacastro, Villanueva de Odra y Villela.
Despoblados que se han localizado en el Alfoz de Amaya:
Barrialba (Herrera), Domo David (Rebolledillo de la Orden), Fresnedo (Amaya), Gornaz (Villela), Grajalejo (Villanueva de Odra), La Huelga (Puentes de Amaya), Monegro (Villela-Pozancos), Revendeje (Cuevas de Amaya), Royales (Rezmondo), San Andrés (Barrio de San Felices), San Bol (Rezmondo), San Cebrián de Riofresno (Sotresgudo), San Cristóbal (Sotresgudo), San Julián (Salazar de Amaya), San Martín (Salazar de Amaya), San Martín de Macora (Villanueva de Odra-Guadilla de Villamar), San Miguel (Peones de Amaya), San Miguel (Villanueva de Odra), San Pedro (Barrio de San Felices), San Salvador (Quintanilla de Riofresno = Fuentebendita), Santa Lucía (Cañizar de Amaya), Santa Olalla de Amaya (Amaya), Tábanos (Cuevas de Amaya), Tobilla (Albacastro), Baldebuniel (Salazar de Amaya), Valdelacal (La Rebolleda), Villamar (Guadilla de Villamar), Villanueva de Riofresno (Rezmondo), Villova (Rebolledo de la Torre) y la Viruela (Peones de Amaya).
 
9.- AMAYA Y EL CAMINO DE SANTIAGO
 Uno de los ramales antiguos que iba a Santiago venía de Pancorvo a Poza de la Sal y de Poza se internaba hasta Amaya. Desde aquí seguía por Sotresgudo, Barrio, Quintanilla, tierras de Guadilla, Royales, Olmos, Osorno y Frómista.
En el mencionado Royales, también llamado San Pedro de Royales, había un gran puente sobre el río Pisuerga. De él no queda más que un ojo y parte de otro. Desconozco la fecha de fabricación, pero según los lugareños, debió de ser destruido en la Guerra de la Independencia. Fue de suma importancia ya que los puentes más cercanos a este punto estaban uno en Melgar y otro en Herrera. Sirvió más tarde como paso del ganado de trashumancia.
 
10.-DECADENCIA DE AMAYA
Prácticamente a partir de la reconquista, año 860, Amaya fue perdiendo su hegemonía y con ella vino su decadencia. Los árabes ya no llegaban en sus incursiones hasta estas tierras. Los castillos perdieron su protagonismo y su razón de ser pues ya no defendían a nadie. No obstante obstante aún sigue viviendo en Amaya algún Señor que poco a poco va perdiendo su influencia en el resto de Castilla.
Veamos:
En el año 1.410 se habla de Pedro Sarmiento como Señor de Amaya y Peones.
En el año 1.542 figura como Señora de Amaya doña María Manuela Manrique, hija de D. Juan Manrique.
Los últimos señores de Amaya fueron los Orenses de Burgos, que eran Vizcondes de Amaya, D. Manuel de Orense fue el último señor, el año 1.697.
Desde ese año el pueblo pasa al olvido. Su castillo, que ya no tiene ninguna función se desmorona. La ciudad celtibérica se queda en un montón de piedras.
 Amaya deja de ser Alfoz y pasa a ser demarcación diocesana de Burgos con el nombre de “Arciprestazgo de Campo”