Diario Montañés

CULTURA

Descubren once nuevos castros cántabros en el norte de Burgos

Los hallazgos en Las Loras desvelan que los asentamientos en la frontera de la Cantabria antigua no respondían a un afán defensivo sino a la presencia de hierro 

08.06.12 - 00:06 - 

MARTA SAN MIGUEL | SANTANDER.

Once nuevos castros cántabros y numerosos vestigios medievales han sido descubiertos en la comarca burgalesa de Las Loras, al norte de Burgos, un territorio histórico que perteneció a la Cantabria antigua y donde un grupo arqueólogos ha trabajado durante varios años en más de medio centenar de yacimientos que arrojan novedades sobre las Guerras Cántabras.

Los codirectores del proyecto presentaron ayer estas novedades arqueológicas en una conferencia en el Ateneo de Santander en la que apuntaron la posibilidad de que estos hallazgos podrían conducir a reinterpretar la historia de las guerras cántabras. Los responsables de estos hallazgos son Alfonso Bourgon de Izarra, licenciado en Geografía e Historia y periodista, y los doctores en Filosofía y Letras, catedráticos de Historia y arqueólogos Ignacio Ruiz Vélez (de la institución Fernán González de Burgos-Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes) y Ramón Bohigas Roldán, del Instituto de Prehistoria y Arqueología 'Sautuola' de Santander, de la Institución Cultural de Cantabria, asociada al CSIC.

El principal hallazgo son once nuevos castros fortificados de la Edad del Hierro pertenecientes al mundo cultural del «pueblo protohistórico que llamamos cántabro», en la zona que fue frontera de las Guerras Cántabras (años 29 al 19 AC).

«Aunque no se pueden extraer grandes conclusiones de este trabajo, el equipo sí que realiza algunos apuntes que reinterpretan el episodio militar de las Guerras, ya que todas las fuentes clásicas y contemporáneas sitúan esa zona como el punto donde se inició la campaña de conquista y las primeras operaciones militares de la fuerza de invasión romana. «Igual no todos los castros se ubicaban atendiendo a cuestiones exclusivamente de defensa del territorio, sino a la presencia de la materia prima estratégica por excelencia en aquel momento: el hierro». Si esto fuese así, «puede que haya que reinterpretar un período muy concreto de la historia y muy de moda de unos años a esta parte, como es el de las llamadas guerras cántabras».

Las campañas realizadas tenían por objeto el rastreo sistemático del terreno, mediante prospección visual y recogida de materiales en superficie para la identificación de posibles nuevos yacimientos arqueológicos en la franja de territorio comprendida con el fin de «completar el inventario arqueológico regional en una zona insuficientemente explorada».

Con los resultados de la campaña se publicará un trabajo revisando el conocimiento científico existente sobre el poblamiento de la edad del hierro en una zona que se identifica «claramente» como límite o frontera entre los antiguos cántabros, que ocupaban las primeras elevaciones de la cordillera, y los habitantes de las llanuras cerealistas del entorno de Villadiego a los que, según las crónicas de los historiadores clásicos, las bandas de guerreros cántabros rapiñaban el fruto de sus cosechas por la fuerza de las armas.

Piezas «casuales»

Los codirectores del proyecto han señalado que «los hallazgos han sido muy diversos, de distinto período y entidad e importancia», y que la «mayor parte» de ellos son asentamientos castreños y yacimientos medievales. Entre estos hallazgos, «la pieza más antigua» es un 'chopper', una primitiva herramienta de piedra tallada. «Es un núcleo de canto rodado, de cuarcita, tallado con unos golpes básicos para darle un filo cortante, pero que también se ha utilizado como percutor a juzgar por las huellas de uso que presenta». Su cronología oscilaría entre 400.000 y 1.100.000 años de antigüedad y podría ser «el primer hallazgo de estas características en esa zona del norte burgalés».

La pieza más moderna es un cobre castellano o vellón resellado del siglo XVII, concretamente de 1636; es decir, una pieza a la que, durante el caos monetario del reinado de Felipe IV, se reacuñó un nuevo valor, «en este caso de ocho maravedís».

En medio de estos dos «hallazgos casuales» hay once castros o poblados fortificados del hierro «totalmente inéditos», varias necrópolis tumulares del mismo período asociadas a algunos de esos castros; varios asentamientos no fortificados del mismo período; y antiguas minas de donde obtenían el mineral de hierro para la fabricación de herramientas y armas. También se ha localizado un asentamiento fortificado tardorromano, es decir, visogodo; tres santuarios altomedievales con necrópolis asociada; restos de dos castillos altomedievales; o tres estelas medievales, una de ellas todavía en pie, entre otros.