Las campanas avisaban de cada situación a todos los vecinos, a la hora que fuese. Cada suceso se proclamaba de modo inmediato a través de los sones compuestos para identificar el regocijo de un día de fiesta, de una boda, la tristeza del entierro, el socorro ante una catástrofe… El lenguaje campanil forma parte de la cultura popular y tradicional.

Las personas mayores se acostumbraron a reconocer los tonos diferentes que habían diseñado sus ancestros para informar de cada acontecimiento -casi como un lenguaje humano-, y se preparaban para la reacción que fuera precisa. Y así generación tras generación. En el pueblo “las campanas” constituían un símbolo muy preciado. Su valor a lo largo de la historia ha sido transcendental. Este ancestral medio de comunicación ponía en pie a todo el pueblo para soltar los ganados a pacer y empezar a trabajar con el toque de “maitines”. Las campanas advertían del momento en el que debían ir a comer, toque “a mediodía” y también del descanso laboral al final de la jornada en el campo y la vuelta a casa de los pastores con sus rebaños con el toque “a las oraciones”. La muerte, el concejo, el aviso de tormenta, la colaboración común ante una catástrofe, … todo tenía su código propio conocido por los vecinos.

Resuenan en nuestra memoria los sonidos solemnes y majestuosos de las campanas al “tornear”, en las grandes solemnidades o acontecimientos especiales, cuando al ser volteadas acompasadamente nos recordaban aquel soniquete “Martín pelón, las once son”. O el alegre sonido del “repique” que nos invitaba a fiesta en los domingos o el “día de la función”

 “Las campanas y el pendón del pueblo son”. Y es que los toques estaban relacionados con esas tareas diarias que marcaban la vida de décadas atrás en unos pueblos, en los que el reloj era prácticamente un objeto de lujo. Así, se usaba el toque a ‘tente nublo’ cuando se veía que amenazaba la tormenta que podía destrozar las cosechas, con su melodía de “tente nube, tente tú, que más puede Dios que tú” que nos sobrecogía al pensar que una mala nube podía arrasar todas nuestras cosechas.

Impresionante el toque “a clamor” cuando fallecía algún vecino del pueblo que especificaba si el muerto era hombre o mujer, produciendo un escalofrío en nuestro cuerpo. Lo mismo ocurría con el toque “a quema” o “a rebato” que ponía en revolución a todo el personal para combatir con sus propios medios los incendios que se producían en el pueblo o  en el campo en la época en que las mieses estaban a punto de ser recolectadas. O el toque a “concejo” para avisar a los vecinos que debían reunirse para tratar temas de interés general.

Recordar también que las campanas sirvieron de “faro” acústico o atalaya orientando a los vecinos cuando al desplazarse a las ferias o mercados de pueblos próximos se veían sorprendidos por los temporales de nieve y viento, “las celliscas”, o por la niebla “caramosa”, que impedía reconocer el paisaje a más de una veintena de metros.

Lamentablemente la gran mayoría de los toques se han ido perdiendo al verse vacíos muchos campanarios e incluso muchos pueblos por el abandono de sus habitantes. Quizás también influya el que por regla general el oficio de campanero no estuvo nunca bien remunerado, quizás sea esta una de las causas de su desaparición.

Hoy en día podemos decir que el “oficio” de campanero pervive en aquellos lugares donde se conserva el amor por las tradiciones populares.

Además de los tres toques antes señalados en  Humada se tocaba a:

-         concejo: para avisar a los vecinos, convocados por el alcalde, para tratar temas de interés comunitario o realizar tareas comunales.

-         quema o a rebato: los vecinos acudían con presteza, provistos de las herramientas necesarias para sofocar algún incendio.

-         clamor: anunciando la muerte de algún vecino.

-         tentenublo: cuando se acercaba algún nublado que hacía presagiar que podía traer piedra (granizo) ya que “se oía rutar” la nube.

-         fiesta: torneando, haciendo girar acompasadamente las dos campanas, o repicando, tañendo con rapidez y maestría ambas campanas, produciendo un sonido armónico y alegre.

-         los oficios divinos: para avisar del comienzo de la misa o del rosario u otras celebraciones religiosas.

-         bienvenida: recibimiento de alguna personalidad como la llegada de un nuevo sacerdote, la visita pastoral del Sr. Obispo, la presencia de autoridades civiles con motivo de alguna inauguración de obras importantes (traída de agua, electrificación del pueblo, etc.)

  Estos toques los realizaban los campaneros, quienes a cambio de un pequeño sueldo, normalmente en especie, varios celemines de trigo, se comprometían a cumplir puntualmente con sus obligaciones.                                     

 

 

                           

           

En la foto vemos a Eladio demostrando su habilidad en el manejo de las campanas y deleitándonos con sus repiques, la pena es que sólo está durante la época estival.