EL DIARIO MONTAÑÉS

TERRITORIO HISTÓRICO DE LA CANTABRIA ANTIGUA

 La pieza más antigua es un chopper, una herramienta de piedra tallada que podría tener entre 400.000 y 1,1 millones de años, y la más moderna es una cobre castellano o vellón resellado de 1.636

 

07.06.12 - 17:50 -

EFE | Santander

Once nuevos castros cántabros, restos de necrópolis del mismo periodo y numerosos vestigios de la Edad Media han sido localizados en la comarca burgalesa de Las Loras en los tres últimos dentro de una campaña de prospecciones en la que han participado los arqueólogos Ramón Bohigas e Ignacio Ruiz Vélez.

Ambos han certificado los descubrimientos del periodista y licenciado en Historia Alfonso Bourgon en esta comarca del norte de Burgos, territorio histórico de la Cantabria antigua, y frontera entre este pueblo y el de los turmódigos, habitantes de las llanuras cerealísticas del entorno de Villadiego.

Alfonso Bourgon, que presentará los hallazgos esta tarde en el Ateneo de Santander junto a los dos arqueólogos, ha apuntado hoy, en rueda de prensa, la posibilidad de que no todos los castros de esta zona tuviesen una finalidad defensiva sino que podrían obedecer a la presencia de una materia prima estratégica, el hierro.

Según ha explicado, el topónimo Valle del Hierro y la existencia de un castro localizado en los años setenta, durante la elaboración de la Carta Arqueológica de Burgos, sobre el llamado "Pico de la Mina", que presenta indicios de laboreo extractivo, abundan en esa hipótesis.

Además en uno de los castros localizados en estos tres últimos años hay indicios de la presencia de un horno de fundición, un hallazgo, que sería el primero que aparece en toda la provincia de Burgos si se confirma el hallazgo.

Ruiz Vélez ha señalado que los castros, situados en la zona que fue frontera de las Guerras Cántabras (29 a 19 A.C) pertenecen muy probablemente a la primera Edad del Hierro.

Bourgon y los dos arqueólogos han hecho estas prospecciones por iniciativa propia, con la autorización de la Junta de Castilla y León, y las han pagado "de su bolsillo". No han solicitado subvenciones y tampoco creen que se realicen por el momento intervenciones arqueológicas en los nuevos yacimientos, a no ser de forma muy puntual y limitada.

Todo empezó cuando Alfonso Bourgon, que pasa muchos fines de semana en la zona, encontró durante un paseo por el campo un derrumbe de una muralla que más tarde comprobó que ya había sido documentado pero desde entonces se sucedieron los hallazgos.

La Junta de Castilla y León, a la que se enviará toda la documentación sobre estos vestigios, le otorgó el permiso para hacer prospecciones visuales y recoger los restos que encontrara en superficie.

Tras las exploraciones llegaban las visitas de certificación de Bohígas, del Instituto de Prehistoria y Arqueología de Satuola, y Ruiz Vélez, de la Institución Fernán González y la Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes.

El resultado ha sido el hallazgo de medio centenar de yacimientos y piezas arqueológicas. La más antigua es un chopper, una herramienta de piedra tallada que podría tener entre 400.000 y 1,1 millones de años de antigüedad, y la más moderna es una cobre castellano o vellón resellado de 1636.

Entre estos dos hallazgos, aislados y casuales, se sitúan los once castros inéditos, varias necrópolis tumurales del mismo periodo asociadas a los castros , restos de antiguas minas y de una posible villa romana, tres santuarios altomedievales y muchas más piezas y vestigios.

En algunos casos la cronología no ofrece dudas pero en otros serían necesarias intervenciones arqueológicas para concretarla.

Ramón Bohígas considera que en esta zona queda mucho trabajo por hacer, especialmente si se extiende la prospección hacia el este y el oeste y augura "sorpresas".

El hecho de que los hallazgos en estos tres años hayan sido tan numerosos indica, a juicio de Bourgon, que hace falta más trabajo de campo y menos de despacho. "Hay que poner la bota en el terreno", ha subrayado.

 

 

 

Diario Montañés

CULTURA

Los hallazgos en Las Loras desvelan que los asentamientos en la frontera de la Cantabria antigua no respondían a un afán defensivo sino a la presencia de hierro 

08.06.12 - 00:06 - 

MARTA SAN MIGUEL | SANTANDER.

Once nuevos castros cántabros y numerosos vestigios medievales han sido descubiertos en la comarca burgalesa de Las Loras, al norte de Burgos, un territorio histórico que perteneció a la Cantabria antigua y donde un grupo arqueólogos ha trabajado durante varios años en más de medio centenar de yacimientos que arrojan novedades sobre las Guerras Cántabras.

Los codirectores del proyecto presentaron ayer estas novedades arqueológicas en una conferencia en el Ateneo de Santander en la que apuntaron la posibilidad de que estos hallazgos podrían conducir a reinterpretar la historia de las guerras cántabras. Los responsables de estos hallazgos son Alfonso Bourgon de Izarra, licenciado en Geografía e Historia y periodista, y los doctores en Filosofía y Letras, catedráticos de Historia y arqueólogos Ignacio Ruiz Vélez (de la institución Fernán González de Burgos-Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes) y Ramón Bohigas Roldán, del Instituto de Prehistoria y Arqueología 'Sautuola' de Santander, de la Institución Cultural de Cantabria, asociada al CSIC.

El principal hallazgo son once nuevos castros fortificados de la Edad del Hierro pertenecientes al mundo cultural del «pueblo protohistórico que llamamos cántabro», en la zona que fue frontera de las Guerras Cántabras (años 29 al 19 AC).

«Aunque no se pueden extraer grandes conclusiones de este trabajo, el equipo sí que realiza algunos apuntes que reinterpretan el episodio militar de las Guerras, ya que todas las fuentes clásicas y contemporáneas sitúan esa zona como el punto donde se inició la campaña de conquista y las primeras operaciones militares de la fuerza de invasión romana. «Igual no todos los castros se ubicaban atendiendo a cuestiones exclusivamente de defensa del territorio, sino a la presencia de la materia prima estratégica por excelencia en aquel momento: el hierro». Si esto fuese así, «puede que haya que reinterpretar un período muy concreto de la historia y muy de moda de unos años a esta parte, como es el de las llamadas guerras cántabras».

Las campañas realizadas tenían por objeto el rastreo sistemático del terreno, mediante prospección visual y recogida de materiales en superficie para la identificación de posibles nuevos yacimientos arqueológicos en la franja de territorio comprendida con el fin de «completar el inventario arqueológico regional en una zona insuficientemente explorada».

Con los resultados de la campaña se publicará un trabajo revisando el conocimiento científico existente sobre el poblamiento de la edad del hierro en una zona que se identifica «claramente» como límite o frontera entre los antiguos cántabros, que ocupaban las primeras elevaciones de la cordillera, y los habitantes de las llanuras cerealistas del entorno de Villadiego a los que, según las crónicas de los historiadores clásicos, las bandas de guerreros cántabros rapiñaban el fruto de sus cosechas por la fuerza de las armas.

Piezas «casuales»

Los codirectores del proyecto han señalado que «los hallazgos han sido muy diversos, de distinto período y entidad e importancia», y que la «mayor parte» de ellos son asentamientos castreños y yacimientos medievales. Entre estos hallazgos, «la pieza más antigua» es un 'chopper', una primitiva herramienta de piedra tallada. «Es un núcleo de canto rodado, de cuarcita, tallado con unos golpes básicos para darle un filo cortante, pero que también se ha utilizado como percutor a juzgar por las huellas de uso que presenta». Su cronología oscilaría entre 400.000 y 1.100.000 años de antigüedad y podría ser «el primer hallazgo de estas características en esa zona del norte burgalés».

La pieza más moderna es un cobre castellano o vellón resellado del siglo XVII, concretamente de 1636; es decir, una pieza a la que, durante el caos monetario del reinado de Felipe IV, se reacuñó un nuevo valor, «en este caso de ocho maravedís».

En medio de estos dos «hallazgos casuales» hay once castros o poblados fortificados del hierro «totalmente inéditos», varias necrópolis tumulares del mismo período asociadas a algunos de esos castros; varios asentamientos no fortificados del mismo período; y antiguas minas de donde obtenían el mineral de hierro para la fabricación de herramientas y armas. También se ha localizado un asentamiento fortificado tardorromano, es decir, visogodo; tres santuarios altomedievales con necrópolis asociada; restos de dos castillos altomedievales; o tres estelas medievales, una de ellas todavía en pie, entre otros.

 

 

 

epcantabria.es /  europa press

Cantabria Infinita

 

Descubiertos 11 nuevos castros que podrían llevar a reinterpretar la historia de las guerras cántabras.

Según los codirectores del proyecto, Alfonso Bourgon, Ignacio Ruiz Vélez y Ramón Bohigas.

Santander, 7 jun 2015 (EUROPA PRESS)

Once nuevos castros cántabros y numerosos  vestigios medievales han sido descubiertos en la comarca burgalesa de Las Loras, al norte de Burgos, un territorio histórico que perteneció a la Cantabria antigua y donde un grupo de arqueólogos ha trabajado durante varios años en más de medio centenar de yacimientos.

Los codirectores del proyecto Alfonso Bourgon, Ignacio Ruiz Vélez  y Ramón Bohigas han presentado este jueves en rueda de prensa estas novedades arqueológicas, que se presentarán públicamente en una conferencia, a las 20 horas, en el Ateneo de Santander, y que, en su opinión, podrían conducir a reinterpretar la historia de las guerras cántabras desde un punto de vista “estrictatamente operacional”

El principal hallazgo son 11 nuevos castros fortificados de la Edad del Hierro pertenecientes al mundo cultural del pueblo protohistórico que llamamos cántabro, en la zona que fue frontera de las llamadas Guerras Cantabras (años 29-19 a. C).

Los yacimientos han sido descubiertos mediante prospección ocular por Alfonso Bourgon a lo largo de varios años de “exhaustivas” salidas de campo y certificados en visitas posteriores por los doctores Ruiz Vélez y Bohigas, con la colaboración puntual del profesor y arqueólog Manuel García Alonso y el doctor y catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria César González Sáiz.

Las campañas realizadas tenían por objeto el rastreo sistemático del terreno mediante prospección visual y recogida de materiales en superficie para la identificación de posibles nuevos yacimientos arqueológicos en la franja de territorio comprendida.

La zona está delimitada por Alar del Rey – Villela por el oeste; Montorio – Huérmeces por el este; el valle de Valdelucio por el norte y Sasamón – Villadiego por el sur, según han indicado los codirectores, que han señalado que el objetivo era “completar el inventario arqueológico regional en una zona insuficientemente explorada”.

Con los resultados de la campaña se publicará un trabajo revisando el conocimiento científico existente sobre el poblamiento de la edad del hierro en una zona que se identifica “claramente” como límite o frontera entre los antiguos cántabros, que ocupaban las primeras elevaciones y loras de la cordillera, y los turmogos o turmódigos, habitantes de las llanuras cerealistas del entorno de Villadiego y a los que, según las crónicas de los historiadores clásicos, las bandas de guerreros cántabros rapiñaban el fruto de sus cosechas por la fuerza de las armas.

A la vista de los resultados, se pretende también reinterpretar el episodio militar de las guerras cántabras (años 29 a 19 a.C) desde un punto de vista estrictamente operacional, en lo que todas las fuentes clásicas y contemporáneas sitúan como la zona donde se inició la campaña de conquista y las primeras operaciones militares de la fuerza de invasión romana.

HALLAZGOS “DIVERSOS”

Los codirectores del proyecto han señalado que los “hallazgos han sido muy diversos, de distintos períodos y entidad e importancia”, y que “la mayor parte” de ellos son asentamientos castreños y yacimientos medievales.

Entre estos hallazgos, “la pieza más antigua” es un “chopper”, una primitiva herramienta de piedra tallada. “Es un núcleo de canto rodado, de cuarcita, tallado con unos golpes básicos para darle un filo cortante, pero que también se ha utilizado como percutor a juzgar por las huellas de uso que presenta”, han explicado.

Según los expertos que lo han analizado, su cronología es “muy amplia y poco concreta”, oscilaría entre 400.000 y 1.100.000 años de antigüedad; es decir, entre el homo heidelbergensis y el homo antecesor de Atapuerca. Probablemente, según han indicado, es el primer hallazgo de estas características en esa zona del norte burgalés.

Por el contrario, la pieza más moderna es un cobre castellano o vellón resellado del siglo XVII, concretamente de 1636; es decir, una pieza a la que, durante el caos monetario del reinado de Felipe IV, se reacuñó un nuevo valor, en este caso de ocho maravedís.

En medio de estos dos hallazgos casuales hay 11 castros o poblados fortificados del hierro “totalmente inéditos”, varias necrópolis tumulares del mismo período asociadas a algunos de esos castros; varios asentamientos no fortificados del mismo período; y antiguas minas de donde obtenían el mineral de hierro para la fabricación de herramientas y armas.

También se ha localizado un asentamiento fortificado tardorromano, es decir, visigodo; tres santuarios altomedievales con necrópolis asociada;  restos de dos castillos altomedievales; o tres estelas medievales, una de ellas todavía en pie, entre otros.

REINTERPRETAR LAS GUERRAS CÁNTABRAS

Como apunte general, los codirectores han augurado que “igual no todos los castros se ubicaban atendiendo a cuestiones exclusivamente de defensa” del territorio, “sino a la presencia de la materia prima estratégica por excelencia en aquel momento: el hierro”.

Si esto fuese así, han indicado que puede que “haya que reinterpretar un período muy concreto de la historia y muy de moda de unos años a esta parte, como es el de las llamadas guerras cántabras, que tuvieron lugar entre los años 29 y 19 a.C.

Aceptando que no todos los castros localizados sean contemporáneos de ese período bélico, algunos serán sin duda mucho más antiguos, en cualquier caso, entre los que se han localizado nuevos en estas campañas y los que ya eran conocidos, el panorama que se nos presenta, en lo que era el límite meridional del territorio histórico de los cántabros es el de una franja fronteriza literalmente plagada de recintos amurallados o fortificados y perfectamente comunicados visualmente entre sí”, han explicado.

Y es que, según han elucubrado, “esto quiere decir que las crónicas de los historiadores romanos sobre las operaciones militares contra los cántabros no pueden tener una explicación tan simple como la que nos ha llegado”.