Según el diccionario, el término efeméride hace referencia a los acontecimientos notables ocurridos en el día da la fecha, pero en años anteriores, que se recuerdan en su aniversario, a la conmemoración de dicho aniversario.

También se utiliza este vocablo para referirnos al libro o comentario en que se refieren los hechos de cada día acontecidos en tiempos pasados.

Es esta segunda acepción en la que nos basamos para la redacción de este documento, pues pretendemos hacer una cronología histórica de los acontecimientos que se han ido sucediendo a lo largo de los años en nuestro querido pueblo de Humada y, excepcionalmente, en los pueblos vecinos.

Hoy por hoy  es un documento incompleto ya que no refleja exhaustivamente los hechos acontecidos  pues que la transcripción de algunos de ellos entraña serias dificultades, por lo que desde aquí solicitamos la colaboración de todas las personas que dispongan de datos contrastados nos los transmitan para poder incluirlos en la relación cronológica así como cualquier sugerencia que consideréis oportuna.

La información nos la podéis enviar por medio del email de esta web: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Con el fin de organizarlos de la forma que consideramos más adecuada los ordenaremos cronológicamente.

 

LOS ALFOCES: DIVISIONES ADMINISTRATIVAS DURANTE LA EDAD MEDIA (s. X – XII)

Alfoz es una palabra de origen árabe que se utilizó para designar los distritos, pueblos que formaban una sola jurisdicción,  en los que se organizó la antigua Castilla en los primeros siglos de su andadura como Condado y como Reino independiente de León.

Este sistema de gobierno y administración que encontramos ya instaurado a mediados del siglo X en las tierras condales de Fernán González es un sistema de gran simplicidad; el condado se dividía

en un número bastante elevado de pequeñas demarcaciones, a cuyo frente se encontraba un delegado del conde y como tal designado y removido por éste a su voluntad, demarcaciones cada una de lo cuales recibía el nombre de alfoz.

 Todo alfoz supone la existencia de un castillo que le da nombre, aunque dentro del alfoz pudieran existir en otros lugares otros castillos subordinados; dentro del alfoz las villas y aldeas de su territorio gozan cada una de ellas de su propio término; este es el caso también de la villa sita junto al castillo cabecera del alfoz que goza también de su propio término municipal, naturalmente distinto y más reducido que el del alfoz del mismo nombre dentro del cual se incluye como los demás de las otras villas y lugares del alfoz.

El alfoz es, por tanto, el territorio sujeto a la jurisdicción y gobierno de un castillo en el que reside el delegado del conde que ejerce la autoridad en el territorio con el nombre de iudex, senior o tenente .

En el territorio repoblado a partir del 860 los alfoces que conocemos son los siguientes: Burgos, Ubierna, Ausín, Santa Cruz de Juarros, Monasterio, Poza, Briviesca o Río Vesga, Pancorbo, Arlanzón, Oca, Cerezo, Lara, Hontoria, Huerta, Clunia, Ura, Tabladillo, Lerma, Escuderos, Bembibre, Castrojeriz, Ordejón, Panizares, Villadiego, Mansilla y Amaya.

 

Siglo X

El presbítero Belasco cede al monasterio de S. Cosme y S. Damián de Congosto (1) la granja de Humada.

Fuente: Fuentes para Historia de Castilla, tomo II, Cartulario del Infantado de Covarrubias, pág. 1. Autor: L. Serrano

 

 31 de Mayo de 950

 

 

 

 

 Castilla a la muerte del conde Fernán González (931 – 970)

Fuente: Geografía del Condado de Castilla a la muerte de Fernán González. Autor: Teófilo López Mata, 1957, págs. 145-151

El libro Geografía del condado de castilla en la época de Fernán González persigue la instauración de uno de los primeros jalones de la Geografía Histórica de nuestro país.

La base del trabajo, exclusivamente documental, permite el trazado de fronteras y marcaciones condales, ya casi olvidadas en la lejanía de los siglos, juntamente con el resurgir de lugares desaparecidos y la identificación de otros reducidos o despoblados o alcanzados por hondas transformaciones en su toponimia cuya realidad histórica ya desaparecida en todos ellos corría el riesgo de caer en el olvido.

El condado se extendía por el oeste, las a lo largo de las frías parameras, que detienen en las comarcas altas del partido de Villadiego el avance hacia el sur de masas montañosas, inmovilizadas en apariencia de baluartes sobre tierras de cántabro abolengo, recorridas en la lejanía de los siglos por indómitas resonancias vencidas por la Roma imperial.

Amaya, nidal de rocas desnudas, suena entre las ciudades asaltadas en el siglo VIII por los montañeses asturianos de Alfonso I, pero el eco de su existencia se desvaneció, para reaparecer el año 860, fortificada en nombre de Ordoño I, por el Conde Rodrigo de Castilla, momento consagrado en decires y refranes geográficos por la poesía popular.

«Harto era Castilla pequeño rincón

cuando Amaya era cabeza e Hítero el mojón.»

La poderosa voluntad del Conde obró el prodigio de dar unidad, cohesión y prestancia, al engarce de coronas condales, en las que figuraba Álava desde 933, de vivificar el espíritu de solidaridad que alentaba en el corazón y asomaba a los labios de los hombres de Lara, Lantaron, Vieja CastillaBurgosCerezoAmayaMuño y Clunia, de alumbrar ideales de fe y de esperanzas en la hondura de un sentimiento que tomaba corporeidad en iglesias, abadías y cenobios, de elevar a la categoría de derecho costumbres de raigambre secular, consagrando una legislación en juvenil rebeldía con el sentido jurídico de la antigua corte visigoda, y que iba a tener como medio de expresión un idioma de fuerte personalidad, noble y viril, que nacía entonces, como los demás elementos de la estructura social, en un ambiente de innovadoras audacias, atormentado por ecos de alarma y gritos de guerra.

El libro recoge la organización geográfico-administrativa del Condado de Castilla a la muerte del Conde Fernán González. Aquí sólo expongo los contenidos que, por proximidad, nos resultan más conocidos y, por tanto, de mayor interés.

ORDEJÓN.

Al oriente de Amaya, en ásperos terrenos prolongados hacia los páramos de La Lora, se suceden lugares incluidos en el territorio de Ordejón, remontándose al año 950 la mención de Congosto y Humada, donados en tiempos de Fernán González a la iglesia de Covarrubias (Cartulario de Covarrubias, I). En 978, la dotación del Infantado de Covarrubias registra en esta tierra les lugares de Corbiellos (en Valdelucio, próximo a Ordejón), San Quirce (entre Congosto Villamartín) y San Andrés [de Montearados] (lugarcillo cercano a la raya moderna de los partidos de Sedano y Villadiego).

Entre San Andrés y Humada, se asientan las tierras que a principios del siglo XIII constituían el alfoz de Panizares«... uilíam meam que dicitur S. Mames de Fauar in alfoz de Panizares sitam» (Bec. Cat. Burgos, f. 96).

 Según la Primera Crónica GeneralOrdejón fue donada al Cid hacia el año 1087 por el rey Alfonso VI

En la segunda mitad del siglo XII, Ordejón va frecuentemente unido al alfoz de Amaya.

 Año 1182. «Comes fernandos tenente Amaia et Ordeion» (Becerro de Aguilar, 54).

Año 1186. “Comite don Fernando en Amaia et Orseio» (Cartulario de Covarrubias).

El conde don Fernando fue hijo de don Nuño Pérez de Lara.

 

 

 SIGLO. XII

Año 1155

El rey D. Sancho III de Castilla (1134-1158) dona a San Juan de Ortega la villa de Humada

  Fuente: España Sagrada, Tomo XXVII,  pág. 367, autor: P. Flórez

 

 

Según D. Ismael García Rámila en su obra “Del Burgos de Antaño” vol. 8, pág 12  esta villa no es el Humada actual sino una villa ya desaparecida en el antiguo partido de Juarros.

GRANJA DE OJUELA: Sita en el antiguo partido de Juarros, fue propiedad del Monasterio de San Juan de Ortega, su perímetro abarcaba unos 7 kilómetros, limitando al N., con Hiniestra; S. y E., Barrios de Colina: y al O., Piedrahita de Juarros. Fue donada a este Monasterio por Sancho III el Deseado en el año 1155. Se la conoció también por «Humada». Diploma de Sancho III a favor del Monasterio (1155). BIBLIOGRAFIA: Catastro del Marqués de la Ensenada. — Flórez (E.): «España Sagrada » . Tomo 27, pág. 184.

Si la pongo aquí es para evitar confusiones

 

 

SIGLO XIII

Año 1211

Alfonso VIII dona al Hospital del Rey una serie de villas entre las que se encuentra San Andrés de Humada (lugar hoy desparecido próximo a Humada). En el terreno de Humada hay un término llamado San Andrés que bien pudiera referirse a este despoblado.

 

Año 1214

El rey Alfonso VIII dona al Hospital del Rey el pueblo de San Quirce de Humada.

 

 

  

Año 1221

 Fernán González  y su esposa venden al mismo Hospital del Rey una tierra situada cerca de San Andrés de Humada. 

Año 1.224

Don Munio Abad del Monasterio de San Salvador de Oña alorgó a Don Esteban, Prior del Monasterio de Santa Maria de Rocamador, de la Villa de Hornillos, la granja de Humada.

Fuente: Antigüedades de España, propugnadas en las noticias de sus reyes, en la Crónica del Real Monasterio de San Pedro de Cardeña, Parte II, Libro VI, cap. 7º, págs.. 137-138. Autor: P. Francisco de Berganza

                                   

 

S. XIII

Año 1.266

 

Don Pedro Abad del Monasterio de San Salvador de Oña, con facultad del Convento, alargó la Granja de Humada a Don Guillen, Prior del Monasterio de Santa María de Hornillos

Fuente: Antigüedades de España, propugnadas en las noticias de sus reyes, en la Crónica del Real Monasterio de San Pedro de Cardeña, Parte II, Libro VII, cap. 3º, págs.. 167. Autor: P. Francisco de Berganza

     

 

Año 1.229

Fernando III manda “que ninguno nos sea osado de cortar ni de rromper en el monte de Fumada, de mio Hospital”. 

 

Año 1234

Estas posesiones y los correspondientes privilegios serán confirmados por el papa Gregorio IX

1235

 

en 1.234 y la prohibición de cortar leñas y hacer roturaciones en el monte la corraborará Alfonso X en 1.225. Finalmente, en 1.226, Pedro Rodríguez cambia cinco tierras que tenía en Arroyal y otros lugares por la tierra que el hospital tenía en Humada.

LAS MERINDADES

 

A finales del s. XII la organización territorial de Castilla al norte del Duero adquiere un perfil completamente distinto al que existía en los s. X y XI.  La antigua organización territorial en alfoces fue sustituida por otro sistema: las merindades. Los monarcas castellanos impulsaron una nueva organización del territorio que les permitiese un mayor control del mismo. Los alfoces dejan de ser las circunscripciones básicas y ocupan su lugar las merindades.

Al norte del Duero, el reino fue dividido en varios distritos territoriales y al frente de ellos el rey colocaba a unos delegados suyos conocidos como merinos. El territorio administrado por un merino era por tanto una “merindad”.

El reino de Castilla fue dividido en Merindades mayores y éstas, a su vez, en Merindades menores. La estructuración del territorio en merindades que tuvo su origen durante los reinados de Alfonso VII y Alfonso VIII pervivió con pocas modificaciones hasta el siglo XVIII.

SIGLO XIV

La Merindad Mayor de Castilla en 1351 se dividía en 19 merindades menores; al frente de la primera se hallaba un Merino Mayor nombrado por el Rey, y el Rey o el Merino Mayor designaban a su vez los 19 merinos subordinados que regían cada una de estas merindades menores. La Merindad Mayor de Castilla se extendía en líneas generales desde el Mar Cantábrico hasta el Duero (donde comenzaba la Extremadura Castellana) y desde el Pisuerga hasta la frontera de Navarra. Las 19 merindades menores que la integraban llevaban los nombres de Cerrato, Infantazgo de Valladolid, Monzón, Campos, Carrión, Villadiego, Aguilar, Liebana, Saldaña, Asturias de Santillana, Castrojeriz, Candemuño, Burgos con Río Ubierna, Castilla Vieja, Santo Domingo de Silos, Bureba, Rioja con Montes de Oca, Logroño y Allende Ebro.

 

EL LIBRO BECERRO DE LAS BEHETRÍAS DE CASTILLA (1351 - 1352)

El llamado “Libro Becerro de las Behetrías de Castilla”, que más exactamente debiera haberse titulado “Libro de las Merindades de Castilla” fue escrito entre los años 1351 y 1352 por  orden del rey  Pedro I de Castilla. El libro nos da a conocer con toda exactitud las divisiones administrativas, registrando detalladamente la naturaleza y origen de la nobleza de Castilla de mediados del siglo XIV. Se le llama “libro Becerro” por estar escrito sobre pergamino obtenido de la piel de un becerro.

La extensión y los límites exactos de cada una de estas merindades menores, así como los lugares incluidos en cada una de ellas ha encontrado su plasmación gráfica y cuantitativa en la mencionada edición del  Becerro de los Behetrías que recopiló sus datos en el otoño e invierno de 1351 y en la primavera de 1352. Desgraciadamente en el Becerro sólo se han conservado los cuadernillos de 15 de las 19 merindades; pues los relativos a cuatro de ellas: Bureba, Rioja con Montes de Oca, Logroño y Allende Ebro se extraviaron antes de que se procediera a encuadernar los existentes y formar con ellos el Becerro.

Para comprender mejor el texto del documento comenzaremos con un breve glosario de los conceptos utilizados en dicho Libro Becerro de las Behetrías.

El título de Señor: el Señor poseía autoridad jurisdiccional, esto es; estaban autorizados por el rey para ejercer en su territorio, llamado señorío, no sólo su dominio, sino también todo tipo de autoridad, entre la que se contaba la de impartir justicia, conceder premios o castigos, imponer tributos. etc.

Clases de señoríos: 

En la Baja Edad Media el territorio de la Corona de Castilla estaba configurado de la forma siguiente:

- los territorios que se encontraban directamente sometidos al poder real se les designaba con el nombre de territorios o señoríos de realengo;

- los señoríos regidos por nobles: señoríos de solariego;

- los regidos por eclesiásticos se denominaron abadengos;

- los señoríos regidos por infantes se llamaron infantazgos;

- los señoríos regidos por las órdenes militares: maestrazgos;

- los lugares cuyos habitantes podían elegir libremente a su señor fueron los llamados señoríos de behetría.

En todos ellos la obligación de rendir vasallaje al señor feudal y el pago de impuestos permanecería a través de los siglos a cambio de obtener protección y otros servicios.

En el s. XIV los contribuyentes o pecheros pagaban por casi todo ya que existían numerosos impuestos, los más comunes eran:

Servicios: son los impuestos que el rey solicitaba a sus súbditos para hacer frente a gastos extraordinarios, por ejemplo, guerras u otros episodios excepcionales. Previamente a su cobro, el rey necesitaba la aprobación de las Cortes. Aunque se trataba de un impuesto extraordinario, con el tiempo acabaron siendo un pago habitual.

Infurción: era un tributo que se pagaba al señor de un lugar por razón del solar de las casas. El campesino devengara infurci6n por trabajar un solar ajeno pero a la vez por ser vasallo

Monedas: Otro impuesto extraordinario previamente autorizado por las Cortes, con la diferencia de que éste era periódico y se pagaba cada siete años.

Fonsadera: Era el tributo que debían pagar los hombres libres y vasallos en concepto de contribución a la defensa del territorio, y también se llamaba así al trabajo personal que dichas personas realizaban para mantener en buen estado las construcciones defensivas; estos trabajos personales no generaban pago alguno.

Es una especie de rescate que paga el campesino a cambio de no acudir al fonsado, es decir, de no ser alistado en las levas, reclutamientos, del rey en caso de guerra.

Martiniega: Son las rentas habituales pagadas en el mes de noviembre, sobre la festividad de San Martín.

Marzadga: Impuesto que se cobraba en el mes de marzo, después de la matanza que se suponía a los vasallos con más reservas.

Yantar: Derecho del señor y su séquito de albergarse, durante el viaje por su feudo, en casa de cualquiera de sus vasallos, comer en ella y exigir que sus monturas recibiesen alimentos. En principio, el impuesto era eventual y se pagaba en especie, pero con el tiempo pasó a pagarse en moneda.

Sernas: Era la obligación que tenía cualquier campesino acogido a un régimen señorial, de trabajar las tierras del señor (además de las suyas propias). Así, pues, las sernas no son exclusivas de las behetrías, se dan también en zonas feudales de abadengo y solariego.

 Teniendo en cuenta que en la época que nos ocupa, s. XIV, el sistema monetario estaba formado por

-      El maravedí, o morabetin, es el nombre que se dio al dinar de oro almoraví, moneda utilizada durante la Edad Media desde el año 1172 al año 1221. Se acuñaron nuevas monedas de un maravedí en vellón (aleación de plata y cobre) en el siglo XIV y XV.

-      El real se acuña, como moneda de plata, en el siglo XIV durante el reinado del rey Pedro I con una equivalencia de 3 maravedís. A fines del siglo XIV su valor era de 8 maravedís.

-      El dinero, se acuña a finales del siglo XIV, durante el reinado de Enrique III. El dinero equivalía a la doceava parte de un maravedí.

 

Por lo que respecta a las medidas de capacidad las más utilizadas eran:

-      Fanega: medida de capacidad para áridos que en Castilla, tiene 2 cuartos  o 12 celemines. Equivale a 55,5 Litros. También se una la media fanega.

-      Celemín: doceava parte de la fanega, medida de capacidad equivalente a 4,625 litros Un celemín tiene 4 cuartillos.

 

EL VALLE DE VALDEHUMADA SEGÚN EL LIBRO BECERRO DE LAS BEHETRÍAS DE CASTILLA.

Como se puede comprobar existen dos pueblos Fumada de la Behetría y Humada. En el Becerro de las Behetrías aparecen dos lugares con similar nombre, Fumada de la Behetría y Humada, ambas adscritas a la merindad de Villadiego. El primero de ellos, que tenía como naturales a don Pedro, hijo de Gonzalo Ruiz de Humada y a Gómez y Rodrigo Ruiz de Humada, debe identificarse, según G. Martínez Díez, con la actual Humada, llamada en el Libro de Préstamos del Obispado de Burgos, de 1.515, Humada del Rey. El otro lugar, llamado Humada, sin más, y que aparece como perteneciente a Santa María de Rocamador, según el mismo autor corresponde al actual San Martín de Humada y a otro barrio anejo ya desaparecido, San Pedro de Humada. Parece ser, en todo caso, que bajo el topónimo de Humada se encuadraban unos cuantos barrios, conformando una entidad constituida por pequeños núcleos, cada uno con su parroquia, de las que conocemos al menos los nombres de San Andrés, San Pedro, San Quirce, San Millán de Casasola, San Martín y San Miguel, de las cuales sólo han subsistido las dos últimas, correspondiendo la de San Miguel a la actual iglesia de Humada.

 Por otro lado he añadido dos lugares que hoy ya no existen como son Cuevas de Puerta, entre Fuencaliente y Talamillo, y San Quirce de Humada, entre Congosto y Villamartín.

La abreviatura mrs significa maravedís

  

 

(CONTINUARÁ)