DIARIO DE BURGOS 10 ABRIL DE 2021

Texto: J. Ángel Gonzalo

Fotos: Miguel Ángel Valdivielso

 

No lejos de la legendaria Peña Amaya y casi pegada a Peña Castillo se alza la maciza mole caliza de este sinclinal loriego que domina el valle de Valdehumada. Albergó uno de los mayores castros prerromanos europeos.

 

  La legendaria Peña Ulaña, no lejos de la soberbia Peña Amaya, es otro de los enclaves, sin duda, más míticos dentro de la arqueología y la historia del norte de España. Esta increíble atalaya natural, situada entre las localidades de San Martín de Humada, los Ordejones y la propia Humada se asemeja – es ineludible la comparación – a un enorme transatlántico varado en un verde más interior. A lo largo del recorrido se abren unas impresionantes vistas panorámicas sobre los paisajes cercanos y además se puede observar una rica y variada flora y fauna adaptadas a vivir en las duras condiciones que estas peñas imponen. Buitres, águilas y otras rapaces diurnas y nocturnas, anidan en los cantiles por lo que es importante no acercarse a los cortados en época de cría. Hay que tener también en cuenta que estamos en la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA Humada-Peña Amaya), además de Lugar de Interés Comunitario (LIC). Estas son las dos razones por las que esta área del Geoparque de las Loras se ha librado del impacto visual de esos altos aerogeneradores que se otean en el infinito paisaje.

 

Geológicamente hablando, la Peña de la Ulaña es un típico sinclinal colgado que se eleva unos 230 metros sobre el terreno circundante, pero ahí arriba, en esa elevada plataforma y en sus cinturones escalonados, se esconde un castro datado en la segunda Edad del Hierro, y que tuvo ocupación altomediefal. Esas casi seiscienta hectáreas que ocupa le convierten en el mayor de la Península y uno de los mayores de Europa, como apunta Nicolás Gallego, geólogo y miembro de la Asociación para la Reserva Geológica de Las Loras (Argeol), que nos acompaña de nuevo en esta descubierta viajera por tierras de Amaya. Aunque la ruta más cómoda parte del pueblo de San Martín de Humada, existe otra más esforzada, por los cortados de Peña Ulaña, junto a las ruinas del molino del tío Bernabé, en Ordejón de Abajo. Además de aceña, posta y parada de coches de línea fue, como recuerdan, incluso paritorio de urgencia para muchas embarazadas sin tiempo para dar a luz en sus casas.

Las cristalinas aguas del potente manantial del arroyo de los Ordejones surgen sobre las rocas a pocos metros del molino, y eran desviadas por el cauce molinar y remansadas en una alargada balsa. Arriba, libre de maquilas aún, el arroyo discurre por la ladera de este bello sinclinal, acompañando con su rumor el ascenso a Peña de la Ulaña. Utilizando una improvisada pasarela de madera, que sustituye al pasadero hecho de piedras, discurre también una senda que conduce a la espectacular torre natural de Peña Castillo, una solitaria lora desprendida ligeramente de la faja rocosa que protege en todo su perímetro de Ulaña. Albergó – de ahí el nombre- una alta fortaleza que dominaba el valle de Humada, cabeza del alfoz de los Ordejones. Nunca se encontró – a pesar de las catas y excavaciones realizadas – el pellejo de cuero con las monedas de oro que dicen que estaba escondido en sus entrañas, pero la leyenda del tesoro sigue viva en la comarca. No lo busquen con detectores de metal si no quieren acabar en el cuartel de la Guardia Civil de Villadiego porque – al igual que la Ulaña – es zona arqueológica protegida. En medio de dos gigantes el cantil parece inexpugnable, pero es inexpugnable, pero es accesible por, eso sí, un empinado sendero que rodea Peña Castillo, que presenta un punto débil en el costado norte. Por una grieta se accede a la meseta donde hay evidencias de que también existió un castro celtibérico y asentamiento romano cántabro, anterior al castillo medieval.

Senderos naturales

Volviendo a los cortados de la Peña de la Ulaña, un escarpado y bello sendero natural, en algunos tramos excavado en la roca, y en el que no faltan masas boscosas y roquedales, permite acceder a esta emblemática lora. Por una y otro ruta, el caso es plantarse en la meseta superior de este castro y tener la suerte de que la niebla no la cubra, porque es especialmente querenciosa con ella, según cuenta Nicolás Gallego. Relata que en verano ha habido días en que los que ha subido abrigado con ropa de invierno porque el aire, por estos lares, además pega fuerte. Por cierto, hay un vallado de alambre de espino que hace de mojón entre los términos de los Ordejones y San Martín de Humada, pero tiene accesos.

En la rocosa planicie son aún visibles y detectables, a pesar de su ruina, los paños de la muralla de piedra que se elevó allí donde la peña no era inexpugnable. Desde el sur resulta orográficamente casi imposible alcanzar la plataforma a lo largo de tres kilómetros, ya que existen una serie de farallones naturales que en muchos casos alcanzan los 60 metros de altitud. El castro y el “cinto” se estima que tenían una extensión total de 586 hectáreas, de las cuales 285 se desarrollan en la meseta y las restantes pertenecen a la vaguada exterior que conectan con la parte más “baja” del yacimiento, donde, por cierto, se han encontrado algunos restos arqueológicos. Las excavaciones realizadas hasta 2012 por equipos de la Universidad de Cantabria han permitido descubrir vestigios cerámicos y metálicos – una fíbula de bronce, un regatón  de hierro, un denario de Turiaso, … - de ese largo pasado. Algunos objetos y materiales hallados se encuentran en el Museo de Burgos. Hoy las catas y depósitos investigados están protegidos por tierra y es que en esta zona, a pesar de estar declarada Bien de Interés Cultural desde 2006, ha sido objeto de numerosos expolios.

Los investigadores cuentan que hubo una muralla transversal de unos 257 metros aproximadamente, con una anchura de 3.5 metros. Se cree que la altura podría oscilar entre los cuatro y cinco metros. Nada de acarrear ni trabajar la piedra, con la caliza de la alta paramera y un relleno de cantos – y si acaso algo de arcilla como socorrida argamasa – se construyeron estos paños y las casas de las que hoy sólo se conservan algunas ruinas.

A un centenar de metros del aparcamiento, valladas, se elevan al cielo un enjambre de antenas, junto a una construcción. Más al fondo se halla la basa del punto geodésico (1.126 metros), pero en el medio del pedregal – de punta a punta de la plataforma de la peña hay cinco kilómetros – si se observa con atención se ven las estructuras habitables dispersas por la altiplanicie. Se han encontrado caso trescientas. Las excavaciones realizadas han permitido considerarlas como prerromanas, existiendo una gran variedad en cuanto a su forma. Algunas son ovaladas, otras rectangulares o circulares incluso se han hallado algunas en forma de la letra griega “pi”. Tanto la muralla transversal, que divide en dos el castro como en el flanco sudeste, se aprecian estructuras tumulares de piedra que pudieran ser necrópolis de la Edad del Hierro.

A lo largo del recorrido, desde distintos miradores se puede disfrutar, asomados con precaución a los cantiles, unas magníficas vistas panorámicas de toda la comarca oeste burgalesa, Las Loras, por supuesto – y la nevada Montaña Palentina así como los altos picos de la Demanda -  en una día despejado. Un atractivo adicional y que tiene que ver con la luz solar es que, dependiendo de las horas, cambia y mucho la visión. Este sinclinal colgado cuenta con algunoz chozos de pastores que están reconstruyendo vecinos de San Martín de Humada por prestación personal. No hay otros refugios aunque, según comentó Nicolas Gallego, hay un proyecto para rehabilitar en el futuro unos de los pequeños edificios para este uso. Esta cima, una gran superficie  prácticamente plana, está salpicada de pequeños bosquetes de encina y pinos de repoblación, incluso en la entrada, sobre la roca, se puede ver un pequeño tejo que lucha por sobrevivir. Además hay una pequeña laguna que está al albur de las lluvias. Además, en los cielos es fácil  contemplar el pausado vuelo de los buitres leonados, alimoches, milanos, … y, si acaso, la majestuosa y elegante silueta del águila real aprovechando las corrientes cálidas. Corzos, jabalíes, gatos monteses y zorros también habitan a ras de tierra en estos lares. La peña de La Ulaña no sólo esconde en sus entrañas ese castro prerromano, su secreto mejor guardado, es también una lección de geología y de naturaleza además de un magnífico mirador natural. Las cristalinas aguas del potente manantial del arroyo de los Ordejones surgen sobre las rocas a pocos metros del molino del tío Bernabé.

Situación

El municipio de Humada se encuentra situado en el noroeste de la provincia de Burgos, en la comarca de Páramos. Dista tan sólo 20 kilómetros Villadiego y a 59 kilómetros de Burgos. En sus 85,19 kilómetros cuadrados, además de Humada, que es la capital, suman territorio como pedanías: Congosto, Fuencaliente de Puerta o Fuencalenteja, Fuenteodra, Los Ordejones – formada por dos localidades: Ordejón de Abajo o Santa María y Ordejón de Arriba o San Juan – así como Rebolledo de Traspeña, San Martín de Humada y Villamartín de Villadiego. Entre todos suman un censo de 158 habitantes. Desde 2017, el municipio se encuentra incluido en el Geoparque de Las Loras, el primer geoparque de la Unesco en Castilla y León. Humada atesora una bella ermita románica, que suma a las iglesias de San Julián, en Rebolledo de Traspeña, y de San Martín, en San Martín de Humada. En la zona se dispone de varias casas rurales así como de restaurantes para descansar y disfrutar de la rica gastronomía, especialmente en Villadiego, cabecera de la comarca.

 

Entre peñas y verdes valles

El geoturismo es un concepto relativamente novedoso y bastante desconocido entre muchos senderistas, pero está en un momento de auge tras la declaración por parte de la Unesco como Geoparque Mudial de Las Loras.

Las características geológicas de un lugar no son menos interesantes que su medio ambiente, su patrimonio y su cultura. El sentido de lugar importa y también conocer a fondo el territorio. Para conocer todos los atractivos geológicos, naturales, históricos y también etnonógicos nada mejor que visitar en Villadiego en centro de intrepretación y recepción de visitantes del Geoparque de Las Loras, que además de ser el motor dinamizador es un auténtico escaparate de los múltiples atractivos y las posibilidades para realizar senderismo y otras actividades en los 16 pueblos de Burgos y Palencia incluidos en su demarcación.

La planta baja es una suerte de puerta de entrada al geoparque, puesto que está diseñada como una gran sala de usos múltiples para acoger exposiciones itinerantes, charlas, talleres y todo tipo de actividades de promoción y divulgación.

La primera planta es un espacio multimedia, con paneles informativos y audiovisuales en los que se explicarán al visitante todos los contenidos e historia geológica de un territorio único como el de Las Loras. Hay espacios también museísticos en el que se muestran fósiles. Nicolas Gallego es uno de los miembros de Argeol que están dispuestos a enseñar, aunque eso sí, cuando se levantes las medidas restrictivas sanitarias a causas de la pandemia.

En este mosaico de páramos descarnados, vallejos profundos, cascadas, montañas con el perfil de chinchetas y laderas de estratos a la vista, capa sobre capa, como si los hubiera montadola mano de un maestro pastelero, destacan las loras de Amaya, la Ulaña y Peña Castillo. Las tres son piezas fundamentales del Geoparque Mundial de la Loras y ejemplos antológicos de estos sinclinales colgados y del relieve que originan, pero hay más peñones que apuntan al cielo, entre ellas la de la Santa Cruz (1.096 metros), que se eleva en el corredor de los Ordejones. No tiene el predicamento de sus hermanas, pero este peñón posee también sus encantos porque albergó, al igual que el resto, un castro en la Edad del Hierro y ocupación romana. El acceso natural es por Ordejón de Arriba, que antaño figuraba en el nomenclator como San Juan (Ordejón de Abajo se llamaba Santa María, por cierto). Es la ruta más sencilla y cómoda al decir de los senderistas y deja a un lado la loma de Las Navillas. Una vaguada – sinclinal dicen los geólogos – se extiende entre las dos crestas y por ella se accede a la planicie de la cumbre, desde la que se abre unas panorámicas magníficas del valle de Humada y de toda la comarca.

El entorno natural de Las Loras no se termina en estas impresionantes formaciones rocosas sino que tienen en el agua otro protagonista. Además de la Yeguamea hay una veintena de surgencias más en la paramera loriega. En estos altos parajes nacen numerosos ríos como el Odra, Brullés, Lucio y Villela, todos pertenecientes a la cuenca del Duero en el que desembocan a través de su principal afluente, el Pisuerga, mientras que el Hormazuela y el Úrbel lo hacen a través del Arlanzón. Y por el norte el río Hurón que se convierte en Barrio Panizares en el Rudrón, prestando su agua al Ebro.

Además de piedra, historia y agua el territorio loriego encierra una gran diversidad de formas de vida, que han sabido adaptarse al medio. La escasa humedad y unas temperaturas extremas no han sido impedimento para el desarrollo de un roca flora y bosques de encinas, robles, … En las praderas, esas mismas en las que aún pastan ovejas, vacas y caballos, abundan los gamones, orquídeas, peonías y un sinfín de plantas.

La avifauna rupícola – buitres leonados, alimoches, águilas, búhos reales, … - y la que puebla los bosquetes y las riberas de los ríos  y arroyos añaden atractivos para los visitantes que se adentran por sendas y trochas. Si a todo ello añadimos su patrimonio arquitectónico y artístico – iglesias, castillos, torres y casas solariegas – la excursiones salen redondas.