En este precioso vídeo creado por Jesús Caramanzana con el patrocinio del Ayuntamiento de Sotresgudo (Burgos) y la colaboración de Sodebur y de la Excma. Diputación de Burgos se narran las vicisiktudes por las que pasó nuestra entrañable Peña dada su estratégica situación.

Para visualizarlo haz clic en el siguiente enlace: 

Peña Amaya

 En esta página queremos mostrar el gran valor paisajístico de Humada y sus alrededores.

Estamos tan acostumbrados a ver el paisaje que no apreciamos su singularidad y su belleza, especialmente cuando la naturaleza brota con todo su esplendor en las flores de la primavera, en la frondosidad del verano, en el otoño con la variedad cromática que nos presentan las hojas de las especies arbóreas y al contemplar la naturaleza desnuda del invierno.

 

 

 

 

 

 

Somos afortunados no sólo por la riqueza y variedad de nuestras especies vegetales sino también por el espacio físico que nos rodea. Tenemos la suerte de  poseer un entorno único y excepcional, me refiero a las formaciones geológicas que nos rodean: las Loras

¿Quién no se ha maravillado al contemplar el espectacular paisaje desde Peña Ulaña con el valle de Valdehumada a nuestros pies, la mítica peña Amaya al frente y allá, a lo lejos las cimas, nevadas de las estribaciones de cordillera cantábrica en el alto Campoó?

 

 

¿Quién no se ha sobrecogido al ver y percibir el estruendo del agua al caer en la cascada de Yeguamea o el burbujear de la fuente Manapites en Fuenteodra?

 

 

¿Quién no se ha sentido sublimado al admirar el panorama, desde el borde de la Mazuela, o sentado en el puente de Portillo, o a la sombra de un roble en una lindera de Tozo?.

Todos hemos disfrutado recorriendo los singulares parajes de nuestro entorno algunos de los cuales están hoy intransitables debido a la ausencia de ganadería y otras veces al abandono de todos nosotros. Me viene a la memoria el recorrido por el sendero de los Piscárdanos, a la vera del Odra, hasta llegar al pueblo de Congosto.

 

 

Recuerdo con nostalgia las veces que en nuestra juventud nos hemos bañado en las frías aguas del pozo del Butrón, o las tardes de verano que hemos disfrutado echando los reteles para, casi siempre, asegurar una cangrejada de varias docenas en los alrededores del pozo de la Olla.

 

 

 

Es una pena que este paradisíaco paisaje sea hoy intransitable debido a que la maleza se ha adueñado e invadido el estrecho y sinuoso sendero que bordea al río. 

 

Siento una sana envidia y admiración por el espíritu entusiasta, colaborador  y emprendedor de algunos pueblos vecinos por conservar su patrimonio natural, costumbrista, arqueológico y cultural. Pongo por ejemplo el vecino pueblo de Congosto, con cuatro habitantes, quienes con tesón, esfuerzo y constancia, ayudados por personas amigas del pueblo, han conseguido restaurar y rehabilitar su iglesia que se hallaba en ruinas así como otros edificios y locales de uso colectivo.

Son gentes inquietas y alegres que disfrutan de los objetivos logrados y celebran sus fiestas con alegría y fraternidad, invitando a todo el que quiera participar. 

Desde estas líneas nuestra admiración y respeto.

No podemos decir lo mismo de nuestro querido pueblo donde algunas calles y solares presentan un aspecto desolador debido al abandono y la desidia.

Me vienen a la memoria tiempos pasados cuando, con la colaboración voluntaria y desinteresada de la mayoría, se llevaron a cabo trabajos de cierta envergadura como la recogida y canalización del manantial de Royocinto, la restauración del tejado de la iglesia y del pórtico, las obras en el cementerio, reparación de las tuberías y limpieza de los depósitos del agua, reparación de algunos puentes y pasos de uso frecuente, ….

Me pregunto si no sería posible recuperar ese espíritu de cooperación para hacer del pueblo un entorno más agradable y crear un ambiente de unión, respeto y hermandad entre todos nosotros.

Quizá sean los meses estivales el mejor momento para llevar a cabo los proyectos que vayan surgiendo. Estoy seguro de que poniendo cada uno de nuestra parte lo poco o mucho que podamos, nuestras aportaciones y sugerencias,  haríamos de Humada un pueblo limpio, acogedor y solidario, donde la armonía y colaboración serían nuestras normas esenciales de convivencia.

 En el siguiente vídeo se reflejan algunos de los elementos que conforman el paisaje de Humada. No son todos ni los mejores, tampoco tienen la calidad ni la técnica de un profesional de la fotografía pero nos dan una idea de la belleza del entorno en momentos puntuales a lo largo de las estaciones del año.

 

 Humada a través de su paisaje

 

 

 

 

Las campanas avisaban de cada situación a todos los vecinos, a la hora que fuese. Cada suceso se proclamaba de modo inmediato a través de los sones compuestos para identificar el regocijo de un día de fiesta, de una boda, la tristeza del entierro, el socorro ante una catástrofe… El lenguaje campanil forma parte de la cultura popular y tradicional.

Las personas mayores se acostumbraron a reconocer los tonos diferentes que habían diseñado sus ancestros para informar de cada acontecimiento -casi como un lenguaje humano-, y se preparaban para la reacción que fuera precisa. Y así generación tras generación. En el pueblo “las campanas” constituían un símbolo muy preciado. Su valor a lo largo de la historia ha sido transcendental. Este ancestral medio de comunicación ponía en pie a todo el pueblo para soltar los ganados a pacer y empezar a trabajar con el toque de “maitines”. Las campanas advertían del momento en el que debían ir a comer, toque “a mediodía” y también del descanso laboral al final de la jornada en el campo y la vuelta a casa de los pastores con sus rebaños con el toque “a las oraciones”. La muerte, el concejo, el aviso de tormenta, la colaboración común ante una catástrofe, … todo tenía su código propio conocido por los vecinos.

Resuenan en nuestra memoria los sonidos solemnes y majestuosos de las campanas al “tornear”, en las grandes solemnidades o acontecimientos especiales, cuando al ser volteadas acompasadamente nos recordaban aquel soniquete “Martín pelón, las once son”. O el alegre sonido del “repique” que nos invitaba a fiesta en los domingos o el “día de la función”

 “Las campanas y el pendón del pueblo son”. Y es que los toques estaban relacionados con esas tareas diarias que marcaban la vida de décadas atrás en unos pueblos, en los que el reloj era prácticamente un objeto de lujo. Así, se usaba el toque a ‘tente nublo’ cuando se veía que amenazaba la tormenta que podía destrozar las cosechas, con su melodía de “tente nube, tente tú, que más puede Dios que tú” que nos sobrecogía al pensar que una mala nube podía arrasar todas nuestras cosechas.

Impresionante el toque “a clamor” cuando fallecía algún vecino del pueblo que especificaba si el muerto era hombre o mujer, produciendo un escalofrío en nuestro cuerpo. Lo mismo ocurría con el toque “a quema” o “a rebato” que ponía en revolución a todo el personal para combatir con sus propios medios los incendios que se producían en el pueblo o  en el campo en la época en que las mieses estaban a punto de ser recolectadas. O el toque a “concejo” para avisar a los vecinos que debían reunirse para tratar temas de interés general.

Recordar también que las campanas sirvieron de “faro” acústico o atalaya orientando a los vecinos cuando al desplazarse a las ferias o mercados de pueblos próximos se veían sorprendidos por los temporales de nieve y viento, “las celliscas”, o por la niebla “caramosa”, que impedía reconocer el paisaje a más de una veintena de metros.

Lamentablemente la gran mayoría de los toques se han ido perdiendo al verse vacíos muchos campanarios e incluso muchos pueblos por el abandono de sus habitantes. Quizás también influya el que por regla general el oficio de campanero no estuvo nunca bien remunerado, quizás sea esta una de las causas de su desaparición.

Hoy en día podemos decir que el “oficio” de campanero pervive en aquellos lugares donde se conserva el amor por las tradiciones populares.

Además de los tres toques antes señalados en  Humada se tocaba a:

-         concejo: para avisar a los vecinos, convocados por el alcalde, para tratar temas de interés comunitario o realizar tareas comunales.

-         quema o a rebato: los vecinos acudían con presteza, provistos de las herramientas necesarias para sofocar algún incendio.

-         clamor: anunciando la muerte de algún vecino.

-         tentenublo: cuando se acercaba algún nublado que hacía presagiar que podía traer piedra (granizo) ya que “se oía rutar” la nube.

-         fiesta: torneando, haciendo girar acompasadamente las dos campanas, o repicando, tañendo con rapidez y maestría ambas campanas, produciendo un sonido armónico y alegre.

-         los oficios divinos: para avisar del comienzo de la misa o del rosario u otras celebraciones religiosas.

-         bienvenida: recibimiento de alguna personalidad como la llegada de un nuevo sacerdote, la visita pastoral del Sr. Obispo, la presencia de autoridades civiles con motivo de alguna inauguración de obras importantes (traída de agua, electrificación del pueblo, etc.)

  Estos toques los realizaban los campaneros, quienes a cambio de un pequeño sueldo, normalmente en especie, varios celemines de trigo, se comprometían a cumplir puntualmente con sus obligaciones.                                     

 

                            

En la foto vemos a Eladio demostrando su habilidad en el manejo de las campanas y deleitándonos con sus repiques, la pena es que sólo está durante la época estival.

En el siguiente enlace accedemos a un vídeo de youtube donde se nos muestran los diferentes toques de campana que existían antiguamente.

Humada, el lenguaje de sus campanas