Los Galeotes de 1531. Merindad de Villadiego
Autor: Alejandro Martín Ruiz 
Fecha: lun 20/08/2012

Historia de las Merindades. Transcripciones. Pág 13

El documento que presentamos relaciona los diversos lugares de behetría de la merindad de Villadiego en 1531. Enseguida salta a la vista que las diversas contribuciones de cada lugar son múltiplos de 500 maravedís. En el documento Patronato Real, legajo 93, núm. 1, aparecen los lugares de todas las behetrías y al final del documento “…ay en estos lugares según paresçió por los padrones catorce mill y seteçientos vezinos” .

 

A partir de 1508 es detectable como la contribución total de las behetrías fue de 9 millones de maravedís; sucedió que en 1508 sólo pagaron 7.387.568 maravedís; a partir de este reparto las behetrías obtuvieron por merced regia unos descuentos aproximados de 1.600.000 maravedís. Efectivamente en el año 1531 (Archivo General de Simancas, Patronato Real, legajo 93, documento 9) las behetrías contribuyeron con 7.351.955 maravedís, con lo que obtuvieron un descuento de 1.648.045 maravedís. Pues bien, si dividimos la recaudación total (7.351.955 mrs. para el año 1531) entre los 14.700 vecinos de behetrías del mismo año, obtenemos un cociente de 500 maravedís; por tanto la cabeza de pecho de las behetrías del año 1531 fue 500 maravedís, con lo que podemos calcular el número de pecheros de cada behetría.

 

 

Contribución

(mrv)

Cabeza

pecho

Vecindario

pechero

Olmos de la Picaça

8.500 500 17

Castromorca

5.500 500 11

Villalibado

12.000 500 24

Villanueva de Odra

27.000 500 54

Tarragosa (sic)

1.500 500 3

Villamayor de Treviño

14.000 500 28

Villayzán con Sordillos

43.000 500 86

Sandoval

14.000 500 28

Villalvilla

10.500 500 21

Villafernando

8.000 500 16

Villanueba de Puerta

9.500 500 19

Tapia

16.000 500 32

Rebolledo de la Torre

15.000 500 30

Castrezias

11.000 500 22

Renedo

4.500 500 9

Fuencaliente

5.500 500 11

Paúl

4.000 500 8

Quintanas de Valdeluzio

6.000 500 12

Mordilla (sic)

4.000 500 8

Solanas de Valdeluzio

5.000 500 10

Talamillo

5.500 500 11

Bustillo

5.000 500 10

Cocolina

10.000 500 20

Fuencalenteja

3.000 500 6

Hormisedo

2.000 500 4

Bruxés

5.000 500 10

Hormazuela

9.000 500 18

Quintanilla de la Presa

4.000 500 8

Fuençevil

5.500 500 11

Yzedo

2.000 500 4

La Nuez

7.500 500 15

Bovada

2.500 500 5

Villamartín

6.750 500 13.5

Alvacastro e Valtierra

6.000 500 12

Rebolledo de Villamartín

4.250 500 8.5

Humada

7.000 500 14

Corralejo

5.000 500 10

Pedrosa de Valdeluzio

2.500 500 5

Llanillo

2.000 500 4

Azedillo

3.000 500 6

Puentes

5.500 500 11

Villaute

1.500 500 3

Melgosa

4.000 500 8

Villaescobedo

2.500 500 5

Ruyparayso

1.000 500 2

TOTAL

336.500   673

 

 

 

 

 

Medio centenar de nuevos castros afianzan la historia de Las Loras

EL CORREO DE BURGOS

Revisión histórica

Los investigadores Ignacio Ruiz y Ramón Bohigas dan a conocer el hallazgo de medio centenar de castros del Bronce y asentamientos romanos en esta comarca burgalesa

23/07/2012

M. M. / Burgos

http://www.lawebdehumada.es/images/El_castro_de_la_Ulana/El_correo_de_Burgos/Conferencia_Alfonso_Bourgon.JPGLa estratégica ubicación de la comarca de Las Loras, así como la sorprendente concentración de yacimientos de la Edad de Hierro existentes en este área, quedó aún más patente esta semana tras la conferencia ofrecida en la Diputación Provincial, por los investigadores Ignacio Ruiz y Ramón Bohigas. Junto a Alfonso Bourgon, ambos han encabezado 3 años de prospección en la zona, logrando así verter más luz sobre el pasado de la provincia.


«Ahora queda el trabajo de despacho', ya que estos datos servirán para hacer un estudio exhaustivo de poblamientos, a la vez que se renovará el permiso de prospección para seguir tras el verano, y lograr más datos», avanzó el catedrático de Historia y miembro de la Academia Fernán González, Ignacio Ruiz. 
A lo largo de su ponencia, los expertos destacaron el hallazgo de varias piezas pertenecientes a diversas épocas, siendo la más antigua un chopper -una herramienta antigua de piedra tallado para darle un filo cortante- de una cronología que los expertos creen que oscila entre los 400.000 y 1,1 millones de años. Junto a ésta, la más moderna, un cobre castellano -vellón-, datado en 1636.

Pero sobre todo, centraron la atención sobre el hallazgo de más de medio centenar de castros que probaron cómo los habitantes de la zona, durante la época final del Bronce y primera del Hierro, «no sólo perseguían la labor defensiva», compartida con otros asentamientos y lugares ya conocidos y datados -como el castro de la Mesilla o el de Los Brezos de Salazar de Amaya entre otros-, «sino también la de aprovechar las riquezas naturales que la zona les ofrecía».


'Transterminancia'
Ruiz resalta así, el alto número de poblamientos existentes en el entorno observado, pero con distancias cortas entre ellos y ocupados por grupos pequeños, lo que hace pensar en poblaciones 'transterminantes' que iban de asentamiento en asentamiento según la época».

Ruiz aclara así las diferencias de éstos con los trashumantes, «ya que éstos últimos realizan desplazamientos anuales, mientras que los de los primeros son más cortos y en menores períodos de tiempo». La comarca estudiada se extiende así, en la franja de territorio comprendida entre la provincia palentina -como límite al Oeste-; Montorio y entorno de Huérmeces en la parte Este, el valle de Valdelucio como límite de acción al Norte y el entorno de las localidades de Sasamón y Villadiego al Sur.

«Una zona geográfica muy concreta y de alto valor arqueológico y estratégico, recuerda que todos ellos se hallan en la comarca de Las Loras, unos relieves que muestran hoy -como zona altas-, lo que hace muchos millones de años era en verdad la parte más baja de los valles cercanos», recordaba Ruiz. Situación que remarca el interés por ellas de estas poblaciones, lo que da lugar a la ubicación de los 50 nuevos castros hallados en espacios muy cercanos.

Asimismo, suma la presencia de estos asentamientos, a la estratégica situación de esta comarca a los pies de la cordillera Cantábrica y de los páramos del valle del Duero. «Lo que permitió a su vez un doble aprovechamiento ganadero y agrícola -al estar en dos zonas de explotación-, así como de los tajos que hicieron los afluentes del Pisuerga en Las Loras al atravesarlas de Norte a Sur».

Aprovechamiento que se repetiría tiempo después, en la Edad Media, «algo que constata el haber hallado también asentamientos de la Alta Edad Media de tipo fortificados». Uso evidentemente unido a la importancia que ya tuvo este entorno en la antigüedad como destacado eje de comunicación «como lo es hoy al contar como prueba de ello, con la presencia de la carretera de Burgos a Aguilar», recalca.
Finalmente, Ruiz remarca la importancia de los hallazgos a la hora de ubicar su relación con el momento del paso de la época indígena a la romana. «Transición muy marcada por las guerras cántabras, donde estas tierras burgalesas destacan como ubicación de campamentos romanos, en cuyas cercanías estaban los castros en los que se ha encontrado numeroso material bélico que se ha ido recuperando».

 

 

 

 

Autor: Alejandro Martín Ruiz  Fecha: mié 13/03/2013

En el año 1496, Gonzalo de Lucio hacía donación  o manda al monasterio de Nuestra Señora del Brezo de una fanega de trigo anual y perpetua, pagadera por él o los sucesores en la propiedad del Esnegal, situada en el barrio de Lucio (Barrio Lucio) de la merindad de Villadiegomanda ofrecida para alumbrar la lámpara  de Nuestra Señora  y alivio de sus pecados.

En junio del año 1584, el monasterio citado demandaba a ciertos vecinos de Escuderos de Valdelucio, propietarios del prado en aquel año, porque debían la fanega anual de los últimos 48 años, desde el año 1536 incluído no habían pagado. La parte del monasterio del Brezo presentó como prueba la donación de puño y letra de Gonzalo de Lucio. Por una sentencia definitiva de la Chancillería de Valladolid, de febrero de 1585, y su carta ejecutoria de mayo de 1585, los vecinos de Escuderos de Valdelucio fueron condenados a pagar las 48 fanegas atrasadas y la anual perpetuamente.

En mayo de 1535, el prior de Nuestra Señora del Brezo se desplazó a Villegas (merindad de Castrojeriz), lugar muy próximo a Villadiego; ante el escribano del lugar presentó la escritura de donación y ratificación de la  misma;  para ratificación de la firma de Gonzalo de Lucio , el prior recurrió a testigos, uno de éllos de Villegas, que le habían conocido, y corroboraron que la firma y letra del documento pertenecía al dicho Gonzalo de Lucio.

Aunque de la titularidad sobre el prado del Esnegal, situado en el barrio de Lucio, no puede deducirse claramente la titularidad sebre el señorío de Barrio Lucio, por parte de Gonzalo de Lucio, hay muchas razones para pensar que el Gonzalo de este documento y el que aparece como señor de Barrio Lucio en 1488(1) son la misma persona.

Nosotros pensamos que el barrio de Lucio fue un barrio de La Riba (uno de los trece lugares de Valdelucio), y que la totalidad del barrio conformó el señorío de Barrio Lucio; la ausencia de Barrio Lucio en el Becerro quedaría así justificada, quedando la entidad poblacional de Barrio Lucio incluída en La Riba. La limitada población de Barrio Lucio (tres renteros en 1600) invita a inluir este núcleo dentro del más proximo, La Riba, aunque también éste de escasa población (seis vecinos en 1588). Por otra parte, es lógico que el linaje de los de Lucio tuvieran sus propiedades, además de en las merindades de Aguilar y Castrojeriz, en los lugares del valle de Valdelucio, donde su presencia como señor de behetría (Solanas) o naturales es preeminente. Siendo señores o naturales, las heredades del linaje pasarían desde tiempos del Becerro hasta finales del xv. Gonzalo de Lucio, señor de Barrio Lucio en 1488 tuvo que recibir este señorío como continuador del linaje. Cuando antes de 1580, Cristóbal de Monterrey compró el señorío a Fernando Ruiz de Castro, vecino de Burgos y de Celada del Camino, compró un término redondo (completo ) limitado por otros lugares del Valle; queremos decir que el señorío limitaba en sus confines con términos concejiles nítidos de otros lugares, incluídos los de La Riba; que el término del señorío ocupaba el término de todo elbarrio de Lucio. Además en la compra se incluían heredades en Corralejo, Llanillo, Villaescobedo, Quintanas, Escuderos, Solanas, y La Riba: para nosotros las naturalezas que el linaje presenta en el Becerro (2).

El mismo Gonzalo de Lucio afirmaba en su donación que  el prado del Esnegal se ubicaba en el barrio de Lucio: en un barrio, aunque el barrio completo configurara un señorío. El barrio pudo recibir aquel nombre por la proximidad del río Lucio y/o por el apellido de los titulares del barrio-señorío. Así pues, siendo Gonzalo de Lucio en 1496 dueño del Esnegal, una parte del barrio de Lucio, y confirmando todo el barrio un señorío, el mismo fue señor de todo el barrio o del señorio de Barrio Lucio. Además, no tenemos por qué desconfiar de que el señor de 1488 y el de 1496, con el mismo nombre, y tan poco distantes en el tiempo fueran personas diferentes.

El documento relata que en el año 1535, el prior de Nuestra Señora del Brezo acudió a Villegas (merindad de Castrojeriz), para corroborar la firma de Gonzalo de Lucio; firma que fue confirmada por vecinos de Villegas y comarcanos que le conocieron. La presencia de este linaje en dicho lugar es constatable en el XIV, XV y XVI; Gonzalo González de Lucio y su hermano Juan Rodríguez de Villegas aparecen juntos como naturales (Becerro) en Solanas, Quintanas y La Riba, lugares de Valdelucio. En la merindad de Castrojeriz nos encontramos con estos dos personajes en Pedrosa del Páramo (diviseros de infurción ), Villegas (señores electivos),  Villamorón (señores electivos ) e Hinestrosa. En este caso el lugar conformaba tres solariegos: de Juan Rodríguez de Villegas, de Gonzalo Gonzáles de Lucio su hermano y del ínclito Juan Fernández de Hinestrosa. Así, la relación de Gonzalo González de Lucio con el lugar de Villegas, y con otros de la merindad de Castrojeriz es clara. Fue conocido en este lugar (XV) porque vivió y/ o tuvo propiedades en él. Los que le conocieron en el lugar confirmaron la firma de la donación. Luego Gonzalo de Lucio (XV) estaría presente en Villegas como continuador del linaje del XIV. De igual manera pensamos que Gonzalo de Lucio (XV) es el continuador del linaje en Barrio Lucio.

Pocos años antes de la fecha de la donación (1496), en el año 1480 (3), García de Medina vecino de Villadiego, estando en el lugar de Villegas, ante una agresión de la mayor parte de los vecinos del lugar, temiendo por su vida, tuvo que acogerse en la casa de Gonzalo de Lucio. Pensamos que el Gonzalo señor de Barrio Lucio (1488), el de la donación (1496), y el defensor de García de Medina (1480) son la misma persona. Probablemente, un Gonzalo de Lucio casado con María de Medina, vecinos de Villadiego, padres de Francisco de Lucio, que pasó a América en 1538, fuera hijo del citado (1480,1488, 1496) (4). Recordemos que los vecinos de Escuderos habían dejado de pagar la fanega anual al monasterio del Brezo, antes del mes de mayo de 1535; Francisco de Lucio pasó a América en 1538; quizá por estos años tuvo lugar la venta del Esnegal a los vecinos de Escuderos, y la del señorío de Barrio Lucio a Fernán Ruiz de Castro. Necesitamos nuevos documentos.

 

 

 

Autor: Alejandro Martín Ruiz  Fecha: vie 22/03/2013

Contemplamos el testamento de Catalina Alvarez, mujer que fue de Cristóbal de Monterrey, señores que fueron de Barrio Lucio en la merindad de Villadiego, cuadrilla de Valdelucio y Valdehumadas; el testamento fue otorgado en el año 1600, existiendo otro anterior del año 1589; esta vez otorgado conjuntamente por el matrimonio: Catalina Alvarez y Cristóbal de Monterrey.

El señorío de Valdelucio ya pertenecía a los citados en 1580; en el pleito del valle de Valdelucio con el Condestable sobre la jurisdicción del Valle, declaraba Juan González, vecino de Escuderos, que los lugares del Valle pertenecían a la Corona (behetrías), “hezeto que el dicho lugar que dizen Barrio de Luçio tiene çierta manera de señorío Christóbal de Monterrey, vezino de Aguilar …”(1).

Según declaración de la propia Catalina Alvarez en su testamento, élla y su marido compraron el señorío de Barrio al licenciado Fernando Ruiz de Castro, vecino de Burgos y de Celada del Camino, pero desconocemos en que fecha. Este hecho nos sugiere una dilatada línea de investigación: desde Fernando Ruiz de Castro (siglo XVI) hasta Gonzalo González de Lucio (siglo XIV). Además, el texto invita a profundizar en la investigación del señorío de Barrio Lucio, y del linaje de los de Lucio.

En un trabajo anterior, observable en esta misma página (2), aportábamos la fecha más antigua que conocemos sobre el señorío de Barrio Lucio; en 1488 bajo la titularidad dominical de Gonzalo de Lucio. A lo largo de nuestro período objeto de estudio, y en fechas anteriores, el apellido toponímico de Lucio fue notablemente frecuente en gran parte de la Corona de Castilla, y especialmente en las merindades de Villadiego, Castrojeriz y Aguilar.

En el año 1146, Alfonso VII donaba a don Nuño Pérez de Lara el alfoz de Gama; en el documento, entre otros lugares, aparecen citados cuatro de la merindad de Villadiego: la Rebolleda, Castrecías, Monegro y Rebolledo; lugares adyacentes por el Este con el valle de Valdelucio. Suscribieron el documento Ferrant Ruiz, señor de Ibia, Gonzalo Martín en Becerril[del Carpio] y Gonzalo Díaz en Lucio. El alfoz de Ibia adyacente a Valdelucio, Becerril muy próximo, y Lucio que se nos presenta como una plaza militar, cuya ubicación más probable estaría en Valdelucio. Tres personajes que fueron señores o tenientes de tres lugares o fortalezas militares; luego Lucio, en estos años, fue un lugar o una fortaleza militar. Los testigos del documento fueron tenientes militares, ubicados en tenencias próximas a los lugares objeto de la donación(3).

En el año 1228, Orembiax, condesa de Urgel, vendía a la orden de Santiago sus propiedades en Villahán (merindad de Cerrato); entre los testigos Ruy González hijo de Gonzalo Ruiz de Lucio, y Rodrigo Rodríguez hijo de Ruy González de Lucio(4). Lo lógico, en este caso, es que los miembros de este linaje aparecieran como testigos por pertenecer a un estatus de notables.

En el año 1233, Elvira Ruiz, hija de Ruy González de Lucio, donaba al monasterio de Villamayor de Treviño (merindad de Villadiego) todas sus posesiones en Quintanilla de An (merindad de Aguilar de Campoo)(5). En esta Merindad, adyacente a la de Villadiego y al valle de Valdelucio, los de Lucio tuvieron una representación relativamente importante, tanto en el solariego como en las behetrías. La donación de esta persona notable contó como testigos, entre otros, con un clérigo de Arenillas y otro de Villalibado, lugares de la merindad de Villadiego; parece que la influencia del linaje en las dos merindades fue relativamente importante.

También nos encontramos con este linaje en el estamento eclesiástico; así, en el año 1323, el cabildo de la catedral de Burgos daba poder al canónigo Gonzalo González de Lucio para recibir los maravedís que correspondían al Cabildo en elsalín de Avilés y en la judería de Valencia(6).

Los dos documentos siguientes corroboran nuestra opinión sobre el término Lucio. Además de conocer a estas alturas que es un apellido toponímico, el mismo término sirve para denominar a un lugar concreto: el castillo de Lucio. Su ubicación más natural en Lucio; para nosotros en Valdelucio. También pudo ser el solar de este castillo y sus proximidades, la base física del señorío de Barrio de Lucio.

Volviendo a los documentos citados, en el año 1335, Alfonxo XI mandaba a Lope Díaz de Rojas que restituyera a Garcilaso de la Vega II sus casas fuertes y castillos ocupados por aquél a la fuerza y sin razón: el castillo y casa fuerte de Rojas, la casa fuerte de Santibáñez de Zarzaguda, la casa fuerte de Rebolledo, y el castillo de Lucio(7). Es evidente que Rojas, Santibáñez, Rebolledo y Lucio son y fueron lugares. Tan sólo tres años más tarde, en 1338, tenía lugar la partición de los bienes de Garcilaso de la Vega I; entre varios bienes, Garcilaso II recibió el castillo de Lucio y la casa de Rebolledo(8). Es lógico pensar que el linaje de los de Lucio, con apellido toponímico de Lucio, tuvieran varias naturalezas (heredades), y un solar en el que el linaje comenzara su andadura, con su torre, heredades, escudo de armas, …, y este solar tuvo que estar en algún lugar de Lucio o en el valle de Lucio o en Valdelucio, para nosotros todo lo mismo: una extensión geográfica, cruzada por el río Lucio, en la que se ubicaban los trece lugares del Becerro, que más tarde conformaron la cuadrilla de Valdelucio.

Después de estos dos documentos perderemos toda la pista sobre el castillo de Lucio. Quizás, habiendo caído Garcilaso II en la ira de Pedro I, quien ordenó su muerte (1351), el castillo de Lucio fue destruído. Lo cierto es que en el Becerro no aparece ninguna referencia al mismo.

Así, llegamos al año 1352, año de la confección del Becerro documento en el que la presencia de los de Lucio es notable. En el Becerro, el linaje de los de Lucio aparece personificado por Gonzalo González de Lucio y por su hermano Juan Rodríguez de Villegas; en algunos casos el linaje no viene representado por persona concreta, sino bajo el genérico apellido toponímico del linaje: los de Lucio. Pues bien, la presencia del linaje en los trece lugares de la comarca de Valdelucio es total.

Atendiendo a los repartos de los galeotes, tributo exclusivo de las behetrías, y fijándonos en el valle de Valdelucio, podemos comprobar que la presencia de los trece lugares del Valle es constante en los citados repartos desde el año 1508 hasta el año 1646, con las excepciones de Barrio de Lucio, La Riba y Escuderos. El caso de Barrio Lucio no ofrece ninguna duda: siempre fue un señorío de solariego; en el caso de La Riba tenemos diversas noticias sobre la influencia que el señor de Barrio Lucio ejercía especialmente en el lugar de La Riba, próximo al señorío de Barrio Lucio, y en el caso de Escuderos el lugar no sufría el reparto de los galeotes,  porque todos sus habitantes se consideraban hidalgos(9). En principio, lo anteriormente expuesto nos inclina a pensar que las libertades de las behetrías estaban muy consolidadas en esta comarca, y aguantaron los embates señoriales durante varios siglos después del Becerro. Contrariamente a la erosión que sufrieron la behetrías en general, el valle de Valdelucio  para nuestro período de estudio (1352-1556) mantuvo sus libertades en gran medida, y el peso señorial en los diversos lugares no pudo ser importante. Esto último, es lo mismo que decir que los señores de behetrías no tuvieron grandes heredades (propiedades) en los diversos lugares. Sería en Barrio Lucio (una propiedad dominical) y en La Riba donde los Lucio-Villegas tendrían más peso como propietarios (naturales) y como feudales. Por otra parte, sabemos que los señores de Barrio Lucio eran los titulares de heredades en diversos lugares del Valle, que posteriormente pasarían en el siglo XVI a los diversos titulares del señorío de Barrio Lucio: los Castro y los Monterrey. Esto último nos inclina a pensar que las naturalezas de los Lucio-Villegas y del resto de los naturales consistían en heredades en los diversos lugares del Valle. Por tanto, si eran propietarios, que parece que lo eran, percibirían la infurción como naturales. En los escasos lugares en los que aparece un señor singular (Gonzalo González de Lucio en Solanas, Lope Díaz de Rojas en Mundilla), no se trataría de un señor singular fijo, sino del natural con más peso económico e influencia política en el lugar; el resto de los naturales tendrían sus heredades (naturalezas) y su influencia política en los lugares, pero a menor nivel que los señores singulares citados.

En el caso de Solanas fue Gonzalo González de Lucio el señor singular; el resto de los naturales, pertenecientes a la nobleza regional y comarcal, también tendrían sus heredades o naturaleza. La infurción sería recibida por el señor singular pagada por un grupo mayoritario de labradores, y diversos grupos más pequeños pagarían tal tributo al resto de los naturales. Así, nos encontraríamos con varios señores singulares en una instantánea del lugar y del momento, un señorío singular múltiple. Constituye este lugar de Solanas una excepción pues es el único en el que los naturales perciben (aparte de la infurción) una aportación monetaria (un tercio de maravedí por cada natural). En Mundilla, el señor singular de mayor peso fue Lope Díaz de Rojas. Los naturales percibían también la infurción. El texto refleja que la infurción la pagan “al sennor cuyos vasallos son”.Lectura que nosotros interpretamos como al señor elegido por cada grupo de labradores. En el caso de Pedrosa, los labradores pagaban la infurción “al sennor del lugar”. Parece en este caso que solo habría un señor en el lugar: señorío singular simple. ¿Pero qué percibían los Delgadillo, Lucio, Rojas y Ormicedo? No tiene sentido que los naturales no percibieran ninguna infurción ni naturaleza; por tanto probablemente llegaran a un acuerdo entre éllos: un solo señor singular por cada período electivo, con lo cual todos saldrían elegidos, en un momento o en otro, cobrando así la infurción.

En los diez restantes lugares del Valle (Berzosa, Fuencaliente, Quintanas, La Riba, Corralejo, Villaescobedo, Cubillas, Llanillo, Paúl y Renedo), no aparece un señor singular o personalizado; sólo aparecen naturales, y éstos no cobran la tasa divisera; recordemos que este caso sólo se da en Solanas, en que cada uno de los naturales cobraba una tercia de maravedí. Es evidente que no habiendo señor singular, y no cobrando tasa divisera alguna, eran los naturales los que cobraban la infurción. La infurción es una percepción económica, un tributo feudal, correspondiente al señorío ejercido por los naturales sobre la behetría en cuestión. Entonces, varios naturales significaron varios señoríos simples sin personalizar, cuyos señores cobraban la infurción. Algo similar a lo que entiende, en estos casos, el profesor CARLOS ESTEPA DIEZ(10). En estos diez lugares, siguiendo el texto del Becerro, la infurción se pagaba al señor; únicamente en el caso de La Riba el texto varía ligeramente “dan al sennor cuyos son por infurçión …” Nosotros entendemos que en ambos casos, dar al señor y dar al señor cuyos son, el pesquisidor quiere transmitir la misma idea: que pagaban la infurción al señor de quien eran vasallos. ¿Cuántos señores habían en cada behetría?: Tantos como naturales. Omitida la presencia de un señor singular, no queda alguna duda. Los labradores se organizarían en diversos grupos, de mayor o menor cuantía, y contribuirían a un natural o a otro u otros. Lo que el profesor CARLOS ESTEPA DIEZ define como señorío singular múltiple. Dentro de este formato de señorío, cuando un natural sobresalía sobre el resto, por su peso económico o su influencia política, el personaje aparece singularizado. Cuando hay muchos naturales en la behetría, y ninguno sobresale sobre el resto, habría varios señores singulares en abstracto: los naturales. Otra prueba más del peso del linaje de los de Lucio-Villegas es cierta preeminencia en su posición en la relación de los textos: Gonzalo González de Lucio siempre es relacionado en el primer lugar de los naturales, salvo en Fuencaliente que lo es en segundo lugar. Los restantes naturales fueron: los de Lomas, Porres, Lope Díaz de Rojas, Gutiérrez Fernández Delgadillo y Juan Rodríguez de Villegas; la nobleza regional representada por los Rojas y Lucio-Villegas; la nobleza comarcal por los Porres y los Delgadillo.

El ejercicio del señorío singular o de la naturaleza conllevaba el derecho de percepción de la infurción: seis celemines de trigo y seis de cebada pagaban los labradores que tenían un par de bueyes; aquellos que sólo tenían un buey tributaban la mitad del cereal; en algunos casos, no teniendo ningún buey de labranza, el tributo era de dos celemines. Teniendo en cuenta la escasa densidad demográfica de todo el valle de Valdelucio(11), y el momento de infortunio demográfico (1352), quizás ninguno de los lugares superara los ocho vecinos, y la mayoría ni la mitad de esta cifra. Tan escasa tributación repartida entre varios naturales resultaría de una notaria precariedad para éstos. Las aspiraciones de estos naturales, caballeros de una nobleza media regional, comarcal o local, sólo podían ser satisfechas acumulando derechos en el mayor número posible de behetrías; este es el caso de los de Lucio-Villegas, cuya influencia superaba el ámbito de la comarca de Valdelucio; así, los encontramos con frecuencia en las merindades de Aguilar y Castrojeriz. A más naturalezas, señoríos singulares, o solariegos más derechos económicos. Pero las aspiraciones de esta nobleza media no terminaban aquí; seguían acumulando derechos económicos por sus servicios a la Corona: en la Corte, capitanes militares de fortalezas o castillos, comendadores de las órdenes militares, …todo lo cual es comprobable cuando se estudia la historia del linaje de los de Lucio-Villegas.

En la merindad de Aguilar, el linaje de los de Lucio aparece representado por Gonzalo González de Lucio, su hermano Juan Rodríguez de Villegas y por el toponímico general del linaje: los de Lucio(12). La conjunción de los de Lucio-Villegas permitió a los dos linajes una notable expansión territorial, y un ascenso en la escala nobiliaria: de una nobleza comarcal a otra regional. Hay varios registros del Becerro que prueban el hermanamiento de Gonzalo González de Lucio y Juan Rodríguez de Villegas: en la merindad de Aguilar, los correspondientes a Quintanilla de Enmedio, Arcera, los Riconchos y Aroco; en la merindad de Castrojeriz: Hinestrosa, Villegas y Villamorón.

En treinta behetrías de la merindad de Aguilar hemos detectado la presencia de los de Lucio-Villegas. Concluir sobre el nivel del ejercicio del poder por parte de los naturales, resulta difícil, y detrás de esta dificultad están el hermetísmo, la ambigüedad y la vaguedad propios de los textos medievales.

La behetría de Lanchares constituye una excepción. Coexistieron a la vez en el lugar dos solariegos (de Gonzalo González de Lucio y del obispo de Burgos) y una behetría; en ésta Gonzalo fue el único natural. En el solariego propio fue el único señor; naturalmente con derechos económicos y de vasallaje superiores en el solariego. En este caso el único natural es Gonzalo González de Lucio, y a la vez señor singular. Por tanto, la ausencia de más naturales implicaría que el lugar conformó un señorío singular simple, con un único señor o natural.

Los casos de Camesa y Quintanilla de Enmedio también constituyen una singularidad. Camesa fue una behetría conformada por un abadengo y una behetría. En la behetría el poder señorial (naturales) era ejercido por dos señores singulares: Gonzalo González de Lucio (nobleza regional) y Lope Rodríguez de Villalobos (alta nobleza o magnate); como naturales los de Villalobos y Juan Rodríguez de Villegas, con tasas diviseras superiores para los de Villalobos. La infurción la cobraba “el sennor cuyos vasallos son …”. Lope Rodríguez de Villalobos percibía la martiniega por cesión real. En cuanto a la infurción creemos que fue cobrada por los diversos naturales, de los cuales sobresalieron por su importancia y poder Gonzalo González de Lucio y Lope Rodríguez de Villalobos. Este último personaje que acaparaba martiniega, infurción y tasa divisera pudo configurar en su dominio particular del lugar casi un señorío de solariego. Aunque creemos que la behetría conformó un señorío singular múltiple, con una importancia mayor de los grupos de labradores de Gonzalo González de Lucio y Lope Rodríguez de Villalobos sobre el resto. En el caso de Quintanilla de En medio los labradores eran vasallos de Juan Rodríguez de Villegas y de Gonzalo González de Lucio. Un labrador prestaba vasallaje a la orden de San Juan. La ausencia de naturales en este registro simplifica mucho las cosas: la infurción se pagaba”al sennor cuyos vasallos son”. Por tanto, un grupo de labradores era vasallo de Juan Rodríguez de Villegas y otro de Gonzalo González de Lucio; ejercicio del poder que puede configurarse como una behetría de linaje.

En un grupo de cinco behetrías (Henestrosa de las Quintanillas, Llano, Quintanamanil, Renedo y Arroyo) la infurción, derecho económico determinante a la hora de definir a los naturales o al señor singular, según la instantánea del momento correspondía a un señor singular (Gonzalo González de Lucio, Sancho Díaz de Bustamante, o Juan Rodríguez de Villegas)  “o al sennor cuyos vasallos son”. Una lectura del caso puede ser la siguiente: un grupo mayoritario de labradores del lugar era vasallo del señor singular (vg. Gonzalo González de Lucio); éste tenía mayor peso en la behetría. Otros grupos menos numerosos de labradores prestaban vasallaje (infurción) a otro u otros señores de menor poder, señores que eran naturales del lugar: un señorío singular múltiple. La conjunción disyuntiva “o” la interpretamos en el sentido de diferencia, no en el de equivalencia: en el mismo año la behetría presentaba varios vasallajes; a Gonzalo González de Lucio, o a otro natural (un Villegas, otro Lucio, un Serna), no un único vasallaje. Desestimamos un señorío singular único y la rotación en este señorío entre los diversos naturales, porque éllo implicaría que el natural sólo cobraría la infurción en el año elegido; con mucha más razón cuando es la infurción el único derecho económico potencial, por la ausencia de la tasa divisera en estas behetrías.

Adyacentes al embalse del Ebro (Bimón, Las Rozas y Villanueva de Arroyo), o sumergidas en él (Quintanilla de Valdearroyo y Medianedo), nos encontramos con estas cinco behetrías, en las que el Becerro omite la información sobre los derechos señoriales, del señor singular y de los naturales. Somos partidarios de incluir este grupo como un añadido del anterior por las siguientes razones: todos los lugares están muy próximos entre sí, geográficamente y en los registros delBecerro; en éste están próximos a lugares de los que conocemos los beneficiarios de la infurción: “un sennor singular, o al sennor cuyos vasallos son” en unos casos, y en otros“un sennor singular, y al sennor cuyos vasallos son”. Los naturales no perciben tasa divisera. Los señores singulares siempre coinciden: Gonzalo González de Lucio, o su hermano Juan Rodríguez de Villegas; los naturales también: de Lucio-Villegas, los de Porres y los de Bustamante. Igual sucede con sus próximos geográficos y en el Becerro. Así, nos inclinamos por el señorío singular múltiple, a excepción del caso de Medianedo: una behetría entre parientes (Lucio-Villegas).

Tenemos un grupo de cinco behetrías en las que explícitamente aparece el señor singular:Celada-Marlantes (Lope Rodríguez de Villalobos), La Costana (Sancho Díaz de Bustamante).La Loma (Gonzalo González de Lucio), La Población(Sancho Díaz de Bustamante) y La Aguilera (Juan Rodríguez de Villegas); como naturales los Villalobos, Lucio-Villegas, Porres, Hoyos, Bustamante, Serna. La primera singularidad que constatamos es que sólo en el caso de Celada los naturales cobran tasa divisera: como siempre los Villalobos (magnates) una tasa superior al resto de los naturales. En el resto de las behetrías sólo perciben los señores la infurción. Este tributo que en el texto del Becerro aparece dentro del apartadoDerechos de los sennores queda reflejado según los siguientes textos: pagan la infurción cada uno al señor cuyos vasallos son, o en otros casos cada solar al señor cuyos vasallos son, o cada vasallo a su señor. Estos textos nos llevan a pensar con muy poca duda que en cada behetría había varios señores o naturales, además del señor singular. Estaríamos una vez más en el señorío singular múltiple. Si las proposiciones al señor cuyos vasallos son o cada vasallo a su señor significaran un único natural o señor por cada behetría, este señor singular sería fijo o sustituído cada año. Tanto en un caso como en otro, los naturales no percibirían cosa alguna en muchos años; lo cual nos parece que no lo permitirían. Al respecto no podemos olvidar que salvo en Celada-Marlantes, la única percepción de los naturales era la infurción.

Dentro de esta diversidad en la presentación de los registros del Becerro encontramos un grupo de siete behetrías que no presentan señor singular; el nivel de poder que pudiera existir en cada behetría sólo es ejercido por naturales. En un subgrupo de tres behetrías (La Riba, San Andrés de Valdelomar y Castrillo de Valdelomar) los labradores pagaban la infurción“al sennor cuyos vasallos son”. Otra vez nos inclinamos hacia el señorío singular múltiple, ejercido por varios naturales. Quizás una atomización grande en grupos pequeños de vasallos labradores, crearía un equilibrio de poder entre los naturales, de los que no sobresaldría ninguno. Otro subgrupo de cuatro behetrías (Corriello (Villasuso), Los Carabeos, Los Riconchos y Aroco) tampoco presenta señor singular. Pero ahora los naturales no perciben infurción, sólo perciben una divisa: los del linaje Villalobos seis maravedís a cada divisero o natural; los de Lucio-Villegas dos maravedís a cada uno. En el caso deArcera, con los mismos naturales (Villalobos, Lucio-Villegas, Porres y Hoyos) y la misma tasa divisera: seis maravedís para cada uno de los Villalobos, y dos para cada uno de los naturales restantes sólo encontramos una diferencia respecto al subgrupo anterior: fueron vasallos de Lope Rodríguez de Villalobos, pero no existe percepción por el señorío singular, pues tanto Lope Rodríguez de Villalobos como el resto de los naturales sólo perciben la tasa divisera.

Existen tres lugares (Mata de Hoz, Reinosilla y Espinosa) muy singulares: el mismo señor singular en los tres lugares (Gonzalo González de Lucio), y los mismos naturales (los de Villalobos, Lucio-Villegas y Serna); los naturales no perciben sus derechos de naturaleza; la martiniega (tributo genuinamente real) aparece cedido a Lope Rodríguez de Villalobos (Mata y Espinosa) y a Lope Rodríguez de Quijada (Reinosilla). El mismo Lope Rodríguez de Villalobos percibe en Mata la infurción (cereal) y el humazgo (cuatro dineros) por solar poblado. ¿Qué percibía Gonzalo González de Lucio el señor singular? ¿Qué percibían el resto de los naturales? No desconocemos que los Villalobos pertenecían a la alta nobleza, magnates o ricos hombres. Pero es imposible que el señor singular y los naturales no percibieran algo. En Reinosilla y Espinosa, aparece el humazgo sin asignar. Pero también es posible que lo recibiera Lope Rodríguez de Villalobos y Lope Rodríguez de Quijada.  Sólo se nos ocurre, dejando aparte la martiniega, que tanto el señor singular, como los naturales, recibieran sus prestaciones de grupos de labradores; el humazgo cumpliría la función de la infurción que los labradores pagarían por grupos a los diversos naturales; sobre éstos sobresaldría Gonzalo González de Lucio por recibir vasallaje de un grupo de labradores mayor que el de los Serna.

El caso de Mataporquera parece confirmar lo dicho para el grupo anterior. El señor singular era Lope Rodríguez de Villalobos, que percibía la martiniega del lugar y la infurción: “dan por infurçión al dicho Lope Rodriguez o al sennor cuyos vasallos son…”.  El texto sugiere que en el lugar otro señores también percibían la infurción. La tasa divisera que percibía cada uno de los Villalobos era de seis maravedís, y cada uno de los Lucio-Villegas dos maravedís y terçia.

El seguimiento del linaje de los de Lucio-Villegas implica el estudio de un mayor número de documentos, por lo que precisa y merece un trabajo de mayor extensión. Del seguimiento del linaje podemos obtener información para explicar en las merindades de Villadiego, Aguilar de Campoo y Castrojeriz muchos conceptos básicos de lo que fue la Baja Edad Media castellana. Entre los personajes de este linaje destacaron: el tantas veces citado Gonzalo González de Lucio, personaje representativo de la nobleza regional castellana; este mismo personaje puede ser seguido como capitán militar al servicio de Pedro I (1350-1369); capitán que cambió de bando al final de la Guerra Civil. Un Juan de Lucio obtuvo el señorío de Villusto de Juan I (1379-1390). Una Constanza de Lucio, casada con Pedro Alvarez de Castro, pudo estar en el origen de la razón por la que después de Gonzalo de Lucio el señorío de Barrio Lucio pertenecía a Fernando Ruiz de Castro en el siglo XVI. El linaje ofrece tres miembros pertenecientes a las órdenes militares: Martín González de Lucio en tiempos de Enrique III (1390-1406) comendador de la orden de Santiago; Juan de Lucio (1445-1472) comendador de Calatrava y Gonzalo de Lucio (1466-1482) también comendador de Calatrava. Posteriormente nos encontramos con Gonzalo de Lucio, señor de Barrio Lucio a finales del siglo XV y también vecino de Villegas. Y finalmente en varios expedientes de hidalguía nos encontramos con el apellido a principios del siglo XVI en Briviesca, Palacios de Benaver …

 

 

 

 

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Autor: Alejandro Martín Ruiz  Fecha: jue 28/02/2013

Los despoblados de los siglos XIV y XV fueron la secuela de una crisis que afectó a toda la corona de Castilla, crisis que costó un siglo en ser recuperada, y que en algunos casos, como en el que nos ocupa, supuso la desaparición definitiva de varios núcleos poblacionales.

La behetría de Verçosa subsistía en 1352 a pesar de la crisis, y elegía como sus señores a Gonzalo González de Lucio o a los de Lomas (1). El documento que ahora presentamos nos informa de que el lugar se despobló hacia 1480; el lugar junto con Solanas, La Riba y Corralejo disfrutaba de un territorio común, utilizado en una mancomunidad de pastos. Cuando el lugar se despobló, los vecinos de los otros tres lugares se hicieron con las propiedades particulares de los antiguos habitantes de Berzosa, y los terrenos comunales del depoblado fueron disfrutados por los tres concejos citados.

Volviendo al Becerro, Gonzalo González de Lucio aparece como señor singular (electo fijo) en Solanas; en Berzosa como señor elegible junto con los de Lomas; en la Riba como señor elegible; igual que en Corralejo. Las cuatro behetrías pertenecientes al patrimonio real, nada o muy poco tienen que ver con los lugares de solariego. Seguramente, el Gonzalo de Lucio que aparece como señor de Barrio Lucio (solariego) fuera un descediente del Gonzalo del Becerro. Lo cierto es que el señor de Barrio Lucio en 1488 procuraba anexionar Berzosa a Barrio, percibir las rentas de su tierra y cobrar alcabalas. De hecho, como en otras ocasiones, los términos de la behetría despoblada fueron ocupadas por las behetrías adyacentes, la población del despoblado se repartió entre éstas, y las cargas fiscales lo mismo. Esto último es observable en Tudanca respecto a Villadiego, La Mora, …

Don Gonzalo Martínez Díez(2) ubica este despoblado a 1.100 metros al Este de Barrio Lucio, lindando con el camino que conduce de Barrio Lucio a Corralejo, en el lugar cartografiado como Fuentecuevas.

Aunque seguramente nunca conoceremos gran cosa sobre este despoblado, atendiendo a lo que conocemos sobre los lugares que lo absorbieron, su extensión geográfica y su volumen demográfico no pudieron ser relevantes. En primer lugar, conocemos por la declaración de Juan de Cejancas (merindad de Aguilar de Campoo), en el pleito de San Mamés de Abar contra el Adelantado Mayor de Castilla y su merino, según declaraciones del año 1538, en las que el interrogado (70 años) recordaba hechos de hasta 50 años (1488), que los lugares de Valdelucio eran trece, y ya no aparecía Berzosa: “Barrio de Luyzio e la Riba e Escuderos e Quintanas e Renedo del Escalera e Paur e Matilla e Fuencaliente e Villaescobero e Llanillo e Moguilla [Mundilla]e Pedrosa e Corralejo”.(3). Este testigo vivió en Barrio Lucio, cuyo señor pretendía anexionar el despoblado de Berzosa. Extraña que no aparezca Solanas en esta relación, cuando para esos años ya está relacionado el lugar en la data de las alcabalas y tercias de los años 1492, 1493 y 1494(4).

Con una población de los lugares anexionistas muy reducida a finales de la Edad Media, pequeños tuvieron que ser los términos y mínima la población anexionados (Berzosa).

Poblacion del valle de Valdelucio(5)

 

1531

1588

1597

1646

1651

1695

1712

Solanas

10

12

11

8

4

4

3

Barrio Lucio

 

5(1600)

       

5

La Riba

 

6

         

Corralejo

10

14

6,5

10,5

4

3

3,5

Escuderos

 

12

13(1594)

     

7,5

Quintanas

12

23

20,5

20

8

8

11

Renedo

8

11

11

11

5

8

8,5

Paul

8

14

12

10

4

8

5

Fuencaliente

11

24

15

24

6

14

8,5

Villaescobedo

5

10

9

8,5

2

6

6

Llanillo

4

16

13

8

2

4

4

Pedrosa

5

15

8

7,5

4

6

4

Mundilla

8

16

15,5

10,5

3

6

5,5

En un pleito sobre la herencia de Cristóbal de Monterrey y Catalina Alvarez, señores que fueron de Valdelucio, refiriéndose al testamento de ésta (31 de enero de 1600), podemos leer(6): “que derecho se requería, y los testigos del heran vezinos de los lugares e barrios que deçían La Riba, Escuderos, Corralejo y Arçellares que heran y estaban todos dentro de media legua, a muy poco trecho apartados de Barrio de Luçio, donde se había otorgado el dicho testamento. El qual dicho barrio y los demás otros diez o doçe [trece en total]barrios e lugares que se deçían del balle de Baldeluçio heran todos una hermandad de conçejo e se gobernaban por unos mesmos alcaldes [de la Hermandad]e regidores. E ansí quando fuera neçesario, que no hera, que los dichos testigos bastaba ser del dicho balle y ermandad, por ser todo un Conçejo, e no aber, como no abía, en el dicho barrio de Luçio al tiempo e quando se abía hecho el dicho testamento, ni después acá, más de sólos tres vezinos, fuera de la dicha Catalina Albarez e sus hijos e nietos, que ninguno podía ser testigo por el ynterés que les yba en el dicho testamento, …” El texto, además de revelar la población de tres-cinco vecinos para Barrio Lucio en 1600, perfila cuatro barrios, muy próximos entre sí: Barrio Lucio, La Riba, Escuderos y Corralejo; es decir, con muy pequeño término y en consecuencia una mínima población, aspecto visible en el cuadro que se adjunta. Pequeños términos y poblaciones para los barrios anexionistas, pequeños término y población del anexionado (Berzosa). En otro momento abordaremos la singularidad del Concejo o Hermandad del Valle de Valdelucio.

El pleito del valle de Valdelucio contra el Condestable sobre la jurisdicción en el mismo también aporta datos interesantes(7). Las declaraciones que aportamos tuvieron lugar en el año 1580. Juan González nos informa de los trece lugares que conformaban el Concejo o Hermandad, que todos los barrios eran de la Corona (beherías), salvo Barrio de Lucio que era un señorío de Cristóbal de Monterrey, vecino de Aguilar de Campoo, que Quintanas era la capital de valle donde se reunían las juntas, que ninguno de los barrios llegaba a treinta vecinos y que Escuderos, La Riba y Barrio Lucio eran lugares pequeños y de pocos vecinos. Simón Fernández concretaba mucho más respecto a la población: “… dixo que el lugar que más veçinos tiene tendrá veyntidos veçinos poco más o menos, y esto sólo en un lugar, y los demás tienen menos veçinos porque son pueblos muy pequennos e de poca vezindad …”.

 

Las declaraciones anteriores quedan ratificadas por el vecindario de ocho años más tarde (1588): cinco vecinos Barrio Lucio, seis La Riba, doce Escuderos, doce Solanas y catorce Corralejo; como afirmaban los declarantes pueblos muy pequeños; el mayor con veinte y dos vecinos, y solo un lugar, tiene que ser Quintanas (veintitres en 1588). El caso de Fuencaliente con veinticuatro vecinos en 1588 y 1646 debe ser mejor investigado.

Volvemos al cuadro y comprobamos que el crecimiento demográficos de los lugares de Valdelucio entre 1531 y 1588 fue espectacular; todos los lugares crecen en porcentajes importantes. El hecho de que ninguna población superara los veinticuatro vecinos, no permite hablar de infortunio demográfico; los diversos barrios o lugares, con una superficie de términos agrícolas y de pastos reducida, podían soportar una población limitada; pero como es observable por los vecindarios posteriores, en 1588 los barrios alcanzaron el máximo poblacional permitido por los recursos agropecuarios del Valle. A pesar de los embates sufridos por la población, con ocasión de las crisis frumentarias y pestilenciales de los años iniciales del siglo XVI, de los años 1528-1530, y de los años centrales del mismo siglo, tenemos que hablar de una pujanza demográfica, pujanza que permitió notables crecimientos vegetativos de la población.

Al comparar los vecindarios de 1588 y 1597, debemos tener en cuenta que el primero incluye a clérigos e hidalgos, quizás dos personas más por lugar; en el segundo sólo se relacionan los pecheros, quizás dos personas menos por lugar. Pues bien, en el tránsito de un vecindario a otro ya se nota un cierto cansancio demográfico; se deja de crecer; en la mayoría de los casos mediante un estancamiento y en los casos de Corralejo, Fuencaliente y Pedrosa con decrecimientos demográficos demoledores; infortunios que estos lugares ya no superarían en el siglo XVII ni en parte del XVIII, haciendo que los reducidos vecindarios de estos lugares en 1531 resultaran moderamente vigorosos.

Persiste el cansancio demográfico, con tendencia a la baja, en el tránsito de 1597 a 1646; sorprende que en plena crisis de 1600 la bajada de un vecindario a otro, considerado el total del Valle, sea muy poco significativa.

Llegó el 1651 y con él la hecatombe; dos lugares con dos vecinos; un lugar con tres; cuatro con cuatro; dos con cinco; dos con seis y dos con ocho vecinos. No parece explicable esta hecatombe, de no mediar entre 1646 y 1651 una epidemia generalizada, porque sólo las dificultades frumentarias no pueden explicar tamaño desastre.