{"id":1120,"date":"2023-01-18T10:07:24","date_gmt":"2023-01-18T09:07:24","guid":{"rendered":"https:\/\/lawebdehumada.es\/?p=1120"},"modified":"2025-11-10T09:34:06","modified_gmt":"2025-11-10T08:34:06","slug":"el-oppidum-de-la-ulana-en-la-frontera-de-los-cantabros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lawebdehumada.es\/?p=1120","title":{"rendered":"EL \u00abOPPIDUM DE LA ULA\u00d1A EN LA FRONTERA DE LOS C\u00c1NTABROS"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"703\" height=\"31\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/9_6_El_oppidum_de_la_Ulana_en_la_frontera_de_los_cantabros_Titulo.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1121\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p><em>Palaeohispanica&nbsp;<\/em>4, (2004), pp. 89-109<\/p>\n\n\n\n<p>Miguel Cisneros Cunchillos<\/p>\n\n\n\n<p><strong>DESCRIPCI\u00d3N DEL YACIMIENTO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La Pe\u00f1a Ula\u00f1a se localiza en el municipio de Humada, en el Noroeste de la provincia de Burgos, ubic\u00e1ndose su terreno en las localidades de Humada, San Mart\u00edn de Humada y Los Ordejones (Ordej\u00f3n de Arriba y Ordej\u00f3n de Abajo). Se trata de una \u201clora\u201d pr\u00e1cticamente aislada de los terrenos circundantes, alargada en direcci\u00f3n Noroeste-Sureste, de unos 5 km de longitud y una anchura variable entre 1000 y 150 m. Su altitud absoluta oscila entre 1150 y 1230 m y la relativa es de 230 m sobre los valles que la rodean, lo que permite divisar un amplio territorio a la vez que la hace visible desde gran distancia, debido a lo cual posee una cuenca visual de unos 80 km en torno a ella sobre la vertiente meridional de la Cordillera Cant\u00e1brica, el valle del Ebro, la paramera burgalesa, la Sierra de la Demanda y la Tierra de Campos; aunque, se producen zonas de sombras en el interior de dicho dominio.<\/p>\n\n\n\n<p>La plataforma superior de superficie aplanada se encuentra rodeada por una vaguada o Cinto, delimitada por dos fuertes resaltes: por un lado, los farallones de aqu\u00e9lla y por el otro, crestas rocosas elevadas, debido a un fuerte proceso erosivo de un relieve t\u00edpicamente calc\u00e1reo. Las aguas del arroyo de San Mart\u00edn drenan la vertiente Norte de la Pe\u00f1a y las del r\u00edo de Los Ordejones, la Sur, existiendo varios manantiales peque\u00f1os y fuentes que representan otros puntos de drenaje del sistema c\u00e1rstico. La toponimia menor da constancia de estas surgencias por medio de los abundantes microtop\u00f3nimos formados sobre el lat\u00edn&nbsp;<em>*font-<\/em>. Adem\u00e1s, el top\u00f3nimo Ula\u00f1a es de origen prerromano y, aunque su etimolog\u00eda no es suficientemente transparente, se puede relacionar con la ra\u00edz&nbsp;<em>*el\/ol<\/em>, que indica surgencia y corriente de agua.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Una de las particularidades del yacimiento es su extensi\u00f3n: 586 has de las cuales 285 se localizan en la plataforma superior y las 301 restantes pertenecen a la vaguada o Cinto que lo rodea a modo de foso natural, con una longitud, en su lados Norte y Sur de, aproximadamente, 6 km, en cada uno de ellos, y una anchura, en el Norte, que var\u00eda entre 20 y algo m\u00e1s de 85 m.<\/p>\n\n\n\n<p>La accesibilidad, adem\u00e1s, es m\u00e1s favorable desde este lado, debido a las caracter\u00edsticas orogr\u00e1ficas de la pe\u00f1a, que debieron ser, tambi\u00e9n, determinantes en el planteamiento de los caminos. Entrar a La Ula\u00f1a supon\u00eda salvar un fuerte desnivel desde el valle para penetrar en el Cinto y circular por \u00e9l en una u otra direcci\u00f3n hasta alcanzar el trazado, que, con marcada pendiente, llevaba a la zona alta del emplazamiento. El tr\u00e1nsito por el Cinto Norte se establec\u00eda de forma paralela a la l\u00ednea de muralla, que se situaba, adem\u00e1s, en un nivel superior; situaci\u00f3n \u00e9sta que forzosamente implicaba la directa exposici\u00f3n de los visitantes a los pobladores del asentamiento (fig.1).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"667\" height=\"479\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/9_6_El_oppidum_de_la_Ulana_en_la_frontera_de_los_cantabros_1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1122\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>La situaci\u00f3n en el Cinto Sur era similar, ya que la inexistencia de una defensa artificial, en este caso, era paliada por el efecto de farallones pr\u00e1cticamente verticales, de hasta 60 m de altura, quedando el visitante igualmente expuesto.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta caracter\u00edstica debi\u00f3 ser tenida en cuenta por los pobladores a la hora de considerar las posibilidades defensivas del lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>La muralla que bordea el cerro en su flanco Norte se adapta a las caracter\u00edsticas topogr\u00e1ficas del emplazamiento, si bien lo hace de forma interrumpida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De ella se conservan unos 2900 m, que protegen 4200, aproximadamente.<\/p>\n\n\n\n<p>La longitud de los tramos conservados var\u00eda entre los 26 y los 1085 m.<\/p>\n\n\n\n<p>La anchura de esta muralla oscila entre 3\u201935 y 3\u201910 m y su altura se ha calculado en unos 3\u20195 m para el paramento interior y en unos 5 para el exterior. (1)<\/p>\n\n\n\n<p>Este sistema defensivo se completa con la construcci\u00f3n de una muralla que corta el emplazamiento transversalmente, en direcci\u00f3n general Norte-Sur, cuya funci\u00f3n podr\u00eda estar relacionada bien con necesidades defensivas bien con la compartimentaci\u00f3n de espacios para usos diferentes, pero desconocidos en la actualidad (fig.2).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"723\" height=\"521\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/9_6_El_oppidum_de_la_Ulana_en_la_frontera_de_los_cantabros_2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1123\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Esta muralla transversal es posterior a la Norte, como se ha visto tras la excavaci\u00f3n de la zona de uni\u00f3n de ambas, donde se pudo observar c\u00f3mo \u00e9sta se hab\u00eda destru\u00eddo por causas naturales, reorganiz\u00e1ndose el sistema defensivo con un nuevo trazado y la erecci\u00f3n de la muralla transversal. Esta reordenaci\u00f3n se hab\u00eda producido ya en el siglo III o en el II a.e., como se deduce de las dataciones de C<sup>14<\/sup>&nbsp;realizadas en dos muestras de maderas quemadas&nbsp;halladas en la base exterior del lienzo Oeste de esta muralla transversal.(2)<\/p>\n\n\n\n<p>Esta l\u00ednea, que tiene 257 m de longitud, presenta una anchura de 3\u20195 y una altura aproximada calculada en casi 4 m para el lienzo Oeste y alrededor de los 4\u20195 para el Este.<\/p>\n\n\n\n<p>Ambas murallas tienen una morfolog\u00eda similar: dos paramentos de mampuestos calizos irregulares grandes y medianos, extra\u00eddos de la zona, que se asentaban directamente sobre la roca, con cara vista al exterior, y un relleno de piedras peque\u00f1as y medianas y arcilla como elemento de cementaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, durante las labores de prospecci\u00f3n, fueron localizadas 267 estructuras, de las que 48 son de apariencia tumular y contorno circular, pudiendo tener un car\u00e1cter funerario (Ruiz V\u00e9lez, 2001, p.119), y 179 son de habitaci\u00f3n, de las que 77 son de planta circular, 43 de planta rectangular cerrada, 31 de planta rectangular abierta, 26 ovales y 2 cuya planta de contorno rectangular est\u00e1 rematada en uno de sus lados en c\u00edrculo; el resto son muros de diversa morfolog\u00eda y \u00e9poca, pero de los que una docena se ubican en el Cinto, fundamentalmente en el Norte, que es, como ya se ha comentado, el que presenta mejor accesibilidad, con una altura que sobrepasa el metro y una longitud variable en funci\u00f3n de la anchura de la vaguada en cada punto. Estas estructuras debieron formar parte del sistema defensivo del castro, limitando no s\u00f3lo la circulaci\u00f3n por el foso, dadas sus dimensiones y el riesgo que conllevar\u00eda una eventual dispersi\u00f3n de fuerzas de defensa si un potencial enemigo tuviese libertad de movimientos por el Cinto, sino tambi\u00e9n el acceso a los manantiales, recurso esencial en caso de asedio, ya que de las 13 fuentes o manantiales localizados 6 se encuentran en el Cinto Norte, 2 fuera de \u00e9l, hacia el valle, pero en sus proximidades, 3 en el Cinto Sur y 2 en la plataforma superior de la pe\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Las estructuras de habitaci\u00f3n no las entendemos como unidades aisladas, sino como parte de distintas viviendas o unidades de ocupaci\u00f3n, estableci\u00e9ndose una diferenciaci\u00f3n espacial en la que se tuvieron presentes los siguientes condicionantes: existencia de muros comunes, proximidad espacial entre las estructuras e independencia del conjunto respecto a otras construcciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello di\u00f3 como resultado 24 unidades de ocupaci\u00f3n, que integran 69 estructuras, quedando el resto, de momento, como aisladas. Esta agrupaci\u00f3n, junto a la extensi\u00f3n del castro y a la superficie edificada, son los criterios utilizados para intentar aproximarnos al n\u00famero de habitantes; sin embargo, en el yacimiento hay una nula o escasa presi\u00f3n constructiva sobre el espacio, a diferencia de otros asentamientos de dimensiones m\u00e1s reducidas. As\u00ed, si aceptamos una media de entre 4 y 5 personas por vivienda o unidad de ocupaci\u00f3n (Audouze y Buchsenschutz, 1989, p.232; Fern\u00e1ndez-Posse y S\u00e1nchez-Palencia, 1988, pp.227-228; Camino, 2002, p.147) tendr\u00edamos 484 habitantes, que se convertir\u00edan en 587, si realizamos una desviaci\u00f3n que incluyese las 50 has de pinar de la plataforma superior y cuyo uso arqueol\u00f3gico es cuando menos limitado (fig.3);&nbsp;es decir, un m\u00ednimo de entre 500 y 600 habitantes, como cifra orientativa, a partir exclusivamente de la prospecci\u00f3n del yacimiento y de la determinaci\u00f3n provisional del n\u00famero de unidades de ocupaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"727\" height=\"523\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/9_6_El_oppidum_de_la_Ulana_en_la_frontera_de_los_cantabros_3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1124\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>La excavaci\u00f3n arqueol\u00f3gica de cinco de estas estructuras, que se correspond\u00edan con parte de dos unidades de ocupaci\u00f3n, ha permitido conocer mejor sus caracter\u00edsticas y usos (Cisneros, 2002, pp.245-251). De la unidad de ocupaci\u00f3n 1 se excavaron 2 de las 4 estructuras que comprende, a partir del reconocimiento visual del terreno. Se trata de una vivienda rectangular de 15\u201948 m de longitud y 3\u201926 de anchura, con dos estancias: una, de 11\u201930&nbsp; m de longitud y otra, de al menos 4\u201918. La entrada de la vivienda se abre al Este (fig.4).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"728\" height=\"543\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/9_6_El_oppidum_de_la_Ulana_en_la_frontera_de_los_cantabros_4.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1125\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Su cubierta parece haber sido a una vertiente, seg\u00fan se desprende de un viga de madera quemada ca\u00edda sobre el suelo y hallada transversalmente en una de las habitaciones y del hecho de no haber encontrado agujeros de poste; era de estructura vegetal con los intersticios tapados por barro, dado que junto a la viga apareci\u00f3 una gran masa de arcilla quemada, cuya cocci\u00f3n se debi\u00f3 producir durante el incendio de la vivienda. La casa ten\u00eda un hogar de forma rectangular, adosado al muro Norte, en el que se localizaron diversas cer\u00e1micas atribuibles a la II Edad del Hierro. Los muros ten\u00edan un z\u00f3calo de sillarejo trabado con tierra compacta, del que se han conservado apenas dos hiladas, sobre el que se levantaba una pared que pudo ser de tapial o de piedra peque\u00f1a trabada con barro, dada la cantidad de calizas de peque\u00f1o y mediano tama\u00f1o encontradas en el interior de las estancias.<\/p>\n\n\n\n<p>El suelo es una capa fina de tierra batida, sobre la roca.<\/p>\n\n\n\n<p>La unidad de ocupaci\u00f3n 2 se caracteriza por la presencia de estructuras adosadas de contorno circular, de las que se excavaron 3 de las 5 que la integran.<\/p>\n\n\n\n<p>Su construcci\u00f3n estuvo directamente relacionada con la disposici\u00f3n de los estratos geol\u00f3gicos, aprovech\u00e1ndose dos bandas paralelas de roca como cimentaci\u00f3n de los muros, que estaban formados por calizas de importante tama\u00f1o, trabadas por tierra arcillosa. De estos muros, se conserva, en el mejor de los casos dos hileras, si bien por la disposici\u00f3n de las piedras en los derrumbes de las estructuras se podr\u00eda plantear que estaban configurados por un z\u00f3calo de, al menos, cuatro o cinco hiladas de piedra, sin que haya constancia arqueol\u00f3gica de c\u00f3mo se levantaba la pared. El interior de estas habitaciones era muy reducido. El suelo de las estancias, que se localiza a un nivel inferior al de las dos bandas geol\u00f3gicas se\u00f1aladas, est\u00e1 caracterizado por la presencia de tierra batida, que se localiza directamente sobre la roca madre; no obstante, la disposici\u00f3n de algunas losas planas de caliza de grano fino nos lleva a plantear la posibilidad de que al menos en parte, \u00e9stas se utilizasen para nivelar el suelo, ya que la proximidad de la roca deber\u00eda marcar cuando menos desniveles y filtraciones de humedad, en este nivel de ocupaci\u00f3n.(3) Destaca la localizaci\u00f3n sobre ese suelo de diverso material atribuible a la II Edad del Hierro (fig.5).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"727\" height=\"519\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/9_6_El_oppidum_de_la_Ulana_en_la_frontera_de_los_cantabros_5.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1126\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>El yacimiento no se caracteriza por una abundancia de materiales, seg\u00fan se deduce de los resultados de las excavaciones efectuadas hasta la fecha.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, podemos sintetizar algunos datos que se desprenden de su estudio con objeto de contribuir a su contextualizaci\u00f3n. Las cer\u00e1micas se\u00f1alan la presencia de dos momentos temporales concretos y continuos: el primero concierne a materiales pertenecientes a partir de la transici\u00f3n del Hierro I al II, es decir, de finales del IV y principios del III a.e., momentos de introducci\u00f3n del torno en la Meseta; el segundo se corresponde con piezas de caracter\u00edsticas celtib\u00e9ricas plenas, cuya cronolog\u00eda oscila entre el 300 y mediados del siglo I a.e., llegando tal vez hasta momentos cronol\u00f3gicos de las guerras c\u00e1ntabras.<\/p>\n\n\n\n<p>Los metales identificables nos sit\u00faan igualmente en el mismo contexto cronol\u00f3gico; as\u00ed, del exiguo n\u00famero de piezas de bronce se puede destacar que la mayor parte son elementos de adorno, como una aguja de bronce o una l\u00e1mina compuesta por tres discos planos unidos y adornados en su interior por c\u00edrculos conc\u00e9ntricos incisos y por un motivo de ruedecilla, pertenecientes a \u00e9poca celtib\u00e9rica (fig.6).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"721\" height=\"451\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/9_6_El_oppidum_de_la_Ulana_en_la_frontera_de_los_cantabros_6.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1127\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>El n\u00famero de piezas de hierro tampoco es numeroso y los artefactos con \u00e9l fabricados est\u00e1n vinculados con el trabajo de la madera \u2013clavos\u2013, labores de cocina y artesan\u00eda textil \u2013tijeras y cuchillo\u2013, relacionada esta \u00faltima con el aprovechamiento de la caba\u00f1a ganadera.<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, estos instrumentos hay que asociarlos a las escorias encontradas en la excavaci\u00f3n, indicadoras de la existencia de una metalurgia basada en peque\u00f1os hornos que se realizaba en el propio castro (Carrocera y Camino, 1996, pp.58-59 y n.10). (4)<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los materiales l\u00edticos localizados se pueden citar: un colgante, fabricado en pizarra (fig.7), y hallado en la unidad de ocupaci\u00f3n 2, comparable a los \u201cpendeloques ou pendentif en schiste\u201d que Mohen clasifica en la fase 2 del grupo lemosino-perigordiense (Mohen, 1980, pp.153, l\u00e1mina 194,8), que se fechar\u00eda entre el 550 y el 400 a.e. y que Esparza identifica tambi\u00e9n en el castro de La Mazada (Gallegos del Campo, Zamora) (Esparza, 1986, pp.257-259) y varios fragmentos de molinos circulares hallados en la excavaci\u00f3n de las unidades de ocupaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"447\" height=\"456\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/9_6_El_oppidum_de_la_Ulana_en_la_frontera_de_los_cantabros_7.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1128\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Hay que destacar el hallazgo, en el nivel de suelo de una ocupaci\u00f3n constatada al interior de la parte de la muralla Norte excavada, de un denario de&nbsp;<em>Turiaso<\/em>, en cuyo anverso aparece una cabeza barbada a derecha, con collar en el cuello y la leyenda&nbsp;<em>Kastu<\/em>, en caracteres ib\u00e9ricos, en torno al tipo (fig.8) y en el reverso, un jinete con lanza y la leyenda&nbsp;<em>Turiasu<\/em>, tambi\u00e9n en caracteres ib\u00e9ricos (fig.9), que se fecha a principios del siglo I a.e. (Dom\u00ednguez,&nbsp;1998, p.153).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"406\" height=\"463\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/9_6_El_oppidum_de_la_Ulana_en_la_frontera_de_los_cantabros_8.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1129\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"404\" height=\"450\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/9_6_El_oppidum_de_la_Ulana_en_la_frontera_de_los_cantabros_9.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1130\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Por \u00faltimo, se debe se\u00f1alar que los datos arqueofaun\u00edsticos, hasta ahora, indican un predominio de la caba\u00f1a dom\u00e9stica sobre los animales salvajes, siendo el grupo de los ovicaprinos, el m\u00e1s numeroso, seguido del vacuno, el ganado de cerda y los \u00e9quidos, mientras que entre los animales salvajes aparece el jabal\u00ed, exclusivamente. Ello nos ayuda a conocer, de momento, la dieta de los pobladores y algunos aspectos relacionados con sus actividades econ\u00f3micas, como ya se ha citado anteriormente.<\/p>\n\n\n\n<p>De todo esto nos interesa destacar, en este trabajo, dos aspectos enunciados someramente en este apartado:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;1) el tipo de asentamiento en el que se encuadrar\u00eda el yacimiento, en funci\u00f3n de sus caracter\u00edsticas y de los restos identificados en las campa\u00f1as de prospecci\u00f3n y excavaci\u00f3n que llevamos a cabo desde 1997, es decir si La Ula\u00f1a podr\u00eda incluirse dentro del concepto de <em>oppidum<\/em>, como creemos, en la actualidad, seg\u00fan se desprende ya del t\u00edtulo de este trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>2) el hecho de que por tradici\u00f3n ha venido siendo incluida en el territorio c\u00e1ntabro, a partir, exclusivamente, del trazado de su frontera meridional y no por otras consideraciones como la existencia de una estructura social o la de una cultura material; ante la imposibilidad de lo primero, ya que carecemos de datos contrastados, intentaremos determinar si es posible establecer el paralelismo material y sobre todo si a partir de \u00e9l deducimos alg\u00fan tipo de nexo com\u00fan entre los asentamientos considerados como c\u00e1ntabros.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfANTE QU\u00c9 TIPO DE ASENTAMIENTO ESTAMOS?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las 285 has de la plataforma superior, defendidas por farallones y muralla, dan lugar al asentamiento propiamente dicho, constituyendo el de mayores dimensiones de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica en la II Edad del Hierro (Almagro- Gorbea, 1994; Almagro-Gorbea y D\u00e1vila, 1995) y uno de los m\u00e1s extensos de Europa, tras los de Heidengraben (W\u00fcrtemberg) con unas 1500 has, Kelheim (Baviera) con 650, Manching (tambi\u00e9n en Baviera) con 350 y Altenburg-<\/p>\n\n\n\n<p>Rheinau (Waldschut) con 316 (Collis, 1975, pp.104-118 y 141-146 y 1984, pp.203-210; Audouze y Buchsenschutz, 1989, pp.128, 307-308 y 314; Okun, 1989, pp.166-169 y 230-231; Kruta, 2000, pp.660-661, 695 y 719-720; Knopf, Leicht y Sievers, 2000, pp.141-147).<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque, nosotros, hasta la fecha, hemos venido considerando al yacimiento como castro, b\u00e1sicamente porque as\u00ed aparece en la bibliograf\u00eda anterior que recoge referencias a \u00e9l, (5) creemos que puede haber llegado el momento de entrar en el debate de si es o no un<em>oppidum<\/em>, debido a las informaciones que nos suministran las excavaciones que estamos realizando en \u00e9l y a que la caracter\u00edstica de la extensi\u00f3n viene siendo considerada, en la bibliograf\u00eda arqueol\u00f3gica, como uno de los elementos para referirnos a un yacimiento con ese t\u00e9rmino<em>,<\/em>quedando definidos sus rasgos distintivos por:<\/p>\n\n\n\n<p>1) elecci\u00f3n de un emplazamiento topogr\u00e1ficamente destacable, tanto para su defensa como por su posici\u00f3n eminente en el paisaje.<\/p>\n\n\n\n<p>2) relaci\u00f3n jer\u00e1rquica y de especializaci\u00f3n entre los lugares.<\/p>\n\n\n\n<p>3) ocupaci\u00f3n de una superficie cerrada, mayor de 20 has, que excede las necesidades de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>4) construcci\u00f3n de una muralla de prestigio.<\/p>\n\n\n\n<p>5) desarrollo de una urbanizaci\u00f3n, con barrios organizados con actividades especializadas y edificios p\u00fablicos.<\/p>\n\n\n\n<p>6) cambios en la cultura material. Es decir, un centro que reune las funciones productivas, comerciales, religiosas y pol\u00edticas (Audouze y Buchsenschutz, 1989, p.28; Lorrio, 1997, p.67; Buchsenschutz, 2000, p.62; \u00c1lvarez-Sanch\u00eds, 2003, pp.41-46). Si bien Almagro-Gorbea, aceptando el tama\u00f1o como peculiaridad, opina que pueden ser inferiores a 10 has, pero que su cualidad esencial es el control \u201cde un territorio amplio y jerarquizado del cual es centro pol\u00edtico y administrativo\u201d (Almagro-Gorbea, 1994, p.26).<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, Pina, sin tener en cuenta los condicionantes arqueol\u00f3gicos y atendiendo al significado de la palabra&nbsp;<em>oppidum&nbsp;<\/em>y a su uso por parte de Livio, concluye que dicho vocablo designa a una ciudad, al igual que&nbsp;<em>urbs&nbsp;<\/em>y<em>civitas<\/em>, sin que pueda desprenderse una idea de jerarquizaci\u00f3n de los asentamientos as\u00ed denominados (Pina y P\u00e9rez Casas, 1998, pp.245-247). En este caso, la pregunta que podr\u00edamos hacernos es si La Ula\u00f1a, a partir de sus restos arqueol\u00f3gicos, podr\u00eda incluirse en dicho concepto, puesto que las caracter\u00edsticas enunciadas con anterioridad son aplicables a las de una ciudad, excepto la necesidad de un tama\u00f1o determinado, como indica Asensio (1995, p.51) en su definici\u00f3n de ciudad prerromana en Arag\u00f3n, se\u00f1alando, adem\u00e1s, que \u201cdebe huirse de la idea de que todo asentamiento debe cumplir todas o solo una parte de esta premisas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>De todo lo precedente es aplicable a La Ula\u00f1a la elecci\u00f3n de un emplazamiento que domina el paisaje y que es visible, la extensi\u00f3n \u2013al menos 285 has\u2013, la fortificaci\u00f3n \u2013discontinua en su lado Norte y la transversal que corta el yacimiento\u2013, el control del territorio \u201380 km de cuenca visual, que permiten controlar no s\u00f3lo tierras agr\u00edcolas, sino tambi\u00e9n rutas comerciales u otros intereses o todo ello en conjunto, sin descartar como se\u00f1ala Guti\u00e9rrez Soler (2002, p.50) \u201cuna visibilidad plurifocal total\u201d\u2013, quedando por determinar el desarrollo de una urbanizaci\u00f3n y la existencia de edificios p\u00fablicos y la relaci\u00f3n jer\u00e1rquica con otros asentamientos. A estos dos aspectos debemos dedicar las siguientes l\u00edneas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos comentado que, tanto el n\u00famero de estructuras localizadas en prospecci\u00f3n como el de viviendas deducidas nos indica una escasa presi\u00f3n constructiva sobre el espacio, quedando diseminadas todas ellas por las 285 has de la plataforma superior, aunque, tambi\u00e9n, haya restos por la vaguada que rodea a la pe\u00f1a; ello nos muestra una concepci\u00f3n urban\u00edstica diferente de la de otros asentamientos, no s\u00f3lo porque haya una diversidad constructiva observable, sino, b\u00e1sicamente, tambi\u00e9n por la amplitud de la superficie interior a ocupar, que impide las aglomeraciones o las hace innecesarias, produciendo una dispersi\u00f3n de estructuras o viviendas por zonas y creando espacios o vac\u00edos intermedios, que tienen la finalidad no s\u00f3lo de separar, sino tambi\u00e9n de servir de comunicaci\u00f3n, respondiendo a esa concepci\u00f3n del espacio, para los que la arqueolog\u00eda deber\u00eda tener respuesta en un futuro conforme se vayan desarrollando las excavaciones. Respecto a las obras p\u00fablicas, s\u00f3lo podemos se\u00f1alar sin equ\u00edvocos la muralla, cuya construcci\u00f3n no implica s\u00f3lo la ejecuci\u00f3n de una obra defensiva, sino tambi\u00e9n la delimitaci\u00f3n y definici\u00f3n del espacio dom\u00e9stico, expresando la voluntad de hacerlo visible (Fern\u00e1ndez-Posse, 1998, p.212). Adem\u00e1s, de esta construcci\u00f3n se podr\u00eda plantear como hip\u00f3tesis que las estructuras n\u00ba 55 y 141 tuviesen un car\u00e1cter p\u00fablico, a partir de las caracter\u00edsticas comunes que presentan (fig.10):<\/p>\n\n\n\n<p>1) se localizan en las proximidades de dos entradas, la primera sobre la de \u201clas Ventanas de Horadada\u201d, en el lado Norte, y la segunda sobre la de \u201cla Fuente del Molino de Pis\u00f3n\u201d, en el Sur.<\/p>\n\n\n\n<p>2) ambas tienen en superficie la misma forma de planta con contorno rectangular, abierta al Sureste, rematada en uno de sus lados, el Sur, en c\u00edrculo; planta que, por otra parte, carece de paralelos en el \u00e1mbito prerromano hispano y europeo.<\/p>\n\n\n\n<p>3) s\u00f3lo se han documentado ellas con esa forma en las labores de prospecci\u00f3n y son, adem\u00e1s, unas de las de mayores dimensiones del yacimiento: la n\u00ba 55 tiene una longitud de casi 21 m, en su muro Norte y 17, en el Sur y aproximadamente 20 m de anchura, mientras que la n\u00ba 141 tiene unos 16 x 7. Estas similitudes topogr\u00e1ficas y morfol\u00f3gicas nos han llevado a asignarles una finalidad defensiva o militar, como estructuras de control y de salvaguardia del asentamiento, aunque no podamos hablar ni de torres ni de cuerpo de guardia, por su forma y su ubicaci\u00f3n, ya que no se encuentran adosadas a la muralla. Otra posibilidad podr\u00eda ser la de santuario de entrada, pero mientras no se excave completamente, al menos, la n\u00ba 55, que se encuentra en dicha fase, poco m\u00e1s podremos a\u00f1adir, salvo que los restos y materiales hasta ahora hallados son poco significativos para atribuir una finalidad determinada, aunque estos \u00faltimos nos se\u00f1alan su ocupaci\u00f3n durante la II Edad del Hierro. (6)<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, m\u00e1s dif\u00edcil de resolver se plantea la cuesti\u00f3n sobre la relaci\u00f3n jer\u00e1rquica con otros asentamientos, puesto que tenemos pocas informaciones sobre las posibles razones que justifiquen la densa concentraci\u00f3n de asentamientos ind\u00edgenas que se registra en la zona: castro de la Pe\u00f1a (Monasterio, Salinas de Pisuerga, Palencia), Bernorio (Aguilar de Campoo, Palencia), Monte Cild\u00e1 (Olleros de Pisuerga, Palencia), Amaya (Burgos) y La Ula\u00f1a, principalmente; as\u00ed como su tama\u00f1o, en algunos casos dif\u00edcil de calcular, y su cronolog\u00eda, siendo este \u00faltimo dato el que podr\u00eda ser m\u00e1s significativo y esclarecedor a la hora de valorar la posible sincron\u00eda, en alg\u00fan momento, de esta condensaci\u00f3n, como veremos m\u00e1s adelante. (7)<\/p>\n\n\n\n<p>Por todo ello, creemos que el yacimiento puede ser considerado como un<em>oppidum<\/em>, aunque no por ello estemos en condiciones de afirmar, como hace Peralta (2000a, p.63), que se trate del \u201ccentro principal de uno de los grandes&nbsp;<em>populi&nbsp;<\/em>en que se subdivid\u00edan los c\u00e1ntabros\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>TERRITORIO DE FRONTERA Y CULTURA MATERIAL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La situaci\u00f3n geogr\u00e1fica de La Ula\u00f1a, en la comarca de las Loras, en el extremo m\u00e1s meridional de la vertiente Sur de la Cordillera Cant\u00e1brica ha hecho que se incluya el yacimiento dentro del territorio de los c\u00e1ntabros en funci\u00f3n del trazado de la frontera que separar\u00eda a \u00e9stos de los turmogos; idea reiterada por la historiograf\u00eda tradicional y aceptada sin apenas discusiones.(8)<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros creemos que esta interpretaci\u00f3n est\u00e1 basada en un concepto de frontera lineal m\u00e1s o menos inmutable, que se plasmar\u00eda en un mapa, olvidando sus defensores que este territorio parece haber sido durante una gran parte de la Antig\u00fcedad, no solo una \u201czona de frontera\u201d \u2013por razones geogr\u00e1ficas evidentes entre las tierras llanas de la Meseta y los valles de la Cordillera que dan acceso al mar Cant\u00e1brico, con un car\u00e1cter abierto y din\u00e1mico<\/p>\n\n\n\n<p>(Carri\u00e9, 1995), que acercar\u00eda, mezclar\u00eda e integrar\u00eda, m\u00e1s que separar\u00eda, aislar\u00eda o defender\u00eda, lo que significa que sus l\u00edmites debieron ser difusos y, probablemente, cambiantes\u2013, sino tambi\u00e9n \u201cde paso\u201d \u2013cuyo reflejo lo vemos ya en la relaci\u00f3n existente entre los pastos de monta\u00f1a y la ubicaci\u00f3n de megalitos y, especialmente, en los restos de calzadas romanas preservados en la zona, que, salvando las bra\u00f1as de los montes cant\u00e1bricos, convert\u00edan todo este territorio en una zona de tr\u00e1nsito, bien desde el Sur hacia la Cordillera, los valles de Cantabria y el mar Cant\u00e1brico o en sentido contrario hacia las cuencas del Pisuerga, del Duero y del Ebro\u2013 y \u201cde nadie\u201d \u2013como consecuencia de las peculiaridades que acabamos de se\u00f1alar y contribuyendo a ello, tambi\u00e9n, su apariencia de zona apartada, marginal, ubicada en los confines desde la perspectiva de las poblaciones de los valles c\u00e1ntabros o desde la de las poblaciones mesete\u00f1as\u2013, como hemos sostenido para la comarca, pr\u00f3xima, de la Bra\u00f1a, en el Norte de Palencia, en la frontera entre c\u00e1ntabros y&nbsp;vacceos (Aja y otros, 1999).<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, un territorio en el que la cultura material no debi\u00f3 estar vinculada a divisiones artificiales y en el que influyeron m\u00e1s razones comerciales, relaciones sociales o determinados focos, que operaron a nivel de atracci\u00f3n, y la existencia de rutas de comunicaci\u00f3n, a las que se vincularon las \u00e1reas de comercio, que las supuestas relaciones \u00e9tnicas, puesto que las producciones materiales han trascendido esta esfera, como demuestra la arqueolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien son escasos los datos contrastados procedentes de excavaciones, en su mayor parte antiguas, de esta zona meridional, podemos de ellos extraer algunas consideraciones para este tema. En el Bernorio se localizaron, bajo la muralla del recinto superior, restos de una estructura circular, de 4\u20195 m de di\u00e1metro y la cronolog\u00eda de los materiales que proceden de este fondo de caba\u00f1a, seg\u00fan Barril, indica que en su mayor parte se pueden fechar entre los siglos IV y I a.e., salvo un pu\u00f1al tipo Monte Bernorio, que se datar\u00eda a mediados del III a.e. (Barril, 1995, p.165); adem\u00e1s, esta investigadora destaca que ya San Valero en la campa\u00f1a de 1943 hab\u00eda sacado a la luz muros curvos y rectos, que podr\u00edan se\u00f1alar la coexistencia de ambas formas constructivas (Barril, 1995, p.154) y que la presencia de materiales m\u00e1s recientes como las fibulas de tipo omega, la de resorte de charnela, alg\u00fan otro elemento de adorno y varios peque\u00f1os fragmentos de<em>sigillata<\/em>, \u201cremiten a un ambiente<\/p>\n\n\n\n<p>relacionado con la presencia de los romanos&#8230;bien porque se ubicaran en el mismo lugar, bien porque estuvieran en los alrededores y realizasen alg\u00fan tipo de intercambio\u201d (Barril, 1999, p.51).<\/p>\n\n\n\n<p>En Monte Cild\u00e1 se hall\u00f3, tambi\u00e9n, una estructura de posible forma circular, ya que no se pudieron delimitar sus paredes, con suelo de piedra y pie derecho para sustentar su cubierta, junto con diverso material cer\u00e1mico y un denario ib\u00e9rico de&nbsp;<em>Turiaso<\/em>, lo que permiti\u00f3 fechar el conjunto, en un principio, no antes del siglo I a.e. (Garc\u00eda Guinea, Gonz\u00e1lez Echegaray y San Miguel, 1966, pp.13 y 19). Diversos autores, con posterioridad, recalcan la aparici\u00f3n entre el material cer\u00e1mico de cer\u00e1mica celtib\u00e9rica pintada y de cer\u00e1mica con digitaciones, lo que corroborar\u00eda esa dataci\u00f3n (Bohigas, 1986-87, p.124; Peralta y Ocejo, 1996, p.50; Peralta, 2000a, p.62). Sin embargo, parece haberse obviado, la revisi\u00f3n de los materiales, efectuada a\u00f1os despu\u00e9s, en la que se cuestionaba ya esa referencia cronol\u00f3gica, indic\u00e1ndose su asociaci\u00f3n a la estratigraf\u00eda del siglo I d.e. y a materiales cer\u00e1micos romanos (Garc\u00eda Guinea, Iglesias y Caloca, 1973, pp.46-47; Fern\u00e1ndez Vega, 1999, pp.372-373). En esta l\u00ednea, Ruiz Guti\u00e9rrez (in\u00e9dita), a partir de un nuevo estudio de esos materiales, destaca entre los que pertenecer\u00edan a la primera ocupaci\u00f3n del asentamiento: dos denarios, uno de&nbsp;<em>Turiaso&nbsp;<\/em>y otro de&nbsp;<em>Secobirices<\/em>, del I a.e., cer\u00e1mica celtib\u00e9rica tard\u00eda fechable entre mediados del I a.e. y mediados del I d.e., cer\u00e1micas ind\u00edgenas cuyos prototipos permanecen casi invariables a lo largo de toda la Edad del Hierro,&nbsp;<em>terra sigillata&nbsp;<\/em>it\u00e1lica, lucernas, cer\u00e1micas de paredes finas, fibulas tipo Aucissa y monedas de Augusto y de Claudio, a pesar de lo cual sigue suponiendo la existencia de un castro prerromano, que \u201cno puede remontarse m\u00e1s atr\u00e1s de mediados del siglo I a.e.\u201d, debido, principalmente, seg\u00fan esta autora, a la ausencia de formas celtib\u00e9ricas cl\u00e1sicas, que ser\u00eda ocupado tras la conquista con la finalidad de controlar la v\u00eda pr\u00f3xima.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de Amaya, pocos datos nuevos se pueden aportar, puesto que permanecen todav\u00eda in\u00e9ditos los trabajos arqueol\u00f3gicos emprendidos por la empresa Alacet Arque\u00f3logos, S.L., a partir del a\u00f1o 2000, por encargo de la Junta de Castilla y Le\u00f3n. Sin embargo su director nos ha comentado que se han documentado diferentes ocupaciones desde la Edad del Bronce hasta la Baja Edad Media, pero la I Edad del Hierro s\u00f3lo lo est\u00e1 por algunas cer\u00e1micas fuera de contexto y al Hierro II s\u00f3lo pueden atribuirse algunas piezas met\u00e1licas recuperadas en excavaci\u00f3n o depositadas desde antiguo en el Museo de Burgos, por lo que esta ocupaci\u00f3n no est\u00e1 suficientemente atestiguada y no debi\u00f3 extenderse por todo el castro.(9)<\/p>\n\n\n\n<p>Algo m\u00e1s al Norte, pero todav\u00eda en la vertiente Sur de la Cordillera Cant\u00e1brica, en el castro de Las Rabas (Celada Marlantes, Cantabria), controlando el camino que a trav\u00e9s de la cuenca del Besaya comunicaba la Meseta con el mar Cant\u00e1brico, Garc\u00eda Guinea y Rinc\u00f3n (1970, p.35) ya hab\u00edan se\u00f1alado la existencia de \u201cperviviencia hallst\u00e1ticas\u201d en sus fibulas, junto a influencias de \u201cla cultura de los verracos\u201d en las cer\u00e1micas estampilladas y celtib\u00e9ricas, fundamentalmente, en la cer\u00e1mica pintada, mientras que Marcos (in\u00e9dita) puntualiza estas informaciones, distinguiendo tres momentos cronol\u00f3gicos: el primero de mediados de la Segunda Edad del Hierro, caracterizado por el uso exclusivo de cer\u00e1mica a mano, algunos de cuyos paralelos los sit\u00faa en el Noroeste; el segundo, a partir de la aparici\u00f3n de las cer\u00e1micas a torno pintadas, entre la segunda mitad del III y la primera mitad del II a.e. y el tercer momento, entre la segunda mitad del II y comienzos del I a.e., estableci\u00e9ndose en l\u00edneas generales durante las dos primeras etapas una mayor relaci\u00f3n con la Meseta, mientras que en la tercera se produce con el Valle del Ebro. Adem\u00e1s, considera que los instrumentos agr\u00edcolas hallados en el yacimiento tendr\u00edan paralelos en la Meseta y el Valle del Ebro.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos consideraciones se deducen de lo anterior:<\/p>\n\n\n\n<p>1) los asentamientos de la zona meridional no fueron contempor\u00e1neos en su totalidad, ni debieron responder a la misma finalidad, aunque estuvieron situados en un territorio de frontera, donde la presencia romana no hay que entenderla exclusivamente desde la perspectiva militar de las guerras c\u00e1ntabras, puesto que se remonta a m\u00e1s de un siglo antes y los contactos en este sector debieron ser frecuentes en \u201ctiempos de paz\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>2) los asentamientos, independientemente de su ubicaci\u00f3n geogr\u00e1fica, tanto en la zona meridional como en el interior, poseen influencias de los pueblos de la Meseta y del Valle del Ebro, y en menor medida del Noroeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica; as\u00ed se observa en el h\u00e1bitat donde parece existir una convivencia de estructuras circulares y rectangulares, aun cuando la carencia de restos asociables a la arquitectura dom\u00e9stica es patente (Cisneros, 2002, pp.251-252), ratific\u00e1ndose el escaso fundamento de la teor\u00eda tradicional entroncada con los estudios etnogr\u00e1ficos, que s\u00f3lo ha admitido la existencia de casas de planta circular (Gonz\u00e1lez Echegaray, 1999, p.105), (10) y en los materiales arqueol\u00f3gicos, con paralelos, en la cer\u00e1mica hecha a mano, en la fabricada a torno y pintada, conocida gen\u00e9ricamente como \u201cceltib\u00e9rica\u201d, o en los metales.<\/p>\n\n\n\n<p>En el mismo sentido, cabr\u00eda interpretar, por consiguiente, el hecho de que el armamento y los broches de cintur\u00f3n del denominado grupo Miraveche-Monte Bernorio, caracter\u00edstico de la cultura c\u00e1ntabra seg\u00fan la historiograf\u00eda, sean tambi\u00e9n distintivos de las \u00e1reas vaccea, turmoga y autrigona, cuyos \u00e1mbitos geogr\u00e1ficos son los citados con anterioridad (Burillo, 1998, pp.140-141; Fern\u00e1ndez-Posse, 1998, p.166; Sanz, 1998, pp.427-439).<\/p>\n\n\n\n<p>Parece que no estamos, por tanto, en condiciones de afirmar cu\u00e1les son los elementos materiales distintivos de los c\u00e1ntabros en esta zona, (11) quiz\u00e1 porque es un territorio permeable a los contactos, que puede presentar unas caracter\u00edsticas propias, incluso marginales respecto al centro de poder, pero similares en relaci\u00f3n a las del otro lado, colaborando en la estabilidad o inestabilidad y haciendo que, como ya hemos dicho, esas fronteras no sean est\u00e1ticas (Castro y Gonz\u00e1lez Marc\u00e9n, 1989, p.12; Jones, 1997, pp.191-197), y quiz\u00e1, tambi\u00e9n, porque falten todav\u00eda trabajos sistem\u00e1ticos, no de prospecci\u00f3n, de la que ya se poseen datos o materiales de superficie, sino de excavaci\u00f3n y publicaci\u00f3n de resultados al Norte de la Cordillera Cant\u00e1brica, (12) que permitan superar algunos t\u00f3picos como la caracter\u00edstica de la continuidad de un h\u00e1bitat en cuevas hasta \u00e9poca tard\u00eda (Fanjul y Men\u00e9ndez, 2004, p.38), que no debe ni puede ocultar el vac\u00edo de investigaci\u00f3n en el que se basa: la escasez de castros localizados en la vertiente Norte de la Cordillera Cant\u00e1brica (13) o el de la cer\u00e1mica, puesto que el car\u00e1cter aut\u00f3ctono del material queda supeditado a unos tipos, fabricados a mano y de factura tosca, que todos los investigadores consideran que han evolucionado escasamente durante toda la Edad del Hierro, obviando que algunos de los estudios de referencia, como el de Ruiz Cobos, siendo meritorios, aportan escasos datos fiables, como el propio autor se\u00f1ala. (14) De ah\u00ed que nos sorprenda la extrapolaci\u00f3n que realiza alg\u00fan autor, cuando distingue, en especial, una etapa de \u201cceltiberizaci\u00f3n\u201d entre los c\u00e1ntabros, a partir de las evidencias de la cer\u00e1mica a torno pintada, de un equipamiento met\u00e1lico \u2013armamento, instrumental o adornos\u2013 similares a los de esa cultura, de la circulaci\u00f3n monetaria y de la \u201cgeneralizaci\u00f3n\u201d del tipo de vivienda rectangular compartimentada (Peralta, 2001, p.363).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Aja, J.R. y otros (1999):&nbsp;<em>El poblamiento de monta\u00f1a en el sector central de la Cordillera Cant\u00e1brica (Espa\u00f1a): fuentes escritas y arqueol\u00f3gicas. El ejemplo de la comarca de La Bra\u00f1a (Palencia)<\/em>, BAR International Series 759, Oxford.<\/p>\n\n\n\n<p>Almagro-Gorbea, M. (1994): \u201cUrbanismo de la Hispania \u2018C\u00e9ltica\u2019. 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Padilla de Duero (Valladolid)<\/em>, Arqueolog\u00eda en Castilla y Le\u00f3n 6, Valladolid.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Miguel Cisneros Cunchillos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Universidad de Cantabria<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>e-mail:&nbsp;<a href=\"mailto:cisnerom@unicam.es\">cisnerom@unicam.es<\/a><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>NOTAS<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u2014\u2014\u2014<\/p>\n\n\n\n<p>* Este trabajo tiene su origen en algunas de las conversaciones que hemos mantenido con nuestro amigo F.Pina Polo. El yacimiento viene siendo investigado por un equipo que dirigimos desde el a\u00f1o 1997, mediante diversos proyectos, autorizados por la Junta de Castilla y Le\u00f3n y financiados por dicha instituci\u00f3n, Adecco-Camino y el Excmo.Ayuntamiento de Humada. Asimismo, en el a\u00f1o 1998 se suscribi\u00f3 un convenio entre esta instituci\u00f3n y la Universidad de Cantabria para la realizaci\u00f3n del proyecto I+D \u201cDocumentaci\u00f3n arqueol\u00f3gica del paraje de La Ula\u00f1a (Humada, Burgos)\u201d. Los materiales est\u00e1n siendo estudiados por J.A.\u00c1lvarez Santos (cer\u00e1mica), F.Blasco Sancho y M.B.Mar\u00edn Arroyo (fauna) y R.Erice Lacabe (metales). De todos ellos y de N.G\u00e1llego Rojas, J.L.Ram\u00edrez S\u00e1daba, J.R.Aja S\u00e1nchez y P. L\u00f3pez Noriega somos deudores en mayor o menor medida. Igualmente, queremos expresar nuestro agradecimiento a F.Beltr\u00e1n Lloris por su \u201cinfinita\u201d paciencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u2014\u2014\u2014<\/p>\n\n\n\n<p>(1) Los c\u00e1lculos han sido realizados por Jes\u00fas Seti\u00e9n Marqu\u00ednez, profesor del departamento de Ciencia e Ingenier\u00eda del Terreno y de los Materiales de la ETS de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Cantabria, teniendo en cuenta el volumen de los restos de los derrumbes, la altura conservada de los lienzos y la anchura de \u00e9stos. No obstante, estos datos son orientativos, y como tales hay que tomarlos, ya que el rodamiento del derrumbe de la muralla hacia el Cinto, determina que no se hayan analizado variables exactas y que un volumen importante de los restos no sean perceptibles en la excavaci\u00f3n. Asimismo, al evaluar el volumen del derrumbe se incluyen tambi\u00e9n los dep\u00f3sitos de tierra posteriores y los vac\u00edos entre bloques.<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\" type=\"1\">\n<li>\u00b1&nbsp;50 BP. Edad equivalente: 160 a.e. Intersecci\u00f3n: 161,130,120 a.e. 1 sigma: m\u00ednimo: 199 a.e., m\u00e1ximo: 50 a.e., probabilidad de distribuci\u00f3n 0.731: 179-86 a.e. 2 sigmas: m\u00ednimo: 352 a.e., m\u00e1ximo: 1 d.e., probabilidad de distribuci\u00f3n 0.854: 211-16 a.e. GX-30248: 2230 \u00b1&nbsp;50 BP. Edad equivalente: 280 a.e. Intersecci\u00f3n: 357, 286, 258, 243, 234 a.e., 1 sigma: m\u00ednimo: 385 a.e., m\u00e1ximo: 202 a.e., 2 sigmas: m\u00ednimo: 397 a.e. m\u00e1ximo: 169 a.e., probabilidad de distribuci\u00f3n 0.967: 393-197 a.e.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>(3) De forma similar a la conocida para la vivienda n\u00ba 8 del castro de La Coronilla, cuyo suelo es de lajas y de tierra apisonada (Cerde\u00f1o y Garc\u00eda Huerta, 1992, pp.33-34), y para la Corona de los Corporales (Fern\u00e1ndez-Posse y S\u00e1nchez-Palencia, 1988, pp.13 y 62).<\/p>\n\n\n\n<p>(4) Los an\u00e1lisis met\u00e1licos efectuados sobre objetos y escorias de hierro pertenecientes a hornos de fundici\u00f3n de La Ula\u00f1a han sido llevados a cabo por el Laboratorio de la Divisi\u00f3n de Ciencia e Ingenier\u00eda de los Materiales de la Escuela T\u00e9cnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Cantabria, donde tambi\u00e9n se ha procedido a realizar los an\u00e1lisis de los bronces.<\/p>\n\n\n\n<p>(5) V\u00e9ase Cisneros y L\u00f3pez Noriega (eds.), en prensa, donde se dedica un apartado a recoger las referencias bibliogr\u00e1ficas anteriores sobre el yacimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>(6) Agradecemos a S.Alfay\u00e9, F.Burillo, F.Marco, P.Moret e I.Ruiz V\u00e9lez las indicaciones que<\/p>\n\n\n\n<p>sobre estas estructuras nos han hecho, insisti\u00e9ndonos ellos en la necesidad de una excavaci\u00f3n total de la estructura n\u00ba55, que se comenz\u00f3 a trabajar en la campa\u00f1a del a\u00f1o 2003 y cuyos restos arquitect\u00f3nicos y artefactuales se encuentran en estudio hasta que se complete dicha tarea, antes de poder atribuirle una funci\u00f3n fundamentada. La hip\u00f3tesis de que estemos ante santuarios de entrada nos fue planteada por F.Burillo, y como tal la recogemos, aunque S.Alfay\u00e9 la considere poco probable al no haberse documentado con seguridad hasta el momento ese tipo de edificio en el \u00e1mbito celtib\u00e9rico.<\/p>\n\n\n\n<p>(7) La extensi\u00f3n del castro de La Pe\u00f1a es de unas 3 has (Aja y otros, 1999, p.63), la del Bernorio de unas 20 has (Barril, 1999, p.48), la de Monte Cild\u00e1, en funci\u00f3n de la bibliograf\u00eda, no menor de 10 has y no mayor de 12 (Almagro-Gorbea, 1994, p.65; Almagro-Gorbea y D\u00e1vila, 1995, p.213) y la de Amaya de 30 has, habi\u00e9ndonos sido facilitada por su excavador Javier Quintana, de la empresa Alacet Arque\u00f3logos S.L., a quien agradecemos la informaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>(8) Sirvan de ejemplo las siguientes opiniones: Gonz\u00e1lez Echegaray (19862, pp.18-19) establece un l\u00edmite que ir\u00eda desde Cistierna (Le\u00f3n) hasta el r\u00edo Ag\u00fcera, que desemboca en la r\u00eda de Orin\u00f3n, por un punto intermedio entre Alar del Rey y Mave (Palencia), Pe\u00f1a Amaya (Burgos), Valdelucio y la Lora, Paradores de Bricia (Burgos), pasando cerca de Villarcayo (Burgos) hacia los montes de Ordunte. Similar trazado, aunque en algunos sectores con mayor detalle, presenta Peralta (2000a, pp.26-28), para quien esta frontera ir\u00eda desde Cistierna, por la ladera Sur de Pe\u00f1a Corada a la zona de Guardo (Palencia) y la sierra del Brezo, que eran c\u00e1ntabras, dado que all\u00ed se han localizado las Fuentes Tamaricas, y a la laguna de Latorre, al Sur del monte Qui\u00f1\u00f3n, continuando por el valle de Ojeda hacia Alar del Rey (Palencia) y el Sur de la sierra de Pe\u00f1a Amaya, desde donde surgir\u00edan una serie de asentamientos fortificados que controlar\u00edan el acceso a la regi\u00f3n de las Loras \u2013castro de Los Ordejones, La Ula\u00f1a, Icedo, Huermeces\u2013, siguiendo hacia el Sudeste por la sierra del Perul hasta la zona de Ubierna, desde aqu\u00ed hasta el puerto de La Br\u00fajula y las cumbres de los montes de Oca. Recientemente, G\u00f3mez Fraile (2001, pp.63-76), tras analizar todas las teor\u00edas, presentando una completa bibliograf\u00eda sobre el tema, concluye que por el Sur s\u00f3lo parece fiable una l\u00ednea imprecisa al Norte de Salda\u00f1a y Herrera de Pisuerga (Palencia).<\/p>\n\n\n\n<p>(9) Agradecemos a Javier Quintana, de la empresa Alacet Arque\u00f3logos, S.L., la informaci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>que nos ha proporcionado sobre estas excavaciones todav\u00eda in\u00e9ditas.<\/p>\n\n\n\n<p>(10) En este sentido puede citarse que en el castro de la Espina del Gallego s\u00f3lo parecen haberse encontrado estructuras de habitaci\u00f3n de planta rectangular (Peralta, 2000b, p.364). A esto se podr\u00eda a\u00f1adir un gran edificio de planta rectangular, cuya longitud es indeterminada y su anchura es de 3\u20195 m, que su excavador identifica como un \u201cedificio comunal ind\u00edgena\u201d (Peralta, 2002, p.236).<\/p>\n\n\n\n<p>(11) Cabr\u00eda aplicar aqu\u00ed el pensamiento de Hall (2000, pp.142 y 182) sobre que la arqueolog\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>por s\u00ed sola puede reconstruir la cultura material, sin distinciones, pero sin que sepamos cu\u00e1les son los artefactos identificativos de una etnia, si es que los tuvo, debido a las fluctuaciones en el tiempo, porque no hay evidencia que permita asociar a un grupo en exclusiva con un determinado tipo de cer\u00e1mica o de adorno, por ejemplo. En el caso de los c\u00e1ntabros contamos con pocas informaciones complementarias para conocer su cultura, al margen de las ya conocidas referencias literarias, por lo que quiz\u00e1 nos estamos planteando una utop\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>(12) El panorama parece estar experimentando un ligero cambio en las \u00faltimas d\u00e9cadas, y en<\/p>\n\n\n\n<p>especial con ocasi\u00f3n de la exposici\u00f3n sobre los C\u00e1ntabros, momento desde el que se est\u00e1n haciendo p\u00fablicas, al menos parcialmente, diversas investigaciones sobre castros, permitiendo contrastar algunos datos. Pueden verse a este respecto las siguientes obras: Iglesias y Mu\u00f1iz (eds.), 1999 y Onta\u00f1\u00f3n (ed.), 2000.<\/p>\n\n\n\n<p>(13) A la ocupaci\u00f3n en cuevas de la zona nororiental de la Cantabria prerromana, que parece<\/p>\n\n\n\n<p>continuar durante toda la Edad del Hierro, se le ha atribuido un car\u00e1cter funerario, predominantemente, y en menor medida de poblamiento e incluso ritual, bas\u00e1ndose para ello en la escasez de castros localizados en la vertiente Norte de la Cordillera Cant\u00e1brica, que explicar\u00eda el car\u00e1cter ganadero estacional de estas gentes (Peralta, 2000a, p.73), sin que se pueda afirmar que las cuevas fueron empleadas regularmente con finalidad de h\u00e1bitat, puesto que en la mayor\u00eda de los casos documentados los artefactos identificados pertenecen a diferentes momentos hist\u00f3ricos y proporcionan cronolog\u00edas poco claras (G\u00f3mez Fraile, 2001, p.158). Esta opini\u00f3n ha sido especialmente defendida por Gonz\u00e1lez Morales, para quien la mayor\u00eda de los yacimientos en cueva documentados son interpretados como lugares funerarios o rituales o ambos a la vez, destacando la ausencia de h\u00e1bitat al aire libre y la diferenciaci\u00f3n de los ajuares \u201cc\u00e1ntabros en cueva\u201d con los de las necr\u00f3polis c\u00e1ntabras mesete\u00f1as, adem\u00e1s de que en su mayor parte los hallazgos proceden de prospecci\u00f3n o de recogida superficial de materiales, por lo que el uso de las cuevas podr\u00eda corresponderse a su empleo como refugio en diferentes \u00e9pocas de inseguridad a lo largo de la historia (Gonz\u00e1lez Morales, 1999, pp.90-92), aportando una explicaci\u00f3n similar a la que se ofrece para el llamado h\u00e1bitat de sustituci\u00f3n, es decir el de cuevas, en algunas zonas del Este de Francia (Audouze y Buchsenschutz, 1989, p.158).<\/p>\n\n\n\n<p>(14) Ruiz Cobos, 1996, p.123: \u201cSe analizan un total de 130 vasos cer\u00e1micos, correspondientes a una treintena de series asignables de foma&nbsp;<em>imprecisa&nbsp;<\/em>a la Edad del Hierro. Este reducido tama\u00f1o muestral \u2013la fase de estudio dura quinientos a\u00f1os\u2013 hace que las conclusiones de su estudio s\u00f3lo puedan considerarse&nbsp;<em>orientativas<\/em>. Por otra parte se trata de una muestra muy&nbsp;<em>sesgada&nbsp;<\/em>por proceder en buena medida (70%) de conjuntos en cueva o de \u00e1reas funerarias al aire libre m\u00e1s que de contextos de h\u00e1bitat. La irregular distribuci\u00f3n de frecuencias en las series es otro factor que determina la&nbsp;<em>reducida representatividad&nbsp;<\/em>de la muestra. Tres yacimientos \u2013Celada, Aspio y Cofresnedo\u2013 proporcionan el 40% del total de items, y el resto de los yacimientos agrupan lo dem\u00e1s, aportando un buen n\u00famero de ellos un \u00fanico elemento\u201d [la cursiva es nuestra].<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Palaeohispanica&nbsp;4, &hellip; <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"h5ap_radio_sources":[],"footnotes":""},"categories":[31,68,34],"tags":[],"class_list":["post-1120","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-el-castro-de-la-ulana","category-la-web-de-humada","category-lugares-de-interes"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1120","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1120"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1120\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4437,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1120\/revisions\/4437"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1120"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1120"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1120"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}