{"id":1157,"date":"2023-01-18T12:06:12","date_gmt":"2023-01-18T11:06:12","guid":{"rendered":"https:\/\/lawebdehumada.es\/?p=1157"},"modified":"2025-11-10T09:31:48","modified_gmt":"2025-11-10T08:31:48","slug":"sistema-defensivo-del-castro-de-la-ulana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lawebdehumada.es\/?p=1157","title":{"rendered":"EL SISTEMA DEFENSIVO DEL CASTRO DE LA ULA\u00d1A"},"content":{"rendered":"\n<p>AEspA, 77. 2004. p\u00e1gs. 3 a 22<\/p>\n\n\n\n<p>EL SISTEMA DEFENSIVO DEL CASTRO DE LA ULA\u00d1A<\/p>\n\n\n\n<p>(HUMADA, BURGOS)*<\/p>\n\n\n\n<p>por MIGUEL CISNEROS CUNCHILLOS<\/p>\n\n\n\n<p>y PILAR L\u00d3PEZ NORIEGA<\/p>\n\n\n\n<p>Universidad de Cantabria<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ALGUNOS DATOS SOBRE EL YACIMIENTO (1)<\/h1>\n\n\n\n<p>El castro se sit\u00f9a en la Pe\u00f1a Ula\u00f1a, que es una \u201clora\u201d, pr\u00e1cticamente aislada de los relieves circundantes, de superficie aplanada, debido a un fuerte proceso erosivo, alargada en direcci\u00f3n Noroeste-Sureste, de unos 5 km de longitud y una anchura variable que oscila desde los 150 m en su extremo Noroeste hasta casi 1.000 m en su parte m\u00e1s ancha. Tiene una altura comprendida entre los 1.150 y los 1.230 m y se eleva en relaci\u00f3n a los valles que la rodean unos 230 m, lo que la convierte en un excelente mirador sobre la llanura castellana y la vertiente Sur de la Cordillera Cant\u00e1brica con una amplia cuenca visual en torno a ella, por lo que permite divisar un vasto espacio a la vez que la hace visible desde una gran distancia.<\/p>\n\n\n\n<p>La principal peculiaridad del yacimiento radica en su extensi\u00f3n, concretamente 586 has de las cuales 285 se localizan en la plataforma superior caliza, en la que una l\u00ednea defensiva de la que se conservan unos 2.900 m. aproximadamente, y que protege unos 4.200, se adapta a las caracter\u00edsticas topogr\u00e1ficas del emplazamiento, si bien de forma discontinua; esta muralla se complet\u00f3 con otra de 257 m que corta el asentamiento transversalmente. Ello da lugar al mayor castro de la II Edad del Hierro de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica (2) y uno de los m\u00e1s extensos de Europa junto a los de Heidengraben (W\u00fcrtemberg) con unas 1.500 has. Kelheim y Manching (ambos en Baviera) con 650 y 350 has, respectivamente, y Altenburg-Rheinau (Waldschutz), con 316 has. (3), Su tama\u00f1o es, adem\u00e1s, muy superior al de los asentamientos m\u00e1s pr\u00f3ximos, a\u00fan cuando alguno de ellos poseen una importante dimensi\u00f3n, caso, por ejemplo, del Bernorio con 25 has, Monte Cild\u00e1 con m\u00e1s de 12 o Amaya, situada a unos 4 km en l\u00ednea recta, con 46 has (4).<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Las 301 restantes forman una vaguada o \u201cCinto\u201d, por la que se accede al castro y que, a su vez, lo rodea a modo de foso natural, delimitada por dos fuertes resaltes: por un lado, los farallones de la propia plataforma superior y por el otro, crestas rocosas elevadas, debido a que se trata de&nbsp; un relieve t\u00edpicamente calc\u00e1reo, con dos potentes niveles calizos, de consistencia dura, intercalados entre otros niveles m\u00e1s blandos, de margas y arenas. Esta caracter\u00edstica creemos que pudo ser tenida en cuenta a la hora de considerar las posibilidades defensivas del recinto (Fig, 1)<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"359\" height=\"492\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.1-Sistema_defensivo_1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1158\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Esas calizas se encuentran afectadas por un proceso de carstificaci\u00f3n generalizado, en el que el agua de lluvia penetra hacia el interior del macizo a trav\u00e9s de fisuras y diaclasas. Adem\u00e1s, en la parte alta de la pe\u00f1as se han desarrollado una serie de dolinas, como la conocida con los nombres de \u201cPoza del \u00c1guila\u201d o \u201cLaguna de los&nbsp; Buitres\u201d, que en los momentos m\u00e1s fuertes de lluvias o fusi\u00f3n de la nieve puede estar llena de agua, as\u00ed como depresiones alargadas en direcci\u00f3n Nor-Noroeste\/Sur-Sureste a ambos lados del eje del sinclinal, que representan otras formas de absorci\u00f3n del aparato c\u00e1rstico,&nbsp; mientras que en relaci\u00f3n a su emisi\u00f3n encontramos el arroyo de Pont\u00f3n o San Mart\u00edn,&nbsp; que drena la vertiente&nbsp; norte de la pe\u00f1a, de la que recoge las aguas de varios arroyos y manantiales peque\u00f1os, y del r\u00edo de los Ordejones que nace de dos surgencias de la ladera sur. La toponimia menor da constancia de ello por medio de los abundantes microtop\u00f3nimos formados sobre el latin *font-; adem\u00e1s del top\u00f3nimo Ula\u00f1a, de origen prerromano y, aunque de etimolog\u00eda no suficientemente transparente, se podr\u00eda relacionar con la ra\u00edz *el\/ol, que indica surgencia y corriente de agua (5). Esta parece ser la principal peculiaridad del lugar para aquellos que le pusieron tal nombre, aunque desconocemos qui\u00e9nes fueron los que as\u00ed la llamaron, s\u00ed que podemos afirmar que eran indoeuropeos no c\u00e9lticos cuya lengua era la denominada palco europea o lengua de los hidr\u00f3nimos, anterior a las prerromanas hist\u00f3ricas (6).<\/p>\n\n\n\n<p>Durante las labores de prospecci\u00f3n, realizadas entre 1997 y 1999, se documentaron 267 estructuras de las que, al menos, 179 podr\u00edan ser de habitaci\u00f3n, lo que no quiere decir que interpretemos cada una de ellas como un n\u00facleo independiente, puesto que trabajos efectuados en otros \u00e1mbitos del mundo castre\u00f1o han introducido el concepto de unidades de ocupaci\u00f3n, de tal forma que partiendo de diferenciaciones constructivas, funcionales y espaciales de las distintas estructuras, se pueden definir espacios dom\u00e9sticos, como la vivienda, propiamente dicha, a los que asocian una serie de construcciones, bien adosadas, bien exentas, de diferente car\u00e1cter y funci\u00f3n: almacenes, zonas de trabajo, corrales, etc. (7).&nbsp; En &nbsp;nuestro caso, teniendo en cuenta que s\u00f3lo hemos efectuado tres campa\u00f1as de excavaci\u00f3n, una de las cuales exclusivamente sobre viviendas, la del a\u00f1o 2000, es complicado establecer diferenciaciones constructivas generales, en el sentido de distinguir en qu\u00e9 tipo de construcciones se han invertido mayores recursos, trabajo o tiempo; algo semejante ocurre si pretendemos efectuar una distinci\u00f3n funcional, ya que ser\u00eda necesario contar con m\u00e1s datos sobre la dispersi\u00f3n y car\u00e1cter de los hallazgos de estas construcciones. No obstante, hemos realizado una aproximaci\u00f3n a partir de la forma de las estructuras documentadas, de la existencia de muros comunes entre ellas, de su proximidad espacial y de la independencia del conjunto respecto a otras construcciones, siendo posible diferenciar 24 unidades de ocupaci\u00f3n, que integran un total de 68 estructuras generalmente circulares, mientras que las estructuras rectangulares tienden a la dispersi\u00f3n, considerando que 80 de ellas aisladas pudieron tener esta finalidad y el resto otros usos (8).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2.- EL SISTEMA DEFENSIVO&nbsp;&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Al analizar un emplazamiento castre\u00f1o es inevitable tener en cuenta el dominio visual que se establece sobre el entorno y unas buenas condiciones defensivas naturales; si bien a estos aspectos se ha unido en los \u00faltimos tiempos el concepto de monumentalidad o visibilizaci\u00f3n, a partir del cual la construcci\u00f3n de una muralla no implicar\u00eda \u00fanicamente la ejecuci\u00f3n de una obra meramente defensiva sino que adem\u00e1s delimitar\u00eda y definir\u00eda el espacio dom\u00e9stico a albergar y expresar\u00eda la voluntad de hacerlo visible (9).<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestro caso, el dominio visual es indiscutible, ya que situados en la cota m\u00e1s elevada, el extremo Este de la pe\u00f1a, se tiene una cuenca visual de unos 80 km en torno a ella; bien es cierto que al estar en el extremo occidental de una amplia plataforma se producen zonas de sombra en buena parte de los valles de San Mart\u00edn, Humada y los Ordejones, que, por otra parte, son visibles desde otros lugares del asentamiento. Los l\u00edmites visuales podemos establecerlos en: la vertiente meridional de la Cordillera Cant\u00e1brica, por el Norte; valle del Ebro, por el Este y Nordeste; la paramera burgalesa y la Sierra de la Demanda por el Sur y Sureste, y la Tierra de Campos, por el Suroeste.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo que se refiere a las condiciones naturales para la defensa, sus pobladores debieron encontrarse con un inconveniente obvio, las 285 has de extensi\u00f3n, que se convierten en 586 si contamos el Cinto o foso. Por ello hay que entender que la construcci\u00f3n de una muralla, por s\u00ed misma, para complementar las condiciones defensivas naturales que presenta el emplazamiento no garantizaba su total seguridad. De ah\u00ed que a la hora de concebirse la defensa se asociasen varios aspectos: por un lado, el aprovechamiento como foso de una vaguada perfectamente delimitada, que rodeaba todo el emplazamiento; por otro, un complejo sistema integrado por la propia muralla, una serie de muros en la vaguada, que cortaban la circulaci\u00f3n en las zonas m\u00e1s desprotegidas y limitaban el acceso a los recursos h\u00eddricos, y un trazado de los caminos de entrada planificado de forma conjunta a los anteriores elementos. (Fig. 2).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"880\" height=\"302\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.2-Sistema_defensivo_2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1159\" srcset=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.2-Sistema_defensivo_2.jpg 880w, https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.2-Sistema_defensivo_2-768x264.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 880px) 100vw, 880px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">2.1\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 EL ACCESO: LA VAGUADA O CINTO<\/h2>\n\n\n\n<p>El an\u00e1lisis del acceso a la Ula\u00f1a est\u00e1 \u00edntimamente relacionado con dos aspectos: uno de car\u00e1cter natural y otro artificial.<\/p>\n\n\n\n<p>1.- El primero viene definido por la topograf\u00eda de la zona, ya que acceder a la pe\u00f1a supon\u00eda, por un lado, salvar un fuerte desnivel para alcanzar el Cinto que rodea toda la plataforma superior y por otro, circular por \u00e9l en una u otra direcci\u00f3n hasta alcanzar el camino que, con marcada pendiente, llevase a la zona alta del emplazamiento. (Fig. 3)<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"398\" height=\"318\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.3-Sistema_defensivo_03.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1160\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>En este planteamiento hay que tener en cuenta: una altitud relativa del asentamiento, unos 230 m. las desiguales pendientes en sus distintos flancos y la existencia de la vaguada de car\u00e1cter natural que bordea la pe\u00f1a a modo de foso, con una longitud, en su lado Norte, de 6.040 m y una anchura que var\u00eda entre los 20 m, en su zona Nordeste \u2013 en \u201cel corral de Giras\u201d \u2013 y los 87, en su sector Norte \u2013 en las inmediaciones de \u201clas ventanas de la Horadada\u201d -, mientras que en su lado Sur, peor definido, su longitud puede establecerse en torno a los 5.977 m. Dos ejemplos de lo citado, en zonas ya mencionadas pueden ser:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\" type=\"a\">\n<li>\u201cel corral de las Grullas\u201d; desde el arroyo que discurre por la base de la Ula\u00f1a, situado a 1.000 m de altitud, se inicia un ascenso con fuerte pendiente y, pr\u00e1cticamente, constante a lo largo de 480 m hasta alcanzar los 1.140 de altura, lleg\u00e1ndose a una zona de escaso desnivel, conocida como \u201cCinto de Espinedo\u201d, para ascender, nuevamente, en tan solo 90 m de longitud hasta los 1.200 de altura, punto en el que se localiza el paraje; desde aqu\u00ed hasta la plataforma superior tenemos 20 m de farall\u00f3n vertical.<\/li>\n\n\n\n<li>al Norte de \u201clas ventanas de Horadada\u201d desde el valle a 970m de altura hay que alcanzar los 1.000 de la&nbsp; base de la Ula\u00f1a, donde se inicia el ascenso con una pendiente suave, 50 m de altura en 250 de longitud, seguida de una subida pronunciada, desnivel de 75 m en tan s\u00f3lo 110 de longitud, accedi\u00e9ndose as\u00ed a una de las crestas que delimita el Cinto; \u00e9ste se localiza 10 m m\u00e1s abajo&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que la cresta. Desde aqu\u00ed para alcanzar la plataforma superior restan 35 m de altura en farall\u00f3n pr\u00e1cticamente vertical.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>El tr\u00e1nsito por el Cinto Norte, por el que la accesibilidad era m\u00e1s favorable al emplazamiento, se establec\u00eda de forma paralela a la l\u00ednea de muralla, que se situaba, adem\u00e1s, en un nivel superior, situaci\u00f3n \u00e9sta que forzosamente implicaba la directa exposici\u00f3n de los visitantes a los pobladores del asentamiento; la situaci\u00f3n del Cinto sur, a\u00fan cuando aqu\u00ed no existe una l\u00ednea artificial de car\u00e1cter defensivo, era similar, ya que, ante el efecto de farallones pr\u00e1cticamente verticales de hasta 60 m de altura, que hac\u00edan imposible alcanzar la plataforma superior al menos a lo largo de los tres kil\u00f3metros m\u00e1s occidentales de la pe\u00f1a, el visitante quedaba igualmente expuesto.<\/p>\n\n\n\n<p>2.- El segundo aspecto a tener en cuenta a la hora de entender el acceso al castro viene definido por una serie de aterrazamientos o bancales que cortan la vaguada natural, que rodea a la pe\u00f1a, en sentido perpendicular y que por sus caracter\u00edsticas morfol\u00f3gicas nos llevaron en un principio, a pensar en abancalamientos para el cultivo, pero esta interpretaci\u00f3n carece de sentido si tenemos en cuenta su disposici\u00f3n, siempre perpendicular al Cinto y no paralela, lo que ser\u00eda l\u00f3gico si lo que se pretend\u00eda era mitigar la pendiente; lo que nos indica la necesidad de buscar otra funci\u00f3n para la construcci\u00f3n de este tipo de elementos.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante las labores de prospecci\u00f3n se observ\u00f3 la relaci\u00f3n&nbsp; que alguna de estas estructuras parec\u00eda guardar con los caminos localizados en sus inmediaciones. Posteriormente, una vez fueron ubicadas cartogr\u00e1ficamente, se obtuvo una visi\u00f3n conjunta del emplazamiento apreci\u00e1ndose c\u00f3mo organizaban la vaguada, compartiment\u00e1ndola e impidiendo el tr\u00e1nsito por la misma en algunas direcciones. Se trata de una docena de estructuras, cuya presencia es mayor en el flanco Norte, que casualmente es el que presenta mayor accesibilidad, y con una altura que sobrepasa el metro, siendo su longitud variable en funci\u00f3n de la anchura de la vaguada en cada punto. Este plan tuvo que formar parte del complejo sistema defensivo proyectado en el castro, que limitar\u00eda no s\u00f3lo la circulaci\u00f3n por la vaguada del Cinto, dadas sus dimensiones y el riesgo que conllevar\u00eda de dispersi\u00f3n de fuerzas de defensa si un potencial enemigo tuviese libertad de movimientos por \u00e9l, sino tambi\u00e9n el acceso a manantiales; recurso esencial en caso de asedio, ya que si bien las dolinas y depresiones de la plataforma superior de la pe\u00f1a debieron suministrar agua mientras el nivel fre\u00e1tico fuese alto, en \u00e9poca de est\u00edo s\u00f3lo las fuentes y manantiales pod\u00edan abastecer a la poblaci\u00f3n para sus diferentes necesidades, ya que de las 13 fuentes o manantiales localizados 6 se encuentran en el Cinto Norte, 2 fuera de \u00e9l, hacia el valle, pero en sus proximidades, 3 en el Cinto Sur y 2 en la plataforma superior de la pe\u00f1a (Fig. 4).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"706\" height=\"371\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.4-Sistema_defensivo_4.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1161\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">2.2&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; LOS CAMINOS ANTIGUOS Y LAS ENTRADAS<\/h2>\n\n\n\n<p>El an\u00e1lisis de conjunto, tambi\u00e9n, ha permitido efectuar una valoraci\u00f3n de los trazados documentados, as\u00ed como determinar en qu\u00e9 forma se efectuaba la circulaci\u00f3n en el interior del Cinto y hasta qu\u00e9 punto \u00e9sta estaba relacionada con las necesidades defensivas del emplazamiento, atendiendo para ello a los siguientes criterios: pendiente, disposici\u00f3n de los muros de compartimentaci\u00f3n, circulaci\u00f3n interna en la vaguada y relaci\u00f3n entre el trazado de los caminos y las entradas en la muralla, en especial aqu\u00e9llas que en forma de embudo permiten suponer <em>a priori<\/em> la coetaneidad entre ambas obras, (10) lo que nos ha llevado a establecer una valoraci\u00f3n cronol\u00f3gica de los diferentes caminos, a partir de lo cual pueden considerarse como v\u00edas antiguas las siguientes:<\/p>\n\n\n\n<p>1.- el sendero de \u201cla Corruyuela\u201d o \u201cCosyuela\u201d se localiza en el flanco Norte del asentamiento a unos 300 m al Oeste del actual acceso a la pe\u00f1a. Su trazado se detect\u00f3 por debajo del Cinto, a 990 m de altitud, document\u00e1ndose 170 m hasta llegar a \u00e9l, que salvando un desnivel de 40 m. Una vez alcanza la vaguada natural parece bifurcarse en dos viales que culminan en sendas puertas en embudo en la muralla:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00aa) sigue direcci\u00f3n Sureste y aunque no existen restos sobre el terreno, su trazado podr\u00eda coincidir con el de la actual carretera. Este hecho lo evidencia la existencia de una puerta en embudo atravesada en la actualidad por el vial citado. El recorrido de este camino desde que alcanza el Cinto hasta la puerta de la muralla ser\u00eda de unos 400 m, con una pendiente a salvar de tan solo 20 m.<\/p>\n\n\n\n<p>1b) sigue la direcci\u00f3n Suroeste, siendo f\u00e1cilmente visible sobre el terreno. Tiene un desarrollo de 530 m desde el Cinto hasta la muralla, salvando un desnivel de unos 35 m. (Fig. 5)<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"399\" height=\"529\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.5-Sistema_defensivo_5.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1162\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>2) el camino de \u201clas Ventanas de Horadada\u201d: al igual que el anterior permite el acceso al emplazamiento desde el flanco Norte. De este camino se ha documentado su recorrido a lo largo de 480 m en los que salva un desnivel de 100 m, desde el paraje que le da nombre, a pie del Cinto, hasta la plataforma superior. Desde aqu\u00e9l, donde se observa c\u00f3mo la v\u00eda ha sido excavada en el terreno, toma primero direcci\u00f3n Sureste y despu\u00e9s Oeste, alcanzando la pe\u00f1a por una entrada en embudo en la muralla (Fig. 5).<\/p>\n\n\n\n<p>3) camino Sur de Humada: se localiza pr\u00e1cticamente sobre dicho n\u00facleo de poblaci\u00f3n, a unos 3 km del anterior. Conocemos parte de su desarrollo antes de llegar al Cinto, a\u00fan cuando se trata tan s\u00f3lo de 150 m, pero resulta significativo, ya que discurre por una especie de foso delimitado al Norte por una cresta rocosa y al Sur, por un terrapl\u00e9n de 2,5 m. Una vez alcanzado el Cinto, el camino gira en direcci\u00f3n Sureste, estando delimitado en este caso por sendos muros de compartimentaci\u00f3n que parecen marcar su trayecto. \u00c9ste es dif\u00edcil de precisar, en este punto, por los desprendimientos existentes en esta zona, si bien podr\u00eda enlazar con un tramo largo documentado 500 m al Sureste. \u00c9ste \u00faltimo de unos 375 m de longitud discurre en principio en direcci\u00f3n Sureste, a un nivel ligeramente superior de un marcado aterrazamiento del terreno, girando despu\u00e9s hacia el Oeste con un claro sentido ascendente, desarroll\u00e1ndose sus \u00faltimos 125 m al Norte y de manera inmediata a la muralla, accediendo a la zona alta del emplazamiento a trav\u00e9s de una entrada con un marcado embudo. Este trazado nos sit\u00faa ante una v\u00eda de 1240 m de longitud en la que se salva un desnivel total de 100 m (Fig. 6).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"617\" height=\"453\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.6-Sistema_defensivo_6.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1163\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>4) Camino al Este de \u201cla Mazuela\u201d o \u201cla Varga\u201d: se localiza en el Cinto Sur y con direcci\u00f3n Oeste parece dirigirse hacia dicho paraje. Al Norte se encuentra delimitado por unos muros de compartimentaci\u00f3n del terreno que impiden la circulaci\u00f3n hasta el extremo oriental del Cinto.<\/p>\n\n\n\n<p>5) el camino de \u201cla Fuente del Molino de Pis\u00f3n\u201d: en el flanco Sur de la Pe\u00f1a Ula\u00f1a. Se ha documentado al Oeste del nacimiento del Arroyo del Pis\u00f3n, tomando una direcci\u00f3n Sureste. Su decurso pronto se pierde, pero se puede sugerir su enlace con el camino que, desde el Cinto y con marcado trazado en zig-zag, alcanza la plataforma superior. Este recorrido significa un trazado de 1680 m en el que se salva un desnivel total de 110 m.<\/p>\n\n\n\n<p>6) el camino del \u201cSendero del Arco\u201d: tambi\u00e9n en este flanco Sur. Es un camino conocido como \u201cLa Portilla\u201d o \u201cLa Bajadera\u201d, parcialmente empedrado al Norte de la localidad de Ordej\u00f3n de<\/p>\n\n\n\n<p>Arriba, que alcanza el Cinto encajado entre dos crestas rocosas, Constitu\u00eda en \u00e9pocas relativamente recientes el acceso desde Ordej\u00f3n de Arriba a Talamillo, Fuencaliente y San Mart\u00edn de Humada, es decir era la v\u00eda que permit\u00eda rodear la Ula\u00f1a por el Cinto Oriental. Es posible que ese camino enlazase con un tramo documentado inmediatamente al Norte y conocido como \u201cSendero del Arco\u201d que discurre por un pasillo natural de 280 m de longitud. El recorrido total conocido es de 1.170 m salvando un desnivel de 160 m.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos, por consiguiente, ante un sistema de caminos que vienen indicados por las portillas que abren en la cresta rocosa que rodea la pe\u00f1a, por ellas entran las v\u00edas hacia el asentamiento permitiendo una circulaci\u00f3n por la vaguada, limitada por los muros que la atraviesan. El trayecto en pendiente y, en alg\u00fan caso, en marcado zig-zag de los viales hay que interpretarlo como un intento de suavizar los desniveles y permitir la subida y acceso a la plataforma superior como en el caso conocido de algunos yacimientos celtib\u00e9ricos (11), por rampas que alcanzar\u00edan las puertas en embudo, que son simples interrupciones de la l\u00ednea de muralla, ya que no se han detectado torres ni otro tipo de obra defensiva en ella. Este tipo de entrada, sencillo, que forma una especie de callej\u00f3n, cuyos laterales vienen se\u00f1alados por el trazado de las defensas y que limita el espacio de acci\u00f3n a quien quiera irrumpir en el recinto dej\u00e1ndole expuesto en caso necesario a los ocupantes del asentamiento. Est\u00e1 documentado no s\u00f3lo en yacimientos de la misma cultura mencionada con anterioridad (12), sino tambi\u00e9n en algunos de los principales castros vetones como, entre otros, Las Cogotas, El Raso, La Coraja, o La Mesa de Miranda (13) cuya extensi\u00f3n es tambi\u00e9n importante.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">2.3&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; LAS MURALLAS<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">2.3.1&nbsp; La muralla transversal<\/h3>\n\n\n\n<p>Tiene una anchura de 3,5 m y una altura conservada de poco m\u00e1s de 1 m. Su longitud, como ya se ha comentado, era de 257 m dividiendo el asentamiento transversalmente. Su altura aproximada se calcula entre 3,6 y 3,9 m para el lienzo Oeste y entre 4,25 y 4,75 m para el Este (Fig. 6). Su morfolog\u00eda era de dos paramentos de mamposter\u00eda calizos irregulares grandes y medianos, con cara vista al exterior&nbsp; y un relleno de piedras peque\u00f1as y medianas y arcilla como elemento de cementaci\u00f3n (Fig. 7)<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.7-Sistema_defensivo_7.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1164\" width=\"433\" height=\"325\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>La excavaci\u00f3n permiti\u00f3 conocer c\u00f3mo se fue construyendo conforme se iba extrayendo la materia prima, coloc\u00e1ndose, en algunos casos, piedras de gran tama\u00f1o en la parte superior, por lo que cuando se produjo el derrumbe \u00e9stas cayeron en las proximidades de la muralla con la cara visa hacia abajo. No debe extra\u00f1ar este sistema porque las calizas del yacimiento son f\u00e1ciles de extraer, en tama\u00f1os diferentes seg\u00fan las fisuras y siempre dan una cara lisa, por lo que no se us\u00f3 el escuadramiento de las rocas para su encaje. La primera hilada apoyada sobre la roca natural, simplemente sirvi\u00f3 para igualar \u00e9sta y a partir de ah\u00ed establecer otras m\u00e1s o menos horizontales. Una vez colocadas las rocas, entre ellas se intercalaban otras m\u00e1s peque\u00f1as o una asa de arcilla y piedra caliza peque\u00f1a y machacada \u2013 grija-.<\/p>\n\n\n\n<p>Los bloques ca\u00eddos de mayor tama\u00f1o fueron documentados en el lado Oeste de la muralla debido a las caracter\u00edsticas orogr\u00e1ficas del lugar excavado, que presenta fuertes pendientes al Este de la l\u00ednea defensiva, as\u00ed como por su proximidad a los cortados de la parte Norte de la pe\u00f1a. Ello quiere decir que las rocas al caer rodaron hacia el Cinto, desintegr\u00e1ndose en la ca\u00edda o con posterioridad o quedando enterradas all\u00ed por la acumulaci\u00f3n posterior por derrubios.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">2.3.2&nbsp; LA MURALLA NORTE<\/h3>\n\n\n\n<p>La zona excavada se localiza sobre el acceso de las Ventanas de Horadada, en un tramo de direcci\u00f3n general Norte-Sur, delimitado al Norte por un afloramiento rocoso en altura, donde se observaba la presencia de tres bloques calizos apoyados sobre la roca, que pudieron pertenecer a uno de los lienzos de la muralla.<\/p>\n\n\n\n<p>Su nivel de derrumbe estaba formado por bloques de dimensi\u00f3n heterog\u00e9nea, de tal forma que en un nivel superior se localizan piedras de tama\u00f1o medio y en el nivel inferior grande, lo cual, si seguimos la secuencia estratigr\u00e1fica, al igual que acontece en la muralla transversal, sugiere que las piedras mayores correspond\u00edan a las hiladas superiores.<\/p>\n\n\n\n<p>La anchura de esta muralla oscila entre 3,35 y 3,10 m y su altura conservada es de 1,5 m mientras que se le ha calculado una entre 3,2 y 3,8 para el paramento interior y unos 5 m para el paramento exterior. La cara externa est\u00e1 formada por mampuestos calizos irregulares de tama\u00f1o medio, ocasionalmente grande, de los que se conservan a lo sumo tres hiladas (Fig. 8).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.8-Sistema_defensivo_8.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1165\" width=\"474\" height=\"398\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>En aquellas partes en las que el sustrato presenta un plano regular se aprovecha esta caracter\u00edstica para apoyar la primera hilada, siendo \u00e9sta la \u00fanica que se conserva en este caso. Se trata de bloques calizos ligeramente vencidos hacia el Este, fruto sin duda de los empujones ejercidos por el relleno, los cuales son m\u00e1s evidentes hacia el Norte donde se observan tres piedras de mayores dimensiones sensiblemente desplazadas, respecto al plano original de la muralla. Sin embargo, en esa direcci\u00f3n, la alineaci\u00f3n que marca la l\u00ednea defensiva est\u00e1 ocupada por un afloramiento rocoso en altura e irregular que en su&nbsp; zona central presenta una secci\u00f3n en U. Es en este lugar donde se localizan tres bloques calizos muy regulares de secci\u00f3n rectangular, si tenemos en&nbsp; cuenta las caracter\u00edsticas de los mampuestos documentados, todo parece indicar que se prest\u00f3 especial atenci\u00f3n en este punto a su selecci\u00f3n, disponi\u00e9ndolos en un plano horizontal&nbsp; a fin de rellenar\/nivelar el hueco del afloramiento aunque en la actualidad se encuentran vencidos hacia el Norte. Sus dimensiones oscilan entre 42 y 53 cm de longitud y 13 y 16 de altura (Fig. 9).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.9-Sistema_defensivo_9.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1166\" width=\"468\" height=\"391\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>El hallazgo de esta zona de muralla Norte de abundante material arqueol\u00f3gico ha permitido definir la existencia de un vertedero exterior, debido a la gran acumulaci\u00f3n de restos \u00f3seos, a que algunos de ellos presentasen fracturas y cortes de car\u00e1cter antr\u00f3pico y a la presencia de otro tipo de artefactos, como cer\u00e1mica y metales, y de un \u00e1mbito de ocupaci\u00f3n al interior. Respecto al primero, su disposici\u00f3n estratigr\u00e1fica en la zona de contacto entre la roca madre y el derrumbe de los lienzos de la muralla indica que los elementos all\u00ed documentados fueron desechados en un momento en que la defensa a\u00fan estaba erguida.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto al \u00e1mbito de ocupaci\u00f3n interior, la carencia de elementos constructivos est\u00e1 paliada con el aprovechamiento de los afloramientos calizos que ofrec\u00edan una protecci\u00f3n natural por su altura al Norte, Oeste y Sur y por la propia muralla al Este, dando lugar a un espacio de poco m\u00e1s de 10 m<sup>2<\/sup>, que posiblemente sea indicativo de una ocupaci\u00f3n temporal relacionada con necesidades defensivas o de vigilancia, ya que desde este punto se obtiene un control directo sobre el sendero de la \u201cCorruyuela\u201d o \u201cCosyuela\u201d y se vigila igualmente<\/p>\n\n\n\n<p>el acceso de las \u201cVentanas de la Horadada\u201d (Fig. 10)&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.10-Sistema_defensivo_10.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1167\" width=\"463\" height=\"346\" srcset=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.10-Sistema_defensivo_10.jpg 821w, https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.10-Sistema_defensivo_10-768x575.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 463px) 100vw, 463px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>En este espacio se localiz\u00f3 abundante material arqueol\u00f3gico: \u00f3seo, met\u00e1lico, cer\u00e1mico, destacando el hallazgo de un denario de la ceca de <em>Turiaso <\/em>&nbsp;(Fig. 11).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.11-Sistema_defensivo_11.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1168\" width=\"435\" height=\"288\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">2.3.3&nbsp; LA UNI\u00d3N DE LAS MURALLAS NORTE Y TRANSVERSAL<\/h3>\n\n\n\n<p><strong>Esta zona presenta una caracter\u00edsticas morfol\u00f3gicas diferentes respecto a los datos precedentes. En primer lugar, el derrumbe de los lienzos de la muralla transversal era de una potencia considerable, que sobrepasaba incluso el metro de altura, pese a la fuerte pendiente del terreno en este sector, que nos hac\u00eda suponer que la mayor parte de la ca\u00edda habr\u00eda rodado por la ladera hasta la vaguada.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>En segundo lugar, la conservaci\u00f3n de los paramentos de la muralla transversal era p\u00e9sima en comparaci\u00f3n con los ya conocidos. La explicaci\u00f3n a este hecho posiblemente tengamos que buscarla en su localizaci\u00f3n espacial, ya que el desnivel del terreno favorecer\u00eda, en principio, el rodamiento de los restos (Fig. 6). No obstante la muralla tiene una anchura de 3,60 m. Su cara Oeste presentaba un m\u00e1ximo de 3 hiladas, siendo su altura conservada de 70 cm y sus mampuestos no eran de tama\u00f1o homog\u00e9neo, siendo mayores los de la segunda y tercera hilada que los de la inferior, que apoyaba al Sur sobre una afloramiento calizo en altura, mientras que el resto fue nivelado con un relleno formado por tierra suelta y peque\u00f1as calizas, que permiti\u00f3 disponer la primera hilada en un plano horizontal. (Fig. 12)<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.12-Sistema_defensivo_12.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1169\" width=\"379\" height=\"332\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Aunque podr\u00eda pensarse que este procedimiento constructivo se debe a que el asentamiento directo de los paramentos sobre la roca, dado su fuerte desnivel, ofrec\u00eda dificultades t\u00e9cnicas, la inexistencia de este nivel en el lado opuesto obliga a considerar otros par\u00e1metros relacionados estrechamente con la erecci\u00f3n de la muralla Norte.<\/p>\n\n\n\n<p>La cara Este de la muralla transversal en esta zona de uni\u00f3n ten\u00eda dos o, a lo sumo, tres hiladas, si consideramos como tal un gran bloque calizo que fue eliminado durante los trabajos de excavaci\u00f3n por peligro de desplome sobre el lugar de trabajo. La altura conservada del lienzo era de unos 60 cm. Estos bloques presentaban grandes dimensiones, alcanzando algunos los 50 cm de longitud y 30 de altura. La roca madre en este lado presenta un marcado desnivel hacia el Norte, hecho en el que pudo radicar que la muralla reventase en su base por empujes del relleno, ya que \u00e9ste ha sido localizado en el desplome bajo los bloques calizos del paramento.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo que respecta a la muralla Norte, en esta zona, presenta diferencias estratigr\u00e1ficas notables a un lado y otro de la muralla transversal. Mientras que al Este se documenta el nivel de derrumbe de ambas murallas entremezclado hasta el punto que es casi imposible diferenciarlos a no ser por el buzamiento de las piedras, indicador de la direcci\u00f3n de la ca\u00edda y factor que nos lleva a interpretar que el desplome en este sector es coet\u00e1neo en el tiempo, en el lado opuesto, el Oeste, los restos son demasiado escasos para una obra de este tipo e interpretar que \u00e9stos rodaron en su totalidad por la ladera hasta la vaguada es cuando menos, en principio, demasiado arriesgado. Un dato sorprende en este lugar, la enorme decalcificaci\u00f3n de los mampuestos conforme aumenta la profundidad, lo que debemos relacionar con filtraciones de agua ya detectadas con anterioridad en el tramo excavado en la muralla transversal, si bien no con esta importancia. La explicaci\u00f3n a ello la podemos tener en el fuerte desnivel de la roca que favoreci\u00f3 la escorrent\u00eda del agua, tanto m\u00e1s durante el deshielo, actuando la muralla Norte como barrera de contenci\u00f3n por lo que a priori podr\u00eda considerarse este fen\u00f3meno natural como el causante del derrumbe de la muralla Norte en esta zona de uni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Bajo esta unidad se localiz\u00f3 una alineaci\u00f3n de piedras asentadas directamente sobre la roca madre, igualmente alteradas por el proceso de decalcificaci\u00f3n, que creemos pertenecieron a la base del lienzo de la muralla Norte, a pesar de la escasa entidad de los restos, ya que al otro lado de la muralla transversal se identific\u00f3 un paramento de igual orientaci\u00f3n, en el que solamente tenemos en posici\u00f3n original los bloques calizos inferiores (Fig. 13).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.13-Sistema_defensivo_13.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1170\" width=\"517\" height=\"440\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Todo esto nos lleva a plantear que las estructuras localizadas no responden al mismo momento cronol\u00f3gico y, adem\u00e1s, forman parte de diferentes organizaciones del espacio, cuyas fases ordenadas, pero sin una cronolog\u00eda completa pueden ser las siguientes: (Fig. 14)<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.14-Sistema_defensivo_14.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1171\" width=\"433\" height=\"265\" srcset=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.14-Sistema_defensivo_14.jpg 808w, https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.14-Sistema_defensivo_14-768x471.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 433px) 100vw, 433px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.15-Sistema_defensivo_14b.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1172\" width=\"540\" height=\"395\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>a) Fase 1: construcci\u00f3n de la muralla Norte. El p\u00e9simo estado de conservaci\u00f3n de los restos poco aporta a la hora de definir las caracter\u00edsticas constructivas de esta obra. La inexistencia del lienzo exterior, que por su localizaci\u00f3n orogr\u00e1fica debi\u00f3 rodar hacia el Cinto, en el momento de desplomarse la muralla impide no s\u00f3lo definir su anchura y altura sino tambi\u00e9n el derrumbe de los paramentos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>b) Fase 2: destrucci\u00f3n de la muralla Norte. \u00c9sta no debe entenderse como un hecho global que afectase a la totalidad de su trazado, sino a una parte del mismo, ya que, a partir de los datos arqueol\u00f3gicos, parece que en el sector donde aquella ha sido documentada se produjo, por causas naturales, puesto que la decalcificaci\u00f3n de los mampuestos apunta a una erosi\u00f3n paulatina del agua, favorecida por la fuerte inclinaci\u00f3n del sustrato, lo que debi\u00f3 originar su estancamiento en la base de la muralla.<\/p>\n\n\n\n<p>c) Fase 3:&nbsp; erecci\u00f3n de la muralla transversal y reconstrucci\u00f3n y reorganizaci\u00f3n del trazado de la muralla Norte, cerrando ambas al Nordeste y prolong\u00e1ndose el trazado de esta \u00faltima en direcci\u00f3n Oeste, a un nivel inferior, aprovechando una plataforma situada inmediatamente debajo; punto en el que ya se hab\u00eda observado la caracter\u00edstica cresta y derrumbe de este tipo de construcciones y que hasta ahora hab\u00eda sido interpretado como la existencia en esta zona de un doble amurallamiento. Es decir, una vez derrumbada la muralla Norte se emprende su reconstrucci\u00f3n, as\u00ed como la ejecuci\u00f3n de la muralla transversal, lo que implica una reorganizaci\u00f3n espacial a partir de la cual la traza de la muralla N&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; orte no va a ser la misma, descart\u00e1ndose su reconstrucci\u00f3n al Oeste de la transversal, tal como indican las diferencias estratigr\u00e1ficas a uno y otro lado de \u00e9sta. As\u00ed en este sector la muralla transversal se asienta sobre un estrato de nivelaci\u00f3n localizado, a su vez, sobre el derrumbe de la muralla Norte siendo, adem\u00e1s, pr\u00e1cticamente irrelevantes sus restos, hecho que nos lleva a pensar no s\u00f3lo en el rodamiento de los bloques calizos sino tambi\u00e9n en su aprovechamiento como cantera para la nueva construcci\u00f3n, mientras que al Este, el lienzo de la muralla Norte parece engarzarse en el de la transversal, siendo inexistente el estrato de nivelaci\u00f3n y observ\u00e1ndose, adem\u00e1s, la uniformidad espacial de ambos derrumbes.&nbsp; Por otra parte una observaci\u00f3n directa sobre el terreno nos puede llevar a entender aqu\u00ed la causa de la erecci\u00f3n de una l\u00ednea defensiva en la plataforma inferior, que a estas alturas de la investigaci\u00f3n no parece desencaminado asociar a este momento cronol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<p>d) Fase 4: destrucci\u00f3n de ambas murallas. \u00c9sta fue coet\u00e1nea, as\u00ed lo parece indicar la imposibilidad de diferenciar espacialmente los derrumbes de ambos lienzos, hecho por otra parte l\u00f3gico, ya que los empujes originados en la ca\u00edda de una inevitablemente tuvieron que afectar a la otra.<\/p>\n\n\n\n<p>Por tanto, todo parece indicar que nos situar\u00edamos ante dos momentos en la organizaci\u00f3n del espacio que no podemos, en la actualidad, asociar a otros tantos de ocupaci\u00f3n. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfSON POSIBLES LOS PARALELOS?: EL HOMBRE Y EL MEDIO<\/h1>\n\n\n\n<p>Estamos ante un modelo defensivo excepcional debido al tama\u00f1o del castro, al aprovechamiento de la naturaleza y a su aparente complejidad: una vaguada natural de 301 has. que act\u00faa a modo de foso, sirvi\u00e9ndose de las crestas calizas que rodean la pe\u00f1a, est\u00e1 elevado sobre el valle, como se observa, en especial, en el Cinto oriental y occidental, donde \u00e9ste se abre dando lugar a aut\u00e9nticas plataformas dominadoras, tambi\u00e9n, del paisaje. Es un modelo de acceso al castro a trav\u00e9s del foso, que obliga a dejar desprotegidos sus flancos al visitante, ofreciendo una soluci\u00f3n pr\u00e1ctica, ya que no existe otra posibilidad de entrada, con una clara connotaci\u00f3n estrat\u00e9gica (16), a la que, potencialmente, sus pobladores no fueron ajenos. Adem\u00e1s, esa vaguada, que fue utilizada como foso natural, posiblemente estuvo compartimentada por muros de naturaleza diversa que no s\u00f3lo dirig\u00edan la circulaci\u00f3n e imped\u00edan la libertad de movimientos por ella, sino que tambi\u00e9n proteg\u00edan las fuentes y manantiales que surgen, es decir, una divisi\u00f3n que podemos considerar perteneciente al sistema defensivo. \u00c9ste constaba, a su vez, de una l\u00ednea de muralla discontinua en el lado Norte, con una anchura entre 3,10 y 3,25 m y una altura potencial de 5,6 m en la zona excavada, que cubr\u00eda las partes m\u00e1s f\u00e1cilmente accesibles, es decir aquellas que carec\u00edan de farallones, y otra transversal de 3,5 m de anchura y una altura probable de 3,8 m en la zona excavada, que divid\u00eda el castro en dos parte desiguales, en la que no se ha localizado puerta alguna, lo que no quiere decir que no la tuviese. Estas murallas eran muros simples de piedra en su parte conservada, si bien desconocemos si lo fueron en su totalidad o pose\u00edan superestructuras de otros materiales, como adobe o maderas, formando empalizadas (17). El lado Sur no ten\u00eda defensas artificiales porque no eran necesarias ante la magnitud de los cortados.<\/p>\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil encontrar paralelos a este sistema, debido a su adaptaci\u00f3n al terreno, ya que ni siquiera es similar a cualquiera de las defensas de los <em>oppida<\/em> centroeuropeos, que, a su vez, tambi\u00e9n se caracterizan por esa cualidad; as\u00ed por ejemplo, Manching situado en una zona llana est\u00e1 defendido por una muralla; Kelheim, en la confluencia de los r\u00edos Altm\u00fchl y Danubio, est\u00e1 protegido por cortados naturales y por ambos cauces, quedando s\u00f3lo una zona provista de una doble l\u00ednea de defensas artificiales; Heidengraben se basa en el aprovechamiento de farallones naturales y Altenburg-Rheinau, ubicado en uno de los meandros del Rhin, se beneficia de los cortados que origina el r\u00edo, reforzando s\u00f3lo las zonas menos abruptas y estableciendo una l\u00ednea de muralla por el \u00fanico lado accesible (18).<\/p>\n\n\n\n<p>En la Pen\u00ednsula tampoco se pueden establecer paralelos en igualdad, dada la magnitud de las dimensiones del asentamiento y ah\u00ed es, precisamente, donde radica su originalidad, ni encontramos los mismos elementos juntos en un h\u00e1bitat de menor tama\u00f1o; ello nos indica que el sistema defensivo de la Ula\u00f1a no es comparable, por el momento, a ning\u00fan otro conocido de la II Edad del Hierro peninsular.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, los elementos empleados en \u00e9l son conocidos en la \u00e9poca en diferentes \u00e1mbitos, no planteando en este sentido innovaci\u00f3n alguna, si bien casi siempre son usados de forma aislada. As\u00ed casos de acceso al castro a trav\u00e9s del foso pueden se\u00f1alarse los del yacimieno de Valdetaus (Tauste, Zaragoza) (19), donde se aprovecha como parte del foso un escarpe natural, o el de el Castellar de Meca (Ayora, Valencia), donde el Camino Hondo hac\u00eda las veces de foso (20), e incluso se podr\u00eda a\u00f1adir por tener un esquema parecido el de la Corona de los Corporales (Truchas, Le\u00f3n), si bien aqu\u00ed el foso es una obra artificial excavada y no natural, con una abertura al exterior en su lado Norte, por la que quien entraba quedaba expuesto a los ocupantes (21).<\/p>\n\n\n\n<p>Igualmente podemos mencionar algunos ejemplos de fosos con estructuras en su interior delimitadoras de la circulaci\u00f3n, como en el yacimiento mencionado con anterioridad, de Valdetaus, donde un muro corta perpendicularmente el foso en su extremo Sur, obligando al visitante a dirigirse por su fondo hasta las defensas de la entrada principal e impidiendo que el enemigo pudiera circunvalar el recinto (22), y en el tipo IV de otros sistemas defensivos complementarios que Gus\u00ed. D\u00edaz y Oliver enuncian para yacimientos del Norte de la Comunidad Valenciana, en donde un muro perpendicular a la muralla atraviesa el foso (23).<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, muros simples, con dos paramentos externos y un relleno interior de piedra y tierra, empleados en la construcci\u00f3n de murallas son frecuentes (24), incluso de mayor anchura, como en el caso de los castros y <em>op\u00edddu<\/em> vetones, donde su espesor oscila entre los 4 y 8 m (25). Tambi\u00e9n son relativamente abundantes las murallas discontinuas, es decir interrumpidas en aquellas zonas abruptas o en acantilados, que indican s\u00f3lo un deseo de econom\u00eda de esfuerzos y de recursos (26).<\/p>\n\n\n\n<p>En las proximidades, zona meridional de la antigua Cantabria, tampoco hallamos un esquema defensivo comparable o similar, ni siquiera en el caso del Bernorio, que presenta foso, muralla y recinto interior de 3 has. El primero tiene una anchura que oscila entre los 4 m. sostenidos por Schulten, y los 8, de San Valero, y una altura media de 1,80 m. Los muros son simples con dos paramentos de piedra tallada y un relleno de piedra, con un espesor de 1,90 m. y un altura m\u00e1xima que no sobrepasar\u00eda los 3, seg\u00fan San Valero (27). La cronolog\u00eda de estas defensas se establece en los siglos II-I a.e., fundamentalmente por paralelismo con el castro de Celada Marlantes (28). No obstante, en la zona llamada del Castillo, en un momento indeterminado, seg\u00fan Esparza, se reforzar\u00edan los muros con una serie de vigas, dando lugar a un <em>murus gallicus<\/em>, mientras que Moret piensa que estar\u00edamos ante la presencia de una rampa (29). En el resto de los castros \u201ccl\u00e1sicos\u201d las referencias a sus defensas son difusas y aclaran poco el tema: as\u00ed en el ya mencionado castro de las Rabas (Celada Marlantes, Cantabria) se excav\u00f3 un muro, que ten\u00eda \u201cun solo lienzo de peque\u00f1as piedras bien talladas y asentadas\u201d del que se conservaban 5 hiladas y al que se le atribuye una funci\u00f3n defensiva; asimismo a escasa distancia, aunque no se determina \u00e9sta, \u201cse descubrieron nuevos muros en la misma direcci\u00f3n casi paralelo a la defensa\u201d, cuya interpretaci\u00f3n probable, seg\u00fan sus excavadores, ser\u00eda la de \u201cdefensas pasajeras a modo de trincheras\u201d (30). Sin embargo, Moret, que las fecha no m\u00e1s all\u00e1 del siglo II a.e., considera que la muralla tendr\u00eda una base de piedra sobre la que se colocar\u00eda una empalizada de madera (31). En Monte Cild\u00e1 (Aguilar de Campo\u00f3, Palencia) no existen vestigios que puedan atribuirse al sistema defensivo del asentamiento ind\u00edgena, aunque algunos autores suponen que las murallas ser\u00edan de mamposter\u00eda y similares a las del Bernorio (32). En el caso de Amaya, a la que por tradici\u00f3n se le asigna una importante ocupaci\u00f3n en la Edad del Hierro, sobre todo en la Segunda, Ab\u00e1solo piensa que es en esa \u00e9poca cuando se llevan a cabo las m\u00e1s importantes obras de amurallamiento que afectaron a aquellos lugares no suficientemente defendidos por la naturaleza y a su llamada acr\u00f3polis (33).<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco obtenemos mucha informaci\u00f3n de castros de m\u00e1s reciente estudio como el Cerro de la Maza (Pedrosa de Valdeporres, Burgos), donde se destacan unas murallas de una anchura de 2,50 a 3,40 m. (34), m\u00e1s gruesas, por tanto, que las exteriores del castro de la Espina del Gallego, 2 m., cuyo aparejo ser\u00eda de piedra y madera con una parte inferior levantada a base de un muro simple con dos paramentos de grandes&nbsp; bloques y un relleno de cascajo y una parte superior con una empalizada de madera: este sistema defensivo se completar\u00eda con otros muros interiores conc\u00e9ntricos de menor espesor, excepto en dos de sus lados, y un foso delante de la segunda muralla, seg\u00fan describe su excavador (35)<\/p>\n\n\n\n<p>En resumen, el sistema defensivo de la Ula\u00f1a se caracteriza por su magnitud, debido a las dimensiones del asentamiento, por su adaptaci\u00f3n al terreno y por el aprovechamiento de los recursos que la naturaleza le proporciona.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4.- LA CRONOLOG\u00cdA: MATERIALES Y DATACIONES ABSOLUTAS (36)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El yacimiento se caracteriza por su abundancia de materiales y las excavaciones efectuadas en las zonas de muralla no son una excepci\u00f3n a dicha afirmaci\u00f3n. Aunque se encuentren en fase de estudio para su publicaci\u00f3n de conjunto, podemos adelantar que, en principio, las cer\u00e1micas reflejan una secuencia cronol\u00f3gica, ya documentada en campa\u00f1as anteriores (37), con dos tipos de producciones: las que se corresponden a piezas pertenecientes a partir de de momentos de transici\u00f3n del Hierro I al II y el que formar\u00eda el conjunto de materiales de caracter\u00edsticas celtib\u00e9ricas plenas. Todas ellas se documentan en la muralla Norte, ya que en la transversal y en la uni\u00f3n de ambas s\u00f3lo se han constatado las primeras, si bien en el vertedero de aqu\u00e9lla la presencia cuantitativa de ambos es muy semejante y en el \u00e1mbito de ocupaci\u00f3n adosado a la misma el tipo m\u00e1s representado es tambi\u00e9n el primero.<\/p>\n\n\n\n<p>Este se corresponde con materiales que se fechan a partir de finales del IV y principios del III a.e. momentos de introducci\u00f3n del torno en la Meseta. Se trata de cer\u00e1micas fabricadas con arcilla refractaria con chamota de granulometr\u00eda variada y grosera, que responden a un de cocci\u00f3n inferior al id\u00f3neo, siendo poco aptas para el torneado. Sus superficies est\u00e1n alisadas o espatuladas, predominando la decoraci\u00f3n incisa. Su color oscila del pardo oscuro a negro, dependiendo de que predomine la cocci\u00f3n oxidante o reductora, casi siempre \u00e9sta. Posiblemente estamos ante una producci\u00f3n aut\u00f3ctona, aunque queda por constatar la existencia de hornos o talleres cer\u00e1micos (Fig. 15).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.2.4.16-Sistema_defensivo_15.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1173\" width=\"387\" height=\"503\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Se trata de ollas de peque\u00f1o tama\u00f1o con los bordes vueltos, con paralelos en la Corona de los Corporales y en el Raso (38) y jarras con decoraci\u00f3n de dise\u00f1os en espigas, con paralelos en Melgar de Abajo o en Bernorio entre otros yacimientos. (39)<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo se desarrollar\u00eda en cronolog\u00edas que oscilar\u00edan entre el 300 y mediados del I a.e., llegando, tal vez, hasta momentos cronol\u00f3gicos de las guerras c\u00e1ntabras. Est\u00e1 fabricado con arcillas ferruginosas, con m\u00e1s o menos desengrasantes de tipo sil\u00edceo o calc\u00e1reo y torneadas. Sus superficies han sufrido un tratamiento de alisado por efecto del torno, como preparaci\u00f3n para recibir la decoraci\u00f3n pintada. Su color oscila entre rojizo y ocre variando en funci\u00f3n del punto de fusi\u00f3n en la cocci\u00f3n oxidante. Son fragmentos de tinaja sin decoraci\u00f3n en los conservados, pero de grandes di\u00e1metros de boca, frecuentes entre otras zonas de la navarro-riojana y en la vaccea (40). No est\u00e1 resuelto el problema del origen de estas producciones en el sentido de identificar importaciones o piezas aut\u00f3ctonas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los materiales met\u00e1licos identificables nos sit\u00faan igualmente en el contexto de la II Edad del Hierro: una aguja de bronce y un regat\u00f3n de hierro. Hay que destacar el hallazgo, en el nivel de suelo de la posible ocupaci\u00f3n al interior de la muralla Norte, de un denario de <em>Turiaso<\/em>, en cuyo anverso aparece una cabeza&nbsp; barbada a derecha, con pelo rizado, collar en cuello y la leyenda <em>Kastu<\/em>, en caracteres ib\u00e9ricos, en torno al tipo. En el reverso aparece un jinete con lanza, con las cuatro patas del caballo sobre la leyenda <em>Turiasu,<\/em> tambi\u00e9n en caracteres ib\u00e9ricos. Pertenecer\u00eda a la denominada por Domingu\u00e9z como tercera emisi\u00f3n de plata de esa ceca, que fecha a principios del siglo I a.e. (Fig. 11)<\/p>\n\n\n\n<p>Respecto a los restos faun\u00edsticos encontrados en el vertedero de la muralla Norte, fundamentalmente se puede destacar que la cantidad de animales dom\u00e9sticos es mucho m\u00e1s amplia&nbsp; que la de salvajes. Entre los primeros, los ovicaprinos son los m\u00e1s numerosos, seguidos a cierta distancia por los bovinos, \u00e9quidos y suidos, mientras que entre los animales salvajes aparece exclusivamente el jabal\u00ed. Ello ayuda a conocer la dieta de los pobladores del castro as\u00ed como ciertos aspectos relacionados con sus actividades econ\u00f3micas.<\/p>\n\n\n\n<p>Las dataciones absolutas, a partir de 3 muestras de madera quemada son las siguientes:<\/p>\n\n\n\n<p>Base exterior de lienzo Oeste de la muralla transversal 2110 \u00b1 50 BP (GX-3027). Edad equivalente: 160 a.e. Intersecci\u00f3n: 161, 130, 120 a.e. 1 sigma: m\u00ednimo 199 a.e., m\u00e1ximo 50 a.e., probabilidad de distribuci\u00f3n 0.731: 179-86 a.e. 2 sigmas: m\u00ednimo: 352 a.e., m\u00e1ximo: 1 d.e., probabilidad de distribuci\u00f3n 0.854: 211-16 a.e.<\/p>\n\n\n\n<p>Base exterior del lienzo Oeste de la muralla transversal: 2230 \u00b1 50 BP (GX-30248). Edad equivalente: 280 a.e. Intersecci\u00f3n: 357, 286, 258, 243, 234 a.e., 1 sigma: m\u00ednimo 385 a.e., m\u00e1ximo: 202 a.e., 2 sigmas: m\u00ednimo 397 a.e. m\u00e1ximo: 169 a.e., probabilidad de distribuci\u00f3n 0.967: 393-197 a.e.<\/p>\n\n\n\n<p>Suelo de la posible ocupaci\u00f3n al interior de la Muralla Norte: 2060 \u00b1 100 BP (GX-30855). Edad equivalente: 1100 a.e. Intersecci\u00f3n: 50 a.e., 1 sigma: m\u00ednimo: 199 a.e., m\u00e1ximo: 53 d.e., probabilidad de distribuci\u00f3n: 0.908: 185 a.e. \u2013 32 d.e., 2 sigmas: m\u00ednimo: 378 a.e., m\u00e1ximo: 131 d.e., probabilidad de distribuci\u00f3n: 0889: 263 a.e. \u2013 130 d.e.<\/p>\n\n\n\n<p>De todo ello se puede concluir que este aparato defensivo est\u00e1 erigido, sin ninguna duda en la II Edad del Hierro, seg\u00fan se\u00f1alan, tanto las aportaciones cronol\u00f3gicas de los materiales como las fechas absolutas; incluso, si tenemos en cuenta \u00e9stas se podr\u00eda se\u00f1alar que la muralla transversal est\u00e1 construida ya hacia mediados del III-mediados del II a.e., ya que las muestras datadas se recogieron al exterior de ella, pero en su base, por lo que es evidente que la erecci\u00f3n tuvo que producirse antes (42) y la muralla Norte segu\u00eda en uso a finales del II-principios del I a.e., como reflejar\u00eda la posible ocupaci\u00f3n de un espacio adosado a su interior.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>5.- A QUI\u00c9N DEFIENDE Y DE QUI\u00c9N: EL SIGNIFICADO DEL SISTEMA DEFENSIVO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es evidente que la finalidad principal de la construcci\u00f3n de una muralla es la defensiva, ya que ante todo es una obra militar (43). No obstante, en los \u00faltimos tiempos trabajos desarrollados en otros puntos de la Pen\u00ednsula sobre el mundo castre\u00f1o han hecho especial hincapi\u00e9, adem\u00e1s, en la funci\u00f3n de la muralla como elemento a favor de la monumentalidad, la cohesi\u00f3n social y la ordenaci\u00f3n del espacio interior del castro (44), debido a que en su misma concepci\u00f3n las lleva impl\u00edcitas, tanto por el territorio que delimita como por el esfuerzo conjunto que supone su ejecuci\u00f3n (45). De esta forma la limitaci\u00f3n del espacio define una comunidad aut\u00e1rquica, autosuficiente y un grupo socialmente cohesionado (46) y refleja una voluntad de que esos procesos sociales sean perfectamente visibles (47).<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestro caso, la construcci\u00f3n de una muralla afianz\u00f3 el car\u00e1cter de aislamiento del propio emplazamiento elegido al unir las condiciones naturales \u2013 aprovechamiento de una vaguada que rodea todo el espacio a modo de gran foso natural y sobreelevada del valle &#8211; y las estructuras artificiales \u2013 muralla, accesos y, en relaci\u00f3n a \u00e9stos, muros que compartimentan la vaguada, que permit\u00edan controlar la circulaci\u00f3n por las zonas m\u00e1s desprotegidas y restringir el acceso a los recursos h\u00eddricos -. La muralla es un elemento defensivo, ya que bordea el cerro pr\u00e1cticamente a lo largo de todo su flanco Norte, el m\u00e1s f\u00e1cilmente accesible, mientras que en el resto del entorno de los farallones \u2013 de plano vertical y de m\u00e1s de 60 m de altura \u2013 serv\u00edan por s\u00ed mismos como defensa natural del recinto. Esa l\u00ednea defensiva discontinua, que desaparece en aquellas zonas donde los cortados presentan tal verticalidad que era t\u00e9cnicamente imposible practicar el ascenso, se adapta a las caracter\u00edsticas tipogr\u00e1ficas del emplazamiento. Este sistema se complet\u00f3 con la construcci\u00f3n posterior de una muralla transversal, que divide el castro, seg\u00fan hemos vistoen la zona de uni\u00f3n de ambas. Esto se debi\u00f3 producir antes de mediados del III-mediados del II a.e., momento en el que se replante\u00f3 la l\u00ednea de muralla Norte. Ello quiere decir que en esos momentos existi\u00f3 una nueva concepci\u00f3n de la organizaci\u00f3n espacial con fines que desconocemos, quedando claro que hay una necesidad de establecer esa divisi\u00f3n en el interior para usos diferentes (48); cualquier otra deducci\u00f3n, en estos momentos, del tipo de necesidades defensivas u otras, es una mera especulaci\u00f3n. No obstante, hay que tener presente para cualquier an\u00e1lisis posterior tres hechos:<\/p>\n\n\n\n<p>1) desconocemos si hab\u00eda puerta o puertas en esta muralla transversal, ya que los restos que quedan impiden cualquier aseveraci\u00f3n, bien es ciertos que sobre el terreno y en fotograf\u00eda a\u00e9rea convencional y arqueol\u00f3gica no se aprecia interrupci\u00f3n alguna, lo que no quiere decir que no exista bajo los derrumbes.<\/p>\n\n\n\n<p>2) el lado m\u00e1s peque\u00f1o que se crea en el castro, el Noroeste, tiene un acceso abierto en la muralla Norte, por lo que no queda aislado completamente;<\/p>\n\n\n\n<p>3) a ambos lados, existen estructuras, si bien en el recinto Noroeste su n\u00famero es proporcionalmente menor y mayoritariamente se sit\u00faan adosadas o muy pr\u00f3ximas a la muralla Norte sin que podamos, en el estado actual de la investigaci\u00f3n, establecer de forma fehaciente la intencionalidad de este reparto.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, parece improbable que la construcci\u00f3n de la muralla obedeciese \u00fanicamente a necesidades defensivas, sobre todo por la imposibilidad de defender un espacio de tales dimensiones, m\u00e1s si tenemos en cuenta el n\u00famero de habitantes posible, que se deducen del c\u00e1lculo de viviendas que hemos establecido, a partir de la prospecci\u00f3n, como ya hemos mencionado anteriormente. Si tenemos en cuenta el n\u00famero de ellas localizado y que la presi\u00f3n constructiva sobre el espacio fue muy limitada a diferencia de lo que ocurre en otros castros de dimensiones m\u00e1s reducidas y efectuamos una desviaci\u00f3n, dado que las 50 has. de la plataforma superior est\u00e1n ocupadas por un pinar y su investigaci\u00f3n arqueol\u00f3gica es cuando menos limitadas y que la media de personas por vivienda se viene aceptando entre 4 y 5 (49)<\/p>\n\n\n\n<p>tendr\u00edamos un n\u00famero aproximado de 600 habitantes, como cifra orientativa. No es arriesgado, por tanto, plantear que cualquier esfuerzo defensivo en un castro de 285 has es t\u00e9cnicamente in\u00fatil por lo que la construcci\u00f3n de una obra de tal importancia adem\u00e1s de una simple necesidad de protecci\u00f3n tuvo que ser respuesta a otras inquietudes.<\/p>\n\n\n\n<p>Es para nosotros precisamente la extensi\u00f3n del asentamiento el mayor condicionante que los pobladores debieron encontrar pero, a su vez, no se nos puede olvidad que esa particularidad, que le viene dada le otorga el car\u00e1cter de monumentalidad al castro, ya que la pe\u00f1a se vislumbra en el paisaje como elemento aislado, perfectamente delimitado y, por consiguiente, visible desde otras comunidades. En este sentido debe recordarse que la cuenca visual de la Ula\u00f1a se sit\u00faa en torno a los 80 km y no debemos olvidar la proximidad de otros castros como Monte Cild\u00e1 y su visualizaci\u00f3n como el del Bernorio, Amaya, Icedo o el Perul entre otros (50), con los que desconocemos, por el momento, el tipo de relaci\u00f3n que hab\u00eda y el hecho de que existiese, aun siendo de inter\u00e9s, es matizable en funci\u00f3n de que la cronolog\u00eda se\u00f1ale su sincron\u00eda (51), por lo que no ser\u00eda descartable, a la vista de todo ello, el empleo de la arquitectura defensiva con un car\u00e1cter disuasivo y de ostentaci\u00f3n, al igual que ocurre entre asentamientos de otras zonas (52), donde la intenci\u00f3n de visibilizaci\u00f3n esconde un c\u00f3digo de comunicaci\u00f3n entre las diferentes comunidades en el que se muestra no s\u00f3lo el potencial de poblaci\u00f3n, sino su capacidad de movilizaci\u00f3n de recursos (53) y su integraci\u00f3n en el paisaje, como elemento distintivo de la expansi\u00f3n del poder de la comunidad, con un elevado valor simb\u00f3lico (54).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en este an\u00e1lisis hay que a\u00f1adir la situaci\u00f3n geogr\u00e1fica en la que se ubica la Ula\u00f1a, enclavada en la frontera entre c\u00e1ntabros y turmogos, entendiendo \u00e9sta como una zona de permanentes contactos, entre los que debemos considerar los enfrentamientos militares, un \u201cterritorio de paso\u201d y un \u201cterritorio de nadie\u201d, con l\u00edmites difusos y cambiantes (55). Un \u00e1rea en la que la cultura material, que todav\u00eda est\u00e1 por definir en ambos grupos, no est\u00e1 vinculada a divisiones artificiales del territorio y en la que influyen m\u00e1s que las relaciones \u00e9tnicas, las comerciales y las sociales y las v\u00edas de comunicaci\u00f3n, como se ha puesto de manifiesto en otros \u00e1mbitos peninsulares (56). A pesar de que tradicionalmente el castro ha sido incluido dentro de la Cantabria prerromana, debido al supuesto trazado de la l\u00ednea de su frontera meridional y no a la existencia de una\u00ad estructura social o de una cultura material (57), de la que hasta el inicio de nuestros trabajos s\u00f3lo se conoc\u00edan datos procedentes de excavaciones clandestinas (58).<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 a todo ello, se deba la elecci\u00f3n del emplazamiento, dado su dominio visual y las caracter\u00edsticas que representaban un ahorro de recursos que junto a las estructuras constructivas que se le agregaron dotaban al asentamiento de un complejo sistema defensivo del que carecen los castros m\u00e1s pr\u00f3ximos, si bien es cierto que la investigaci\u00f3n de \u00e9stos sobre la materia es antigua y escasa y por tanto ser\u00eda conveniente actualizarla. Pero es indudable que si nos atenemos a los datos conocidos la Ula\u00f1a es el asentamiento de la zona con murallas m\u00e1s potentes como ya hemos mencionado. Sin embargo, mientras no conozcamos la relaci\u00f3n que manten\u00eda con los castros m\u00e1s pr\u00f3ximos y, en especial, con cu\u00e1les de ellos, pocas conclusiones podremos extraer, porque si los consideramos a todos contempor\u00e1neos se nos plantea un problema de dif\u00edcil soluci\u00f3n: a qu\u00e9 responde la concentraci\u00f3n de asentamientos que existe en esta parte centro-meridional de la Cantabria prerromana y, sobre todo, su gran tama\u00f1o durante la II Edad del Hierro, lo que nos lleva a otro aspecto: cu\u00e1nta gente habitaba en estos asentamientos de dimensiones considerables; recordemos: la Ula\u00f1a 285 has, Amaya 46, Cild\u00e1 m\u00e1s de 12, Bernorio 25, a los que hay que sumar otros m\u00e1s peque\u00f1os como Monasterio con unas 3 has, por ejemplo (59). En resumen, tenemos muy poca informaci\u00f3n en la actualidad sobre el tipo de poblaci\u00f3n y el patr\u00f3n utilizado en esta zona y reducirlo todo a la contemporaneidad de los asentamientos para poder establecer un discurso en el que entren los enfrentamientos entre pueblos \u2013 c\u00e1ntabros y turmogos \u2013 citados en las fuentes cl\u00e1sicas y las guerras c\u00e1ntabras parece un an\u00e1lisis muy simplista, que trata de ocultar las numerosas carencias existentes.<\/p>\n\n\n\n<p>La ubicaci\u00f3n de la Ula\u00f1a tambi\u00e9n ha hecho que no s\u00f3lo se la relacione sino que incluso se la incluya en los sucesos de las guerras c\u00e1ntabras a partir del nuevo panorama que se est\u00e1 dibujando sobre ellas, con la creaci\u00f3n de un nuevo escenario del conflicto en el que se asocia, junto a Amaya, el campamento de Sasam\u00f3n (60), dando por supuesta la sincron\u00eda de los tres establecimientos &nbsp;que parece deducirse de su contacto visual (61), y bas\u00e1ndose, adem\u00e1s, en material arqueol\u00f3gico de procedencia clandestina, por tanto descontextualizado y no contrastable, cuyas fechas en l\u00edneas generales no llegan a ese periodo (62).<\/p>\n\n\n\n<p>En el estado actual de nuestra investigaci\u00f3n nada indica que el castro haya sido escenario de dichos episodios b\u00e9licos. Esta uni\u00f3n es dif\u00edcil de mantener ya que hasta la fecha en las campa\u00f1as de excavaci\u00f3n realizadas no se ha hallado nivel de destrucci\u00f3n alguno y los restos de incendio son muy localizados y no est\u00e1n generalizados, lo mismo indica el an\u00e1lisis del registro arqueol\u00f3gico, dada su escasez, fragmentaci\u00f3n y deposici\u00f3n (63). Adem\u00e1s tampoco en la historiograf\u00eda cl\u00e1sica menciona ning\u00fan incidente donde pueda ser identificado el castro en dicho b\u00e9lico; ni que decir tiene que la propaganda imperial no hubiese dejado pasar por alto tan excepcional acontecimiento con asedio y destrucci\u00f3n incluida de un asentamiento de tales dimensiones repleto de ind\u00f3mitos c\u00e1ntabros, para engrandecer la figura de Augusto. De ah\u00ed que podamos plantear como hip\u00f3tesis, que el asentamiento fue abandonado de forma intencionada, lo que no quiere decir voluntaria y que los incendios pudieron ser provocados por causas muy diversas, puesto que siniestros de este tipo debieron ser muy comunes en la \u00e9poca debido, entre otros motivos, a los materiales usados en la construcci\u00f3n, pero ello no fue posiblemente la causa que hizo que sus habitantes se marchasen. Esa, sin duda, tiene relaci\u00f3n con la presencia romana en la zona, que no hay que entender exclusivamente desde la perspectiva militar de las guerras c\u00e1ntabras (64), puesto que se remonta a m\u00e1s de un siglo antes y los contactos en ese sector de la frontera debieron ser frecuentes en tiempos de paz, que tambi\u00e9n los debi\u00f3 haber. En los momentos de conflicto, los habitantes del castro ten\u00edan que ser conscientes de que la extensi\u00f3n del poblado era garant\u00eda de seguridad ante iguales, pero de poco serv\u00eda frente a un ej\u00e9rcito como el romano, sobre todo si lo ve\u00edan maniobrar por la paramera&nbsp; burgalesa&nbsp; desde el excelente mirador que proporciona su enclave ya que la defensa de 285 has implicaba un contingente de poblaci\u00f3n ind\u00edgena que dif\u00edcilmente hubo disponible, aunque se le considere como el centro principal de uno de los grupos en los que se subdivid\u00edan los c\u00e1ntabros, como alg\u00fan autor ha se\u00f1alado (65); si bien no hay datos que permitan considerar dicha afirmaci\u00f3n y sobre este tema s\u00f3lo podemos remitir los comentarios que hemos efectuado con anterioridad. Parece m\u00e1s l\u00f3gico que en caso de querer hacer frente a un ej\u00e9rcito como el romano se buscase un ambiente m\u00e1s propicio, como el que suministras las zonas de monta\u00f1a de la Cordillera Cant\u00e1brica, donde un ej\u00e9rcito tradicional se mueve con m\u00e1s dificultad y la poblaci\u00f3n se puede proteger en lugares m\u00e1s abruptos como se ha destacado ya desde hace tiempo, por ejemplo, en la zona astur (66), que no debemos olvidar que tambi\u00e9n sufri\u00f3 el conflicto. Por lo que pensamos que los pobladores del castro , bien lo abandonaron antes de que se produjese el avance militar romano y se refugiaron en zonas m\u00e1s inaccesibles y mejor defendibles, bien llegaron a alg\u00fan tipo de acuerdo con el invasor, que implic\u00f3 el abandono de su lugar de h\u00e1bitat, ya que, hasta el momento, en las excavaciones en marcha no se ha documentado ocupaci\u00f3n romana adscribible a estos momentos (67).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">NOTAS<\/h2>\n\n\n\n<p>(1) Sobre el yacimiento pueden consultarse las siguientes referencias, donde se recoge toda la bibliograf\u00eda anterior: Cisneros, M., El castro de la Ula\u00f1a (Humada, Burgos) la metodolog\u00eda de la una investigaci\u00f3n. <em>Regio Cantabrorum.<\/em> eds. Iglesias, J.M. y Mu\u00f1\u00edz, J.A., Santander, 1999, 91-97; Cisneros. M., La vivienda en la Cantabria prerromana, el castro de la Ula\u00f1a (Humada, Burgos), <em>Historia et philologica, In honorem Jos\u00e9 Mar\u00eda Robles, <\/em>eds. Torres, J., Universidad de Cantabria. 2002, 241-253; Cisneros, M., El oppidum de la Ula\u00f1a en la frontera meridional de los c\u00e1ntabros. <em>PalHisp, 4, <\/em>2004, en prensa, y <em>El castro de la Ula\u00f1a (Humada, Burgos). La documentaci\u00f3n arqueol\u00f3gica:<\/em> <em>1997-2001<\/em>. eds. Cisneros M. y L\u00f3pez Noriega P., Universidad de Cantabria, en prensa.<\/p>\n\n\n\n<p>(2) Sobre el tema: Almagro-Gorbea, M., Urbanismos en la Hispania \u201cC\u00e9ltica\u201d Castros y oppida del Centro y del Occidente de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, <em>Castros y oppida en Extemadura.<\/em> Complutum, extra 4 eds. Almagro-Gorbea, M y Mart\u00edn, A.M., Madrid, 1994, 13.75 y Almagro-Gorbea, M.&nbsp; D\u00e1vila, A.F. , El \u00e1rea superficial de los oppida de la Hispania \u201cC\u00e9ltica\u201d, Complutum, 6. 1995, 209.233.<\/p>\n\n\n\n<p>(3) Collis, J., <em>Defended Sites of the Late La T\u00e8ne. <\/em>BAR supplementary Series 2, Oxford. 1975, 104-146; Collis, J. <em>Oppida&nbsp; Earliest Towns North of the Alps<\/em>, Universidad de Sheffield.1984, 203-210; Audouze, F y Buchsenschutz, O., <em>&nbsp;Villes, villages et campagnes de L\u00b4Europe celtique<\/em>. Par\u00eds. 1989, 128 y 307-314; Kruta, V., <em>Les celtes, Historie et dictionnaire. Des origins \u00e0 la romanisation et au chistianisme. <\/em>Par\u00eds, 2000. 660-6661, 695 y 719-720 y Knopf. T., Leicht, M. y Sievers, S., Die grossen s\u00fcddeutschen Oppida Heidengraben, Manchng und Kelheim, <em>Les processus d\u00b4urbanisati\u00f3n \u00e1 l\u00b4age du fer. Eisenzeitliche Urbanisations prozesse, <\/em>dirs. Guichard. V., Sievers, S y Urban, O.H. Glux-en-Glenne, 2000. 141-147.<\/p>\n\n\n\n<p>(4) Sobre el Bernorio: Barril, M., Dos yacimientos en la Edad del Hierro, castro de los Barsones y Bernorio, <em>Regio Cantabrorum, <\/em>eds. Iglesias, J.M. y Mu\u00f1iz, J.A., Santander 1999, 48 . Sobre Monte Cild\u00e1: Almagro-Gorbea, cit. (n.2) 65 si bien en Almagro-Gorbea y D\u00e1vila, cit. (n.2) 213, se dice que este yacimiento es menor de 10 has. Sobre la extensi\u00f3n de los asentamientos burgaleses en la II Edad del Hierro puede consultarse Sacrist\u00e1n, J.D. y Ruiz V\u00e9lez, I., La edad de Hierro, <em>Historia de Burgos I, La Edad Antigua<\/em>. Burgos 1985, 210-211.<\/p>\n\n\n\n<p>(5) Jord\u00e1n, C., De las oestrymnidres, la Garumna e hidrotop\u00f3nimos relacionados, <em>Emerita<\/em>. LXX, 2002, 213-230.<\/p>\n\n\n\n<p>(6) Villar, F., <em>Los indoeuropeos y los or\u00edgenes de Europa. Lenguaje e historia, <\/em>Madrid, 1996, 503-514 y Gonz\u00e1lez Rodr\u00edguez, A., Cantabria: toponimia prerromana. <em>Regio Cantabrorum, <\/em>eds.Iglesias, J.M. y Mu\u00f1iz, J.A., Santander. 1999. 123<\/p>\n\n\n\n<p>(7) Aunque la bibliograf\u00eda sobre el tema es amplia, podemos destacar entre los m\u00e1s recientes: Fern\u00e1ndez-Posse, M.D., K. <em>&nbsp;La investigaci\u00f3n protohist\u00f3rica en la Meseta y Galicia., <\/em>Madrid, 1998, 224-228; Fern\u00e1ndez-Posse, M.D. Tiempos y espacios en la cultura castre\u00f1a. <em>Los poblados fortificados del Noroeste de la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica: formaci\u00f3n y desarrollo de la cultura castre\u00f1a, <\/em>eds. de Blas, M.A. y Villa, A., Navia 2002. 85-88 y S\u00e1nchez Palencia , F.J., Orejas, A. y Sastre, I., Los castros y la ocupaci\u00f3n romana en zonas mineras del Noroeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica. <em>Los poblados fortificados del Noroeste de la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica: formaci\u00f3n y desarrollo de la cultura castre\u00f1a, <\/em>eds. de Blas, M.A. y Villa, A., Navia. 2002, 251-252. Sobre este tema creemos que siguen siendo de consulta obligada: Sanchez-Palencia, F.J., y Fern\u00e1ndez-Posse, M.D., <em>&nbsp;La Corona y el Castro de los Corporales I. Truchas (Le\u00f3n). Campa\u00f1as de 1978 a 1981, <\/em>EAE. n\u00fam 141. Madrid, 1985, 289; S\u00e1nchez-Palencia, F.J. y Fern\u00e1ndez-Postigo, M.D., H\u00e1bitat y urbanismo en la Corona de los Corporales, <em>Arqueolog\u00eda espacial<\/em>, 9, 1986, 143-154; Fern\u00e1ndez-Posse, M.D. y S\u00e1nchez-Palencia, F.J., <em>La corona y el castro de los Corporales II. Campa\u00f1as de 1983 y prospecciones en La Valderia y la Cabrera (Le\u00f3n), <\/em>EAE. n\u00fam. 153, Madrid. 1988, 56-64 y Fern\u00e1ndez-Posse, M.D. y otros. Estructura social y territorio en la cultura castre\u00f1a prerromana, <em>I\u00ba Congresso de Arqueolog\u00eda Peninsular<\/em> (IV). Trabalhos de Antropolog\u00eda e Etaolog\u00eda 34, 3-4, Oporto, 1994, 194-197.<\/p>\n\n\n\n<p>(8) El tema est\u00e1 tratado en extenso en Cisneros y L\u00f3pez Noriega (eds.), cit (n.1).<\/p>\n\n\n\n<p>(9) Parcero, C. Elementos para el estudio de los paisajes castre\u00f1os del Noroeste peninsular. <em>TP. <\/em>52, I. 1995, 135-136: Fern\u00e1ndez-Posse, cit. (n.7) 1998, 212 y Parcero, C. Tres para dos. Las formas de poblamiento en la Edad del Hierro del Noroeste ib\u00e9rico, TP, 57, I, 2000, 85-88.<\/p>\n\n\n\n<p>(10) Todo ello se relacion\u00f3, adem\u00e1s, con los datos obtenidos en una encuesta oral efectuada ente la poblaci\u00f3n de n\u00facleos m\u00e1s pr\u00f3ximos al yacimiento, prestando especial atenci\u00f3n a los datos referidos a las labores que se realizaron en la Ula\u00f1a y el Cinto, as\u00ed como a su fecha y los accesos conocidos para llegar a ella. La encuesta oral est\u00e1 ampliamente tratada en Cisneros y L\u00f3pez Noriega (eds.), cit. (n.1).<\/p>\n\n\n\n<p>(11) Como por ejemplo los yacimientos de Coronilla II, la Torre de Turmiel, la Torre de Mazarete y la Cabezuela de Zaorejas, v\u00e9ase: Cerde\u00f1o, M.L., Garc\u00eda Huerta, R y Arenas, J. El poblamiento celtib\u00e9rico y la regi\u00f3n del Alto Jal\u00f3n y Alto Tajo. <em>Poblamiento celtib\u00e9rico. III Simposio sobre los celt\u00edberos<\/em>, coord. Bustillo, F., Zaragoza. 1995. 171.<\/p>\n\n\n\n<p>(12) Lorrio, A.J., <em>Los celt\u00edberos<\/em>, Complutum. 7.Universidad Complutense de Madrid-Universidad de Alicante. 1997. 84.<\/p>\n\n\n\n<p>(13) \u00c1lvarez Sanch\u00eds, J.R., <em>Los se\u00f1ores del ganado. Arqueolog\u00eda de los pueblos prerromanos en el occidente de Iberia.<\/em> Madrid. 2003. 37.<\/p>\n\n\n\n<p>(14) Los c\u00e1lculos han sido realizados por Jes\u00fas Seti\u00e9n Marqu\u00ednez, profesor de la ETS de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Cantabria, aplicando la f\u00f3rmula v = w \u00b7 h \u00b7 L (volumen = anchura \u00b7 altura \u00b7 unidad de longitud), donde son tenidos en cuenta el volumen de los restos de los derrumbes, la altura conservada de los lienzos y la anchura de \u00e9stos. Ahora bien, estos datos han de tomarse como orientativos ya que el rodamiento del derrumbe de la muralla hacia el cinto, determina que no estemos analizando variables exactas y que un volumen importante de los restos no sean perceptibles en la excavaci\u00f3n. Por el contrario, al cuantificar el volumen del derrumbe lo hacemos tambi\u00e9n de los dep\u00f3sitos de tierra posteriores y de los \u00e1mbitos vac\u00edos entre bloques.<\/p>\n\n\n\n<p>(15) V\u00e9ase n\u00ba 14 <em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(16) Sobre este sistema puede consultarse Romeo, F., Las fortificaciones ib\u00e9ricas del valle medio del Ebro y el problema de los influjos mediterr\u00e1neos. <em>&nbsp;La guerra en el mundo ib\u00e9rico y celtib\u00e9rico (ss. VI-II a. de C.), <\/em>coords. Moret, P. y Quesada, F., Madrid. 2002. 157<\/p>\n\n\n\n<p>(17) Moret, P., <em>Les fortifications ib\u00e9riques. <\/em><em>De la fin de l\u00b4\u00e2ge du bronze \u00e0 la conqu\u00eate romaine.<\/em> Madrid, 1996, 95. considera que en el \u00e1mbito ib\u00e9rico, por ejemplo, debieron ser raros los casos en los que toda la muralla estaba construida en piedra. Mientras que en su estudio de la Meseta Norte no especifica sobre esta materia, aunque considera que dos de los cinco ejemplos de aparejos de piedra y madera existentes est\u00e1n entre los castros c\u00e1ntabros, citando Bernorio y Celada Marlantes y, en este caso, como se citar\u00e1 m\u00e1s adelante, con una superestructura de madera sobre la piedra; v\u00e9ase Moret, P., Les fortifications de l\u00b4\u00e2ge du fer dans la Meseta espagnole: origine et difusi\u00f3n des techniques de constrution, <em>MCV, <\/em>XXVII-1, 1991, 15-16<\/p>\n\n\n\n<p>(18) Collis, cit (n. 3) 1984. 203 y 209-210<\/p>\n\n\n\n<p>(19) Romeo, F., El sistema defensivo del yacimiento ib\u00e9rico de Valdetaus, Zaragoza, <em>Sueessetania, <\/em>17, 1988, 47- 48.<\/p>\n\n\n\n<p>(20) Broncano, S. y Alfaro, M.M., <em>Los caminos de ruedas de la ciudad ib\u00e9rica de \u201cEl Castellar de Meca\u201d (Ayora, Valencia)<\/em>. EAE, n\u00fam. 162, Madrid. 1990. 198<\/p>\n\n\n\n<p>(21) S\u00e1nchez Palencia y Fern\u00e1ndez-Posse, cit. (n. 7). 1985, 84 y Fern\u00e1ndez-Posse y S\u00e1nchez-Palencia. cit. (n. 7). 55<\/p>\n\n\n\n<p>(22) Romeo, cit. (n. 19). 48, donde cita asimismo otros yacimientos que presentan soluciones similares como <em>Tergakom,<\/em> San Antonio de Calaceite, Els Castell\u00e1ns de Cretas o la Caraza de Valdevaller\u00edas. Tambi\u00e9n en Romeo, cit. (n. 16) 157-158 y Asensio, J.A., <em>La ciudad en el mundo prerromano en Arag\u00f3n.<\/em> Caesaraugusta, 70, Zaragoza, 1995, 316.<\/p>\n\n\n\n<p>(23) Gusi, F., D\u00edaz, M.A. y Oliver, A. Modelos de fortificaci\u00f3n ib\u00e9rica en el Norte del Pa\u00eds Valenciano, <em>Fortitifications. La problem\u00e0tica de l\u00b4ib\u00e8ric ple: (secles IV-III a.C.),<\/em> Manresa, 1991, 92, donde se citan entre los yacimientos que estar\u00edan incluidos en este tipo los de les Ventalles (Ulldecona) y la Cantera (Cad\u00ed). Tambi\u00e9n anuncian una variante con muros paralelos al foso.<\/p>\n\n\n\n<p>(24) Moret, cit. (n. 17) 1996. 80.<\/p>\n\n\n\n<p>(25) \u00c1lvarez-Sanchis, cit. (n. 13) 35. Otros ejemplos con anchuras que pueden ser similares a las nuestras los proporcionan algunos castros zamoranos, v\u00e9ase Esparza, A., <em>&nbsp;Los castros de la Edad del Hierro del Noroeste de Zamora, <\/em>&nbsp;Zamora. 1986, 247, o sorianos, v\u00e9ase Jimeno, A. y Arlegui, M. El poblamiento en el alto Duero, <em>Poblamiento celtib\u00e9rico. III Simposio sobre los celt\u00edberos, <\/em>coord. Burillo, F. Zaragoza. 1995, 115.<\/p>\n\n\n\n<p>(26) Monet. cit (n. 17) 1996, 62.<\/p>\n\n\n\n<p>(27) San Valoro, J.,<em> Excavaciones arqueol\u00f3gicas en Monte Bernorio (Palencia). Primera campa\u00f1a. 1943. <\/em>Informes y memorias 5. Madrid, 1944. 35-36 y Barril, cit (n. 4) 48.<\/p>\n\n\n\n<p>(28) Esparza, A., Reflexiones sobre el castro de Monte Bernorio (Palencia), PITTM, 47, 1981, 400 Y Barril, cit. (n. 4) 50.<\/p>\n\n\n\n<p>(50) Esparza, cit, (n. 28) 401-402 y Moret, cit. (n. 17). 1991. 15. Un excelente resumen de las teor\u00edas est\u00e1 hecho en: Barril, cit. (n. 4) 49. La descripci\u00f3n de los restos hallados en la excavaci\u00f3n se encuentra en San Valero, J., <em>Monte Bernorio. Aguilar de Campo\u00f3, (Palencia), <\/em>EAE, n\u00fam. 44, Palencia. 1966, 19-21.<\/p>\n\n\n\n<p>(30) Garc\u00eda Guinea, M.A. y Rinc\u00f3n, R., <em>El asentamiento c\u00e1ntabro de Celada Marlantes (Santander), <\/em>Santander, 1970, 17. Sin embargo, Rinc\u00f3n, R., Las culturas del metal, <em>Historia de Cantabria. Prehistoria. Edades Antigua y Media, <\/em>ed. Garc\u00eda Guinea, M.A., Santander, 1985, 188, considera que las fortificaciones del castro de Celada Marlantes dif\u00edcilmente habr\u00edan aguantando el ataque de un grupo peque\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>(31) Moret. cit. (n. 17). 1991. 16. Esta teor\u00eda ha sido aceptada recientemente por Garc\u00eda Guinea, M. A., Significado de la excavaci\u00f3n arqueol\u00f3gica en el castro de las Rabas (Celada Marlantes), <em>Regio Cantabrorum, <\/em>eds. Iglesias, J.M. y Mu\u00f1iz, J. A., Santander, 1999, 104, sin&nbsp; aportar datos nuevos que justifiquen el cambio de consideraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>(32) Garc\u00eda Guinea, M.A., Iglesias, J.M. y Caloca, P., <em>Excavaciones de Monte Cild\u00e1. Olleros de Pisuerga (Palencia), <\/em>EAE, n\u00fam. 82, Palencia. 1973, 47 y Ruiz, A., <em>Estudio hist\u00f3rico-arqueol\u00f3gico de Monte Cild\u00e1 (Aguilar de Campo\u00f3, Palencia)<\/em> Tesis doctoral, Santander, 1993, in\u00e9dita, donde se mencionan y descartan las teor\u00edas de Schulten sobre un sistema de muros y fosos atribuidos al castro prerromano vigentes en la erudici\u00f3n local.<\/p>\n\n\n\n<p>(33) Ab\u00e1solo, J.A., <em>Carta Arqueol\u00f3gica de la provincia de Burgos. Partidos judiciales de Castrojeriz y Villadiego, <\/em>Burgos, 1978, 52-53. En Amaya son visibles una serie de obras defensivas: el castillo medieval, la muralla cicl\u00f3pea que defiende el cerro del castillo a media ladera, que corresponde a la defensa de la acr\u00f3polis y que tradicionalmente viene siendo considerada como c\u00e1ntabra, aunque sin aportar argumentos y sin que existan paralelos con ning\u00fan otro castro c\u00e1ntabro, y un lienzo de la muralla, que se sonde\u00f3 en el a\u00f1o 2001 por parte de la empresa Alacet Arque\u00f3logos S.L que sirve de cierre Norte al \u00e1rea del castro, protegiendo un dif\u00edcil acceso natural, pero que es posterior a \u00e9poca romana. A este respecto conviene recordar que R. Moro en sus exploraciones de 1891 describe un resto de muralla que bordea parte del castro, sobre todo en las zonas m\u00e1s accesibles, aunque no se\u00f1ala sus caracter\u00edsticas constructivas ni fue objeto de sus intervenciones (v\u00e9ase Abascal, J.M., <em>Fidel Fita (1835-1918) Su legado documental en la Real Academia de la Historia. <\/em>Madrid, 1999, 100-101.)<\/p>\n\n\n\n<p>(34) Peralta, E., Castros y campamentos de campa\u00f1a de las guerras c\u00e1ntabras. <em>Los poblados fortificados del Noroeste de la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica: formaci\u00f3n y desarrollo de la cultura castre\u00f1a. <\/em>ed. de Blas, M.A. y Villa, A., Navia, 2002, 228-229.<\/p>\n\n\n\n<p>(35) Peralta, E., Los castros c\u00e1ntabros y los campamentos romanos de Toranzo y de Igu\u00f1a. Prospecciones y sondeos (1996-1997), <em>&nbsp;Las guerras c\u00e1ntabres, <\/em>&nbsp;Santander, 1999, 213-218.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;(36) Los materiales de las campa\u00f1as del 2002 y 2003 est\u00e1n siendo estudiados por parte de Juan Andr\u00e9s \u00c1lvarez Santos (cer\u00e1mica), Romana Erice Lacabe (metales) y Ana Bel\u00e9n Mar\u00eda Arroyo (\u00f3seos). Las dataciones absolutas han sido realizadas por Geochron Laboratories (Cambridge, Massachusetts, USA) y posteriormente las fechas radiocarb\u00f3nicas han sido calibradas mediante el Radiocarbon Calibration Program Rev 4.3 del Quaternary Isotope Lab de la Universidad de Washington.<\/p>\n\n\n\n<p>(37) Cisneros y L\u00f3pez Noriega (eds.), cit. (n. 1).<\/p>\n\n\n\n<p>(38) Sanchez-Palencia y Fern\u00e1ndez-Posse, cit. (n. 7) 1985, 100-101 y Fern\u00e1ndez G\u00f3mez, F., <em>&nbsp;La necr\u00f3polis de la Edad del Hierro de \u201cEl Raso\u201d. Candeleda, \u00c1vila, \u201cLas Guijas B\u201d. <\/em>Valladolid, 1997, 103-108.<\/p>\n\n\n\n<p>(39) Cuadrado, A. y San Miguel, L.C., El urbanismo y la estratigraf\u00eda del yacimiento vacceo de Melgar de Abajo (Valladolid). <em>Arqueolog\u00eda vaccea<\/em>. Valladolid, 1993, 329-330 y Gonz\u00e1lez Morales, M.R., La Prehistoria reciente. Los antecedentes de los c\u00e1ntabros. <em>C\u00e1ntabros. La g\u00e9nesis de un pueblo.<\/em> Santander, 1999, 90.<\/p>\n\n\n\n<p>(40) Castiella, A., <em>La Edad del Hierro en Navarra y en Rioja.<\/em> Pamplona. 1997. Para los paralelos vacceos de <em>Cauca<\/em>, Cu\u00e9llar. Montealegre. Sieteiglesias y Padilla de Duero, v\u00e9anse los art\u00edculos correspondientes en el volumen <em>Arqueolog\u00eda vaccea<\/em>.&nbsp; Valladolid. 1993.<\/p>\n\n\n\n<p>(41) Dom\u00ednguez, A., Las acu\u00f1aciones ib\u00e9ricas y celtib\u00e9ricas de la Hispania Citerior, <em>Historia monetaria de Hispania Antigua, <\/em>Madrid, 1998. 153; esta tercera emisi\u00f3n se caracteriza \u201cpor la incorporaci\u00f3n de los signos de la leyenda <em>Kasta<\/em> distribuidos en torno a la cabeza\u201d. Asimismo, seg\u00fan la clasificaci\u00f3n que esta misma autora estableci\u00f3 en 1979, el reverso ser\u00eda del tipo A de la serie 2, v\u00e9ase: Dom\u00ednguez, A. <em>Las cecas ib\u00e9ricas del valle del Ebro. <\/em>Zaragoza. 1999, 177.<\/p>\n\n\n\n<p>(42) En este sentido, Fernand\u00e9z-Posse, cit. (n. 7) 1998, 158, considera que \u201clas grandes fortificaciones con murallas y fosos continuos o perimetrales, m\u00e1s de un recinto y puertas sofisticadas son tard\u00edos. Hace falta esperar al siglo III para que nos aparezcan defensas como la del cast.ro de Arrabalde, en Zamora, o las de los castros cl\u00e1sicos del abulense valle del Ambl\u00e9s\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>(43) Moret, cit. (n. 17) 1996, 285-288 y Asensio, cit. (n. 22) 344<\/p>\n\n\n\n<p>(44) Entre otros v\u00e9ase Fern\u00e1ndez-Posse y otros, cit. (n. 7) 201; Fern\u00e1ndez-Posse, cit (n. 7) 2002, 86; Moret, cit (n. 17) 1996, 288 y Fern\u00e1ndez-Posse, M.D. y S\u00e1nchez-Palencia, F.J., Consideraciones sobre la estructura social y el territoria en la Asturia prerromana y romana. <em>Los Finisterres atl\u00e1nticos en la antig\u00fcedad. \u00c9poca prerromana y romana,<\/em> coorda. Fern\u00e1ndez Ochoa, C., Gij\u00f3n, 1996, 172.<\/p>\n\n\n\n<p>(45) A este respecto, no conviene olvidad, como se\u00f1ala Fern\u00e1ndez-Posse, cit. (n. 7) 1998, 212, que el \u201ctama\u00f1o de la comunidad debe estar de acuerdo no s\u00f3lo con los recursos potenciales del entorno, sino con su capacidad tecnol\u00f3gica y productiva\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>(46) Fern\u00e1ndez-Posse y otros, cit. (n.7) 200-202 y Fern\u00e1ndez-Posse, cit (n. 7) 2002, 86.<\/p>\n\n\n\n<p>(47) Criado, F., Visibilidad e interpretaci\u00f3n del registro arqueol\u00f3gico, TP. 50, 1993, 42.<\/p>\n\n\n\n<p>(48) \u00c1lvarez-Sanch\u00eds, cit. (n. 13) 37, para los castros vetones con varios recintos, que por sus grandes dimensiones, aunque menores al nuestro, podr\u00edan considerarse comparables.<\/p>\n\n\n\n<p>(49) Sobre el tema puede consultarse: Audouze y Buchsenschutz, cit. (n.3) 232. A c\u00e1lculos similares llegan otros autores a trav\u00e9s de diferentes procedimientos: Fern\u00e1ndez-P osse y S\u00e1nchez-Palencia, cit. (n.7) 227-228 y Camino, J., Algunos comentarios sobre las pautas territoriales y sociales de los castros del oriente de Asturias. <em>Los poblados fortificados del Noroeste de la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica: formaci\u00f3n y desarrollo de la cultura castre\u00f1a. <\/em>eds. de Blas, M.A. y Villa, A., Navia, 2002. 147.<\/p>\n\n\n\n<p>(50). Ab\u00e1solo, cit. (n. 33), 55 y 69. Sobre el dominio visual de los castros y los diferentes par\u00e1metros considerados seg\u00fan las zonas puede consultarse por ejemplo: para el Noroeste, Parcero, cit (n. 9) 2000, 81-82. Para el sistema Ib\u00e9rico, Arenas, J.A., <em>La Edad del Hierro en el Sistema Ib\u00e9rico Central, Espa\u00f1a, <\/em>BAR International Series 780, Oxford, 1999, 199-201, Para la &nbsp;zona vaccea, San Miguel, L.C., El poblamiento de la Edad del Hierro al occidente del valle medio del Duero, <em>Arqueolog\u00eda vaccea<\/em>, Valladolid. 1993, 45-46.<\/p>\n\n\n\n<p>(51) Fern\u00e1ndez-Posse, cit (n.7) 1998, 212 y Cisneros, cit. (n.1), en prensa.<\/p>\n\n\n\n<p>(52) Un ejemplo recientemente publicado es el del castro de Llag\u00fa: Berrocal-Rangel, L., Mart\u00ednez Seco, P. y Ruiz Trivi\u00f1o, C., <em>El castiellude Llag\u00fa, Un castro ast\u00far en los or\u00edgenes de Oviedo.<\/em> Madrid, 2002, 108.<\/p>\n\n\n\n<p>(53) V\u00e9ase entre otros, San Miguel, cit. (n. 50) 46; Fern\u00e1ndez-Poss\u00e9 y otros, cit. (n. 7) 201 y Fern\u00e1ndez-Posse, cit. (n. 7). 1998, 212<\/p>\n\n\n\n<p>(54) Guti\u00e9rrez Soler, L.M., <em>El oppidum de Giribaile,<\/em> Universidad de Ja\u00e9n, 2002, 50 y Fern\u00e1ndez-Posse, cit (n. 7) 2002, 85.<\/p>\n\n\n\n<p>(55) Para una zona pr\u00f3xima puede considerarse el an\u00e1lisis que se hace en: Aja, J.R. y otros, <em>El poblamiento de monta\u00f1a en el sector central de la Cordillera Cant\u00e1brica (Espa\u00f1a): Fuentes escritas y arqueol\u00f3gicas. El ejemplo de la comarca de La Bra\u00f1a (Palencia), <\/em>BAR International Series 759, Oxfork, 1999, VII-XI y 40.<\/p>\n\n\n\n<p>(57) Sobre el tema pueden consultarse: Gonz\u00e1lez Echegaray, J., <em>Los c\u00e1ntabros, <\/em>Santander, 1986, 18-19 y Peralta, E., <em>&nbsp;Los c\u00e1ntabros antes de Roma, <\/em>Madrid, 2000, 26-28. Especialmente, por su planteamiento y por realizar un buen estado de la cuesti\u00f3n: G\u00f3mez Fraile, J.M., <em>Los celtas en los valles altos del Duero y del Ebro, <\/em>Universidad de Alcal\u00e1, 2001, 63-76.<\/p>\n\n\n\n<p>(58) Un buen ejemplo de ello lo tenemos en: Peralta, cit. (n.57) 22, 52, 54, 62-65, 85, 128-129, 135, 137, 224 y 273 Peralta, cit. (n. 34) 227.<\/p>\n\n\n\n<p>(59) V\u00e9anse las referencias citadas en la n.4. Adem\u00e1s, Aja y otros, cit. (n. 55) 63; Peralta, cit (n. 34) 228, donde se atribuyen al castro del Cerro de la Maza 40 has. de extensi\u00f3n, y Cisneros. cit. (n. 1), en prensa.<\/p>\n\n\n\n<p>(60) Peralta, cit. (n. 34) 227-237. Sobre el campamento de Sasam\u00f3n, puede consultarse: Ab\u00e1solo, J. A., La ciudad de Segisamo. <em>Los or\u00edgenes de la ciudad en el Noroeste hisp\u00e1nico. Actos del Congreso Internacional <\/em>(I), coord. Rodr\u00edguez Colmenero, A., Lugo, 1998. 586 \u2013 597.<\/p>\n\n\n\n<p>(61) A este respecto podemos mencionar que las excavaciones que se vienen realizando en la Pe\u00f1a Amaya, desde el a\u00f1o 2000, por parte de la empresa Alacet Arque\u00f3logos, S.L., por encargo de la Junta de Castilla y Le\u00f3n, han permitido conocer diferentes ocupaciones desde la Edad del Bronce hasta la Baja Edad Media, pero la I Edad del Hierro s\u00f3lo est\u00e1 documentada por algunas cer\u00e1micas fuera de contexto y el Hierro II s\u00f3lo pueden atribuirse algunas piezas met\u00e1licas recuperadas en excavaci\u00f3n o depositadas desde antiguo en el Museo de Burgos, por lo que esta ocupaci\u00f3n no est\u00e1 suficientemente atestiguada y no debi\u00f3 extenderse por todo el castro. Estos datos no parecen corroborar la tesis mantenida por las historiograf\u00eda tradicional sobre el car\u00e1cter y la capitalidad c\u00e1ntabra de este asentamiento, cuya vinculaci\u00f3n s\u00f3lo es posible aceptarla en \u00e9poca visigoda, ya que las fuentes cl\u00e1sicas, no la mencionan y el Itinerario de Barro es un documento tan controvertido que no puede ser empleado como argumento; sobre este tema puede consultarse: Ram\u00edrez S\u00e1daba, J.L., La toponimia de la guerra. Utilizaci\u00f3n y utilidad, <em>&nbsp;Las guerras c\u00e1ntabras<\/em>, Santander. 1999. 174, n.4.<\/p>\n\n\n\n<p>(62) Peralta, cit. (n. 57) 63. Y a pesar de Peralta, cit. (n. 34) 227, dice: \u201cque algunos particulares han encontrado materiales militares, como glandes de plomo de honda, alguna clavija de tienda de campa\u00f1a y una moneda partida de la <em>cuetra\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(63) Cisneros, cit. (n.1) 247 y Cisneros y L\u00f3pez Noriega (eds.) cit. (n. 1), Hasta la fecha se realizado tres campa\u00f1as de excavaci\u00f3n que han afectado a dos unidades de ocupaci\u00f3n, parcialmente excavadas, tres zonas de muralla y una estructura, la 55, en fase de excavaci\u00f3n y cuya funci\u00f3n desconocemos en estos momentos. En todo ello s\u00f3lo hemos encontrado restos de incendio en una parte de una estructura de la unidad de ocupaci\u00f3n 1, casualmente la que pose\u00eda el hogar, y en una parte de la estructura 55. Las zonas de muralla excavadas tampoco muestran indicios de destrucci\u00f3n debida a un conflicto b\u00e9lico, ni siquiera de incendio, m\u00e1s bien de la ruina que origina el paso del tiempo o las causas naturales en una obra de las caracter\u00edsticas citadas en este trabajo y ubicada en un terreno con fuertes desniveles.<\/p>\n\n\n\n<p>(64) Sobre este tema, campamentos y unidades militares puede consultarse, por recoger la bibliograf\u00eda anterior de forma cr\u00edtica: Aja, J.R., <em>Historia y arqueolog\u00eda de la tardoantig\u00fcedad en Cantabria: la Cohors I Celtiberorum y Juliobriga. Un ensayo hist\u00f3rico sobre la Notitia Dignitatum Occidentis XLII. <\/em>30. Madrid, 2002, 30-49. Tambi\u00e9n Aja, J.R., T\u00f3picos sobre la Cantabria Romana, <em>Historica&nbsp; et philologica. In honorem Jos\u00e9 Mar\u00eda Robles, <\/em>eda. Torres, J., Universidad de Cantabria., 2002, 122-124.<\/p>\n\n\n\n<p>(65) Peralta, cit. (n. 57) 63.<\/p>\n\n\n\n<p>(66) S\u00e1nchez-Palencia y Fern\u00e1ndez-Posse, cit. (n. 7) 1985. 321<\/p>\n\n\n\n<p>(67) En este sentido, documentos como el Edicto de Bembibre nos sit\u00faan en un escenario de presi\u00f3n militar romana y, a la vez, de intentos de llegar a acuerdos y pactos pol\u00edticos con las comunidades ind\u00edgenas, en fechas anteriores o contempor\u00e1neas a las guerras c\u00e1ntabras, lo que encaja bien con la ideolog\u00eda de Augusto de implantar la autoridad romana no s\u00f3lo empleando la fuerza, sino tambi\u00e9n la diplomacia, all\u00ed donde fuera necesario y posible. Sobre el tema puede consultarse: Alf\u00f6ldy, G., El nuevo edicto de Augusto de el Bierzo en Hispania, <em>El bronce de Bembibre. Un edicto del emperador Augusto, <\/em>eds. Grau, L. y Hoyas, J.L., Valladolid. 2001, 18 y S\u00e1nchez-Palencia, Orejas y Sastre, cit. (n. 7) 254-256<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>AEspA, &hellip; <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"h5ap_radio_sources":[],"footnotes":""},"categories":[8,31,68],"tags":[],"class_list":["post-1157","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-documentos-historicos","category-el-castro-de-la-ulana","category-la-web-de-humada"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1157","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1157"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1157\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4502,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1157\/revisions\/4502"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1157"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1157"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1157"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}