{"id":1201,"date":"2023-01-18T13:10:05","date_gmt":"2023-01-18T12:10:05","guid":{"rendered":"https:\/\/lawebdehumada.es\/?p=1201"},"modified":"2025-11-10T09:24:46","modified_gmt":"2025-11-10T08:24:46","slug":"pena-amaya-y-pena-ulana-toponimia-y-arqueologia-prerromanas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lawebdehumada.es\/?p=1201","title":{"rendered":"PE\u00d1A AMAYA Y PE\u00d1A ULA\u00d1A, TOPONIMIA Y ARQUEOLOG\u00cdA PRERROMANAS"},"content":{"rendered":"\n<p>Acta Palaeohispanica IX<\/p>\n\n\n\n<p>Palaeohispanica 5, (2005), pp. 565-584<\/p>\n\n\n\n<p><strong>PE\u00d1A AMAYA Y PE\u00d1A ULA\u00d1A: TOPONIMIA Y ARQUEOLOG\u00cdA PRERROMANAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Miguel Cisneros<\/p>\n\n\n\n<p>Javier Quintana<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Luis Ram\u00edrez<\/p>\n\n\n\n<p><strong>1. MARCO GEOGR\u00c1FICO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las Pe\u00f1as Amaya y Ula\u00f1a est\u00e1n situadas en el Noroeste de la actual provincia de Burgos, dentro de los Ayuntamientos de Sotresgudo (pedan\u00eda de Amaya) y de Humada, respectivamente, ubicadas en la vertiente Sur de la Cordillera Cant\u00e1brica, dentro de la denominada comarca de Las Loras, y separadas por unos 4 km de distancia. Hidrogr\u00e1ficamente, ambas pertenecen a la Cuenca del Duero, r\u00edo al que drenan sus aguas a trav\u00e9s de su afluente el Pisuerga y a \u00e9ste a trav\u00e9s del Odra.<\/p>\n\n\n\n<p>El yacimiento de Pe\u00f1a Amaya se localiza sobre un destacado cerro amesetado de altitud creciente de Oeste a Este, alcanzando su m\u00e1xima cota, 1370 m, en su extremo Noreste. Su ladera es escalonada debido a la presencia de una plataforma estructural a 1.200 m levantada sobre un cantil de roca caliza que ronda los 50-100 m de ca\u00edda. Esta plataforma tiene un mayor desarrollo en la vertiente Sur y, en especial, en el extremo Oeste del cerro. Desde la misma, una acusada ladera y un nuevo cantil de roca, tambi\u00e9n de unos 100 m de desnivel, conduce a la parte superior del relieve, que aparece diferenciado por una profunda vaguada, desde donde fluye la fuente Hongarrera, uno de los manantiales del r\u00edo Riomance, afluente del r\u00edo Fresno, que a su vez tiene una de sus fuentes en la ladera Sur de la pe\u00f1a. Esta hendidura natural permite distinguir dos sectores, uno al Este, conformando una amplia mesa que recibe el top\u00f3nimo de La Muela, y otro al Oeste, donde se encuentra el castro, diferenciado por la erosi\u00f3n en dos zonas, el abrupto de El Castillo situado a occidente y con una cota m\u00e1xima de 1.307 m, y la plataforma de La Pe\u00f1a, cien metros m\u00e1s abajo y al Este y Sur del anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde este extremo de La Lora se abre hacia el Sur un circo entrelomas, surcado por el r\u00edo Fresno y el Rioman\u00e9 o Riomance, y m\u00e1s all\u00e1 el amplio horizonte de la planicie castellana.<\/p>\n\n\n\n<p>La Pe\u00f1a Ula\u00f1a es una amplia plataforma caliza de superficie aplanada, alargada en direcci\u00f3n Noroeste-Sureste, de unos 5 km de longitud y una anchura variable que va desde los 150 m en su carstificaci\u00f3n y pr\u00e1cticamente aislada de los relieves circundantes. Su altura est\u00e1 comprendida entre los 1.150 y 1.230 m y se eleva en relaci\u00f3n a los valles que la rodean unos 230, lo que la convierte en un excelente mirador que permite divisar un amplio espacio en torno a ella y, a la vez, la hace visible desde una gran distancia. El arroyo de San Mart\u00edn drena la vertiente Norte de la Pe\u00f1a, de la que recoge las aguas de varios peque\u00f1os arroyos y manantiales, y el r\u00edo de Los Ordejones, al Sur de aqu\u00e9lla, nace en dos surgencias c\u00e1rsticas. Asimismo, existen varios manantiales peque\u00f1os y fuentes que representan otros puntos de drenaje del sistema c\u00e1rstico extremo Noroeste a los casi 1.000 en su parte m\u00e1s ancha, afectada por un proceso de carstificaci\u00f3n y pr\u00e1cticamente aislada de los relieves circundantes. Su altura est\u00e1 comprendida entre los 1.150 y 1.230 m y se eleva en relaci\u00f3n a los valles que la rodean unos 230, lo que la convierte en un excelente mirador que permite divisar un amplio espacio en torno a ella y, a la vez, la hace visible desde una gran distancia. El arroyo de San Mart\u00edn drena la vertiente Norte de la Pe\u00f1a, de la que recoge las aguas de varios peque\u00f1os arroyos y manantiales, y el r\u00edo de Los Ordejones, al Sur de aqu\u00e9lla, nace en dos surgencias c\u00e1rsticas. Asimismo, existen varios manantiales peque\u00f1os y fuentes que representan otros puntos de drenaje del sistema c\u00e1rstico.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2. MARCO ARQUEOL\u00d3GICO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>2.1. Pe\u00f1a Amaya<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Constituye un yacimiento arqueol\u00f3gico peculiar no s\u00f3lo por su dilatada ocupaci\u00f3n y el protagonismo que dentro del marco regional cumpli\u00f3 en algunas de esas etapas, sino tambi\u00e9n porque en el imaginario popular se envuelve en un halo legendario que ha convertido a la capital del ducado visigodo en capital de los c\u00e1ntabros prerromanos, cuando lo cierto es que no aparece citada por los historiadores cl\u00e1sicos. Pero la historia de Amaya es otra y a ella trataremos de acercarnos brevemente con la ayuda de los datos arqueol\u00f3gicos ya conocidos o procedentes de nuestras excavaciones (1). Dado el objeto de esta comunicaci\u00f3n, no sobrepasaremos el l\u00edmite del mundo romano.<\/p>\n\n\n\n<p>El acceso al castro, de m\u00e1s de 42 ha de extensi\u00f3n, se realiza a trav\u00e9s de una trinchera ascendente excavada en la roca, de unos 2 m de ancho y 250 m de longitud, que en direcci\u00f3n Oeste atraviesa el primer cinto de roca. Esta trinchera pudo formar parte de un recinto defensivo que todav\u00eda en 1891 distingui\u00f3 Romualdo Moro (Abascal, 1999: 100-101).<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez alcanzado el nivel de la plataforma de La Pe\u00f1a, el camino nos conduce, tras otros 300 m, hasta una zona de algo m\u00e1s de 1,5 ha cubierta por ruinas de edificaciones medievales. Desde aqu\u00ed se inicia un sendero que sigue ascendiendo hasta la cumbre del propugn\u00e1culo del castillo, donde se encuentran los restos de la fortaleza, debiendo flanquear una muralla de aparejo cicl\u00f3peo. Desde las ruinas otra senda contin\u00faa hacia el Norte hasta topar con un alomamiento de 240 m de longitud que esconde una muralla medieval de mamposter\u00eda y de 3 m de ancho.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin menoscabo de la posible presencia campaniforme en alguna de las cuevas (Ab\u00e1solo, 1978: 51), la Pe\u00f1a Amaya, asidua de la literatura hist\u00f3rica desde el s. XVIII (Ce\u00e1n Berm\u00fadez, 1832; Fl\u00f3rez, 1859: 412-424; Madoz), conoce su primera ocupaci\u00f3n en el Bronce Final, momento al que pertenecen la espada de lengua de carpa y el hacha de tal\u00f3n que recuperara Moro. Estos hallazgos met\u00e1licos han encontrado un adecuado contexto en las cer\u00e1micas de Cogotas I localizadas en nuestras excavaciones, bien es verdad que tan s\u00f3lo en la zona de la fuente, all\u00ed donde al parecer se hall\u00f3 la espada, tenemos un estrato original de este momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, barajamos la hip\u00f3tesis de que la muralla cicl\u00f3pea del cerro del castillo pudiera pertenecer a este periodo, pues en nada se parece a las defensas c\u00e1ntabras ni sigue t\u00e9cnicas edilicias romanas o medievales.<\/p>\n\n\n\n<p>La etapa c\u00e1ntabra era conocida por algunos materiales met\u00e1licos (piezas de cintur\u00f3n, una f\u00edbula tipo Miraveche, etc.) y los denarios ib\u00e9ricos del Museo de Burgos o relacionados en la bibliograf\u00eda, as\u00ed como por un cuchillo Monte Bernorio (Sch\u00fcle, 1969: 292 y l\u00e1m. 165, 7) y el enganche met\u00e1lico y la canica presentados por Bohigas (1986-87: 125 y fig. 13, 9-11). A esta n\u00f3mina nuestros trabajos de documentaci\u00f3n han permitido a\u00f1adir dos f\u00edbulas de la memoria de Moro (Abascal, 1999: 100): una de omega, romana o del Hierro II, y la segunda de tipo La<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00e8ne I, subtipo A.I.2, datada desde fines del s. V y con perduraciones hasta fines del I a. C.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;(Argente, 1986-1987), con un paralelo en Monte Bernorio (Sch\u00fcle, 1969: l\u00e1m. 163, 25).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, durante nuestras excavaciones no s\u00f3lo no hemos localizado contextos de este periodo, sino que apenas sumamos nuevos hallazgos. Es cierto que recuperamos dos cer\u00e1micas pintadas, pero se inscriben entre las manufacturas de tradici\u00f3n ind\u00edgena de comienzos de \u00e9poca romana. Una nueva pieza procede de nuestra intervenci\u00f3n, pero carece del contexto original, pues apareci\u00f3 en un hoyo en compa\u00f1\u00eda de un \u00e1nfora altoimperial, se trata de un cuchillo afalcatado id\u00e9ntico a los numerosos ejemplares del castro de Las Rabas en Celada Marlantes, fechados en los siglos II-I a. C. (Bohigas, 1986-87; Garc\u00eda Guinea y Rinc\u00f3n, 1970; Garc\u00eda Guinea, 1999).<\/p>\n\n\n\n<p>Todos estos hallazgos prueban que efectivamente existi\u00f3 una Amaya c\u00e1ntabra, pero es tan escaso el bagaje para la que con tan m\u00ednimo fundamento se ha dado en llamar capital de los c\u00e1ntabros que no deja de sorprender. Nos preguntamos si no es posible que el \u00e1rea de ocupaci\u00f3n prerromana se circunscriba a puntos a\u00fan no sondeados, pero frente a esta duda nos queda la idea de que Amaya seguramente no tuvo la entidad de los castros de La Ula\u00f1a o Monte Bernorio, lo que explicar\u00eda la cercan\u00eda que mantiene con el primero, respecto al cual pudo tener un papel subordinado.<\/p>\n\n\n\n<p>En el a\u00f1o 26 a. C.Augusto llega a&nbsp;<em>Tarraco&nbsp;<\/em>para dirigir los preparativos de la conquista de Cantabria, expedici\u00f3n que se inicia en la primavera del 25 a. C. Seg\u00fan Rodr\u00edguez Colmenero (1979), de&nbsp;<em>Segisamo&nbsp;<\/em>(Sasam\u00f3n) partieron tres columnas, de las cuales la oriental pudo seguir la ruta<em>Pisoraca<\/em>-Amaya-curso del Rudr\u00f3n-alto Ebro-Villarcayo-Valle de Mena-Valmaseda-<em>Flaviobriga<\/em>. En este momento de las Guerras C\u00e1ntabras es cuando, seg\u00fan Peralta (2000: 126), Amaya desempe\u00f1a un papel clave como capital de los Moroecanos, pero por el momento no podemos probarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>El dominio efectivo del territorio se puso de manifiesto en la construcci\u00f3n de una amplia red viaria, siendo la m\u00e1s conocida la que desde&nbsp;<em>Pisoraca&nbsp;<\/em>(Herrera de Pisuerga) pasando por&nbsp;<em>Iuliobriga&nbsp;<\/em>(Reinosa) llegaba hasta la costa por la cuenca del Besaya. El punto de arranque de esta v\u00eda desde la principal de&nbsp;<em>Asturica Augusta&nbsp;<\/em>a&nbsp;<em>Caesaraugusta&nbsp;<\/em>es tema de controversia, proponi\u00e9ndose hasta tres trazados que no tienen que ser excluyentes. Uno de ellos (Ab\u00e1solo, 1978; Iglesias y Mu\u00f1iz, 1992) coincidir\u00eda con uno de los caminos de penetraci\u00f3n de las legiones y tambi\u00e9n aproximadamente con el decurso se\u00f1alado en la placa I del controvertido Itinerario de Barro, pero que nos interesa aqu\u00ed porque, de ser cierto, no s\u00f3lo es la primera aparici\u00f3n del nombre de&nbsp;<em>Amaia,&nbsp;<\/em>sino que fijar\u00eda su vinculaci\u00f3n con esa&nbsp;<em>via militaris<\/em>, r\u00e1pidamente sustituida por la que pasaba por la sede de la&nbsp;<em>Legio IV&nbsp;<\/em>(<em>Pisoraca<\/em>) y llevaba hasta<em>Iuliobriga&nbsp;<\/em>y el cant\u00e1brico (<em>Portus Blendium<\/em>). Con todo, un &nbsp;tramo de ese viejo camino hubo de mantenerse uniendo&nbsp;<em>Pisoraca&nbsp;<\/em>con&nbsp;<em>Segisamo<\/em>pasando por&nbsp;<em>Amaia&nbsp;<\/em>(Ab\u00e1solo, 1978: 211-213), aunque otros autores la hacen discurrir algo m\u00e1s al Sur (Iglesias y Mu\u00f1iz, 1992: 148-150).<\/p>\n\n\n\n<p>La conquista y posterior ocupaci\u00f3n romana en Amaya durante todo el Imperio encontraba su refrendo arqueol\u00f3gico en diversos fragmentos de sigillata hallados en superficie (Ab\u00e1solo, 1978: 65, fig. 12), en la colecci\u00f3n de estelas, en las cuales aparece tanto la onom\u00e1stica romana como la ind\u00edgena (\u00eddem, 1975; Abascal, 1999: 100-104) y en el numerario del Museo de Burgos (acu\u00f1aciones de Augusto y Tiberio, de las cecas de<em>Caesaraugusta<\/em>,&nbsp;<em>Calagurris<\/em>,&nbsp;<em>Celsa<\/em>,&nbsp;<em>Bilbilis&nbsp;<\/em>o&nbsp;<em>Cascantum<\/em>, adem\u00e1s de una de Antonino P\u00edo de mediados del II d. C.). De la memoria de Moro se han de sumar otras semejantes y la primera moneda tard\u00eda, de pleno siglo IV: un&nbsp;<em>nummus&nbsp;<\/em>de Constantino (Abascal, 1999: 222). Otros hallazgos parecen probar que las funciones desarrolladas en la Pe\u00f1a no fueron exclusivamente militares, esto se deduce de la colecci\u00f3n de estelas, pero tambi\u00e9n de las piezas de tocador (pinzas, paleta, cucharita de cerumen, ung\u00fcentarios), asas de muebles, pulseras, etc., del museo burgal\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>La presencia de numerosos fragmentos de t\u00e9gulas en la cumbre del cerro del castillo dan fe de que el punto culminante del castro fue utilizado en esta \u00e9poca. Descendiendo algo m\u00e1s, uno de los sondeos de la ladera Sur nos proporcion\u00f3 una estratigraf\u00eda con niveles altoimperiales y tardorromanos asociados a construcciones. La m\u00e1s interesante de estas \u00faltimas no pasa de ser una edificaci\u00f3n particularmente pobre, formada por muros que emplean tanto grandes bloques como peque\u00f1os mampuestos, todos ellos sin regularizar y sin mortero. Desde luego debemos estar ante un tipo de construcci\u00f3n secundaria, tal vez inmediata a otra de mayor porte, pero en cuyo derrumbe se conservan interesantes materiales: fragmentos de vasos de paredes finas, un peque\u00f1o trozo de sigillata, tachuelas tal vez de calzado y dos monedas, un quinario de Augusto de la serie acu\u00f1ada por&nbsp;<em>Lucius Carisius&nbsp;<\/em>para las guerras c\u00e1ntabras entre el 25 y el 23 a. C. y una curiosa falsificaci\u00f3n de \u00e9poca, un quinario forrado tardorrepublicano que parece imitar algunas de las amonedaciones de la familia&nbsp;<em>Cassia<\/em>. Adem\u00e1s de estos interesantes materiales, lo m\u00e1s significativo de esta estructura es que tras su colapso se produce otra ocupaci\u00f3n de \u00e9poca tard\u00eda, entregando un fragmento de un plato Palol 3 del \u00faltimo tercio del siglo IV o ya del V asociado a un piso de mortero de cal.<\/p>\n\n\n\n<p>En una de las zonas m\u00e1s favorables del castro, la del llano de la fuente, hemos localizado dos momentos sucesivos altoimperiales. Al inferior se le asocia una estructura de barro en cuyo derrumbe, en contraste con esa pobreza constructiva, encontramos fragmentos de dos lucernas, remitiendo la m\u00e1s completa, con una decoraci\u00f3n de banquete muy erosionada, a la forma Dressel 3 \u00f3 4 o Ponsich Ic del siglo I a. C., vasos de paredes finas y de cer\u00e1mica com\u00fan, de cer\u00e1mica pintada de tradici\u00f3n ind\u00edgena y objetos met\u00e1licos, como un cuchillo de hierro y un fragmento de pulsera de bronce. Muy poco despu\u00e9s, pues apenas hay diferencias en cuanto a los materiales, se levanta una cimentaci\u00f3n de mamposter\u00eda regularizada, de m\u00e1s de 7 m de largo por unos 0,70 de ancho, orientada de Este a Oeste y sostenida por contrafuertes cuadrangulares. En su derrumbe recuperamos nuevos cubiletes altos de paredes finas, de cuerpos ovoides y decorados con espinas o ruedecilla, uno de ellos de la forma Mayet II\/III, con fechas pr\u00f3ximas al cambio de era. Tambi\u00e9n contamos con un posible fragmento de TSI de la forma 14.1, de \u00e9poca medioaugustea, cronolog\u00eda extensible a un fragmento de mortero campano y a varios restos m\u00e1s de lucernas, adem\u00e1s de trozos de vidrio, cuentas, restos met\u00e1licos y de cer\u00e1mica com\u00fan. En la zona de La Pe\u00f1a m\u00e1s pr\u00f3xima al ingreso al castro tambi\u00e9n localizamos restos romanos, aunque estos son m\u00e1s modestos y en general corresponden al periodo tard\u00edo, como demuestra un vaso 37b con esquemas de c\u00edrculos, pero tambi\u00e9n con alguna evidencia altoimperial (la boca de un \u00e1nfora Dressel I).<\/p>\n\n\n\n<p>De la fecha tan temprana de la primera ocupaci\u00f3n romana y del car\u00e1cter plenamente romano de su cultura material deducimos que ese primer establecimiento tuvo car\u00e1cter castrense, hip\u00f3tesis apoyada por las caracter\u00edsticas de los hallazgos numism\u00e1ticos y de varios de los metales del Museo de Burgos. En este contexto, los endebles restos constructivos primigenios tal vez responden a un establecimiento provisional con motivo del conflicto, r\u00e1pidamente sustituido por una edificaci\u00f3n estable y de cierto porte como la encontrada encima. Las estructuras, los restos dom\u00e9sticos y la informaci\u00f3n deducible de la colecci\u00f3n epigr\u00e1fica demuestran que andando el tiempo el asentamiento tuvo tambi\u00e9n car\u00e1cter civil, aunque nunca perder\u00eda su valor estrat\u00e9gico, relacionado primero con el campamento legionario de Herrera de Pisuerga y, tras el abandono de esta posici\u00f3n en el 39 d. C., con el control de las v\u00edas de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2.2. Pe\u00f1a Ula\u00f1a<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Una de las principales peculiaridades de este yacimiento es su extensi\u00f3n: 586 has de las cuales 285 se localizan en la plataforma superior y las 301 restantes pertenecen a la vaguada o \u00abCinto\u00bb que lo rodea a modo de foso natural, por el que se accede a aqu\u00e9l, estando delimitado por la propia plataforma superior por un lado y por crestas rocosas elevadas por el otro, caracter\u00edstica \u00e9sta que pudo ser tenida en cuenta a la hora de considerar las posibilidades defensivas del recinto. Ello da lugar al mayor asentamiento de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica en la II Edad del Hierro (Almagro- Gorbea y D\u00e1vila, 1995) y uno de los m\u00e1s extensos de Europa (Collis, 1984: 203-210;Audouze y Buchsenschutz, 1989: 128, 307-308 y 314 y Kruta, 2000: 660-661, 695 y 719-720). Recientemente, a partir de los datos proporcionados<\/p>\n\n\n\n<p>por las excavaciones del yacimiento y de algunas sus caracter\u00edsticas, como la extensi\u00f3n, situaci\u00f3n geogr\u00e1fica, materiales y estructuras hallados en las excavaciones que estamos realizando, hemos considerado que nos encontramos ante un&nbsp;<em>oppidum&nbsp;<\/em>(Cisneros, 2004: 98-100).<\/p>\n\n\n\n<p>Entrar a La Ula\u00f1a supon\u00eda salvar un fuerte desnivel desde el valle para penetrar en el Cinto y circular por \u00e9l en una u otra direcci\u00f3n hasta alcanzar el trazado, que, con marcada pendiente, llevaba a la zona alta del emplazamiento. El tr\u00e1nsito por el Cinto Norte se establec\u00eda de forma paralela a la l\u00ednea de muralla (2) La situaci\u00f3n en el Cinto Sur era similar, ya que la inexistencia de una defensa artificial, en este caso, era paliada por el efecto de farallones pr\u00e1cticamente verticales, de hasta 60 m de altura, quedando el visitante igualmente expuesto.<\/p>\n\n\n\n<p>Una muralla bordea, de forma interrumpida, el cerro en su lado Norte, adapt\u00e1ndose a las caracter\u00edsticas topogr\u00e1ficas del emplazamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta l\u00ednea defensiva, que protege unos 4.200 m y de la que se conservan aproximadamente 2.900, tiene una anchura que oscila entre 3\u201910 y 3\u201935 m y a la que le hemos calculado una altura de unos 3\u20195 m para el paramento interior y en unos 5 para el exterior (3). &nbsp;Este sistema defensivo se complet\u00f3 con la construcci\u00f3n de una muralla de 257 m de longitud, 3\u201935 de anchura y una altura calculada de unos 4 para el paramento del lado Oeste y unos 4\u20195 para el del Este. Esta muralla, que corta el emplazamiento transversalmente, en direcci\u00f3n general Norte-Sur, y que pudo tener una funci\u00f3n relacionada bien con necesidades defensivas bien con la compartimentaci\u00f3n de espacios para usos diferentes, pero desconocidos en la actualidad, es posterior a la Norte, como pudimos comprobar durante la excavaci\u00f3n de la zona de uni\u00f3n de ambas, donde se observ\u00f3 c\u00f3mo \u00e9sta se hab\u00eda destruido por causas naturales, reorganiz\u00e1ndose el sistema defensivo con un nuevo trazado y la erecci\u00f3n de la muralla transversal. Esta reordenaci\u00f3n se hab\u00eda producido ya en el siglo III o en el II a.C. (Cisneros y L\u00f3pez Noriega, 2004: 10-14).<\/p>\n\n\n\n<p>Durante las labores de prospecci\u00f3n se documentaron, al menos, 179 estructuras que podr\u00edan ser de habitaci\u00f3n, lo que no quiere decir que interpretemos cada una de ellas como un n\u00facleo independiente (4), puesto que a partir de su forma, existencia de muros comunes entre ellas, proximidad espacial e independencia del conjunto respecto a otras construcciones, hemos diferenciado una serie de unidades de ocupaci\u00f3n, de las que hasta la fecha se han excavado tres, aunque parcialmente. De la vivienda n\u00fam. 1 han sido excavadas dos estructuras rectangulares adosadas, una de las cuales ten\u00eda un hogar de forma rectangular, adosado a su muro Norte. La n\u00fam. 2, de la que se han excavado tres estructuras adosadas de contorno circular, se caracteriza porque su construcci\u00f3n estuvo directamente relacionada con la disposici\u00f3n de los estratos geol\u00f3gicos, aprovech\u00e1ndose dos bandas paralelas de roca como cimentaci\u00f3n de los muros. El interior de estas habitaciones era muy reducido y su suelo<strong>,&nbsp;<\/strong>que se encuentra a un nivel inferior al de las dos bandas geol\u00f3gicas citadas, se caracteriza por la presencia de algunas losas planas de caliza, que nos lleva a plantear la posibilidad de que al menos en parte, \u00e9stas se utilizasen para nivelar el suelo, como ocurre en otros yacimientos de diferentes \u00e1reas hispanas (Cisneros, 2002: 245-251). De la unidad de ocupaci\u00f3n n\u00fam. 3, se han excavado dos estructuras rectangulares y parte de una tercera, caracterizadas por estar adosadas a la muralla Norte. Los trabajos llevados a cabo en la campa\u00f1a del a\u00f1o 2004 se han continuado en la del 2005.<\/p>\n\n\n\n<p>Los materiales cer\u00e1micos hallados nos sit\u00faan ante piezas que se fechan a partir de momentos de transici\u00f3n del Hierro I al II y otras de caracter\u00edsticas celtib\u00e9ricas plenas, al igual que los met\u00e1licos, fundamentalmente de hierro y bronce, que, tambi\u00e9n, nos sit\u00faan en el contexto de la II Edad del Hierro, destacando la presencia de elementos de adorno en bronce y de un regat\u00f3n en hierro; en la misma l\u00ednea ir\u00edan las informaciones que nos suministran los elementos l\u00edticos \u2014molinos circulares y colgante de pizarra\u2014y \u00f3seos \u2014ovicaprinos, bovinos, \u00e9quidos, s\u00faidos, jabal\u00ed, etc.\u2014, si bien \u00e9stos no ofrecen por s\u00ed mismos una cronolog\u00eda concreta sino que es necesario para su dataci\u00f3n tener en cuenta su contexto arqueol\u00f3gico (Cisneros, 2002: 250-251; Cisneros y L\u00f3pez Noriega, 2004: 17-18 y Cisneros, 2004: 95-98). Hay que destacar, entre los materiales, el hallazgo, en un nivel de suelo de una posible ocupaci\u00f3n documentada, en la campa\u00f1a del a\u00f1o 2003, al interior de la &nbsp;muralla Norte, de un denario de&nbsp;<em>Turiaso<\/em>, que pertenecer\u00eda a la denominada por Dom\u00ednguez como tercera emisi\u00f3n de plata de esa ceca, que fecha a principios del siglo I a. e. (Dom\u00ednguez, 1998: 153). Todos ellos \u2014materiales y estructuras\u2014 presentan relaciones con la Meseta Norte, el Valle del Ebro y la zona meridional de Cantabria, fundamentalmente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3. LA TOPONIMIA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Amaya y Ula\u00f1a son dos nombres que pueden suministrar informaci\u00f3n interesante sobre los pobladores que los acu\u00f1aron. Como razonaremos a continuaci\u00f3n los dos tienen etimolog\u00eda prerromana, por lo que un an\u00e1lisis detallado de toda la toponimia (mayor y menor) es necesaria para valorar la relaci\u00f3n nombre\/yacimiento arqueol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3.1. Pe\u00f1a Amaya<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los n\u00facleos de poblaci\u00f3n que la rodean son: Amaya, Cuevas de Amaya, Salazar de Amaya, Peones de Amaya,Villamart\u00edn de Villadiego y Valtierra de Albacastro. El referente de los primeros es Amaya:<\/p>\n\n\n\n<p>Cuevas es un apelativo romance de tipo descriptivo, Salazar hace referencia al nombre de un repoblador medieval y Peones es otro apelativo romance. A sus respectivos repobladores remite Villamart\u00edn de Villadiego.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguna consideraci\u00f3n podr\u00eda sugerir el primer elemento de Albacastro (Alba es prerromano), pero Valtierra nos conduce nuevamente al ambiente romance. En la microtoponimia se detecta el paisaje c\u00e1rstico, quiz\u00e1 menos que en La Ula\u00f1a, porque en torno a Pe\u00f1a Amaya s\u00f3lo hay 7 fuentes. No obstante, para tener una idea completa hay que a\u00f1adir 3 arroyos y los top\u00f3nimos Cuevas, Alto del Barranc\u00f3n, Canto Rodado, Las Canalizas y Nava los Tajos, que dan testimonio de los efectos de la erosi\u00f3n. En todos ellos destaca su acu\u00f1aci\u00f3n romance no s\u00f3lo por el apelativo b\u00e1sico (Fuente\/On, Manantial, Arroyo, La Torriente), sino tambi\u00e9n por los determinantes (On-garrera, Fuente de las Quintanas, etc).<\/p>\n\n\n\n<p>La presencia humana ha dejado tambi\u00e9n top\u00f3nimos romances en construcciones (El Castillo, Pe\u00f1a Ermita), en la explotaci\u00f3n del terreno (Somaseras, El Palomar, Camposoto, Quintanas, Ejido, Salinas, Valle de Hierro).<\/p>\n\n\n\n<p>La misma filiaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica denotan la topograf\u00eda (Vega Fr\u00eda, Alto del Barranc\u00f3n, Socolladillo), la fauna (La Aguilera, La Loba, Descuernavacas), la flora (Vibrera, Fresnedo, Salguera) y los hagiotop\u00f3nimos (San Miguel, Santill\u00e1n).<\/p>\n\n\n\n<p>Consecuentemente la toponimia remite a los tiempos de la repoblaci\u00f3n medieval, transparente en Las Quintanas\/Quintanillas, El Ejido, Somaseras o Santill\u00e1n y El Castillo (5). Los que tienen una etimolog\u00eda prerromana (Brezal, Cotorro) son reconocidos por los aut\u00f3ctonos como apelativos.<\/p>\n\n\n\n<p>A excepci\u00f3n de Mugas (6), el \u00fanico prerromano cuya etimolog\u00eda seignora es Amaya, para cuyo esclarecimiento tenemos que acudir a territorio lusitano, donde exist\u00eda una ciudad que griegos y romanos escribieron<em>Ammaia&nbsp;<\/em>(Ptolomeo, 2.5.6. y CIL II, 501). La ra\u00edz *amma est\u00e1 bien documentada entre los pueblos indoeuropeos que poblaron la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, entre los cuales est\u00e1n los lusitanos (Albertos, 1966: 21-22). Incluso&nbsp;<em>Ammaia&nbsp;<\/em>funcionaba como nombre personal femenino (cf. Atlas). Por consiguiente Amaya, igual que Ula\u00f1a, pertenece al acervo ling\u00fc\u00edstico que introdujeron los indoeuropeos en nuestra Pen\u00ednsula: vetones y lusitanos ten\u00edan muchas cosas en com\u00fan con c\u00e1ntabros y turmogos, por lo que la existencia en sus territorios respectivos de nombres iguales o similares es veros\u00edmil y perfectamente explicable.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3.2. Pe\u00f1a Ula\u00f1a<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La Pe\u00f1a est\u00e1 rodeada por cuatro n\u00facleos de poblaci\u00f3n, Ordej\u00f3n de Arriba, Ordej\u00f3n de Abajo, Humada y San Mart\u00edn de Humada, todos ellos con etimolog\u00eda romance (7). La microtoponimia revela la existencia de un paisaje c\u00e1rstico.<\/p>\n\n\n\n<p>Utilizando apelativos en vigor, los top\u00f3nimos describen las cavidades (<em>Cueva de los Chirlones, Cueva del Guarda, Cueva Rudiez&#8230;<\/em>), depresiones (<em>La C\u00e1rcaba<\/em>), relieves caracter\u00edsticos de la erosi\u00f3n de la caliza (<em>Las Ventanas de Horadada<\/em>), presencia de roca desnuda (<em>Pe\u00f1a del Ros, Pe\u00f1a Alta del Carril<\/em>), abundancia de fuentes, nada menos que 15, (<em>Fuente Vieja, Fuente Espinedo, Fuente Vallejo, Fuente Teja&#8230;<\/em>), existencia de dep\u00f3sitos de agua (<em>Laguna de los Buitres, Poza del \u00c1guila<\/em>). Indirectamente queda tambi\u00e9n reflejada la fauna que puebla estos roquedos en top\u00f3nimos como&nbsp;<em>Laguna de los Buitres, Poza del \u00c1guila, Cueva de los Chirlones<\/em>, y la escasa vegetaci\u00f3n se percibe en&nbsp;<em>Fuente Espinedo<\/em>,&nbsp;<em>Ilagas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos, fauna y flora, contribuyen a describir un paisaje con predominio de la roca y con una altitud elevada.<\/p>\n\n\n\n<p>La presencia del hombre se advierte especialmente en los nombres de los caminos de acceso a este cerro (<em>Sendero de la Corruyuela, El Carril, La Bajadera<\/em>), con indicaci\u00f3n del desnivel (<em>La Varga&nbsp;<\/em>\u00abel repecho\u00bb), descripci\u00f3n de la revuelta del camino (<em>Volant\u00edn<\/em>), o la existencia de cercas de acceso (<em>La Portilla, Portillas<\/em>). Estos dos \u00faltimos nombres implican tambi\u00e9n la presencia de ganado, circunstancia bien reflejada en el top\u00f3nimo&nbsp;<em>Corral de Giras<\/em>. Igualmente, los siguientes top\u00f3nimos se deben a la utilizaci\u00f3n del terreno por parte del hombre:&nbsp;<em>El Moj\u00f3n&nbsp;<\/em>o<em>Mojonera&nbsp;<\/em>motivados por la existencia de un hito o moj\u00f3n;&nbsp;<em>Las Rozas<\/em>, terrenos rozados o limpios de matorral para posibilitar su uso agropecuario;&nbsp;<em>El Molino de Pis\u00f3n&nbsp;<\/em>revela la existencia de un ingenio hidr\u00e1ulico utilizado para moler (molino) y como bat\u00e1n (pis\u00f3n o pisa).&nbsp;<em>Los Ordejones&nbsp;<\/em>delatan el cultivo de la cebada. Finalmente es el nombre del propio hombre el que aparece fijado en el terreno:&nbsp;<em>Cueva del Guarda, Cueva Rudiez<\/em>, y el de sus divinidades:&nbsp;<em>San Rom\u00e1n, San Juli\u00e1n, San Mart\u00edn.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Es una toponimia tan romance que incluso algunos top\u00f3nimos prerromanos son reconocidos por los aut\u00f3ctonos como apelativos (caso de&nbsp;<em>cotorro&nbsp;<\/em>\u00abcerro peque\u00f1o\u00bb). Por lo que pudimos ver los lugare\u00f1os hab\u00edan perdido la noci\u00f3n de \u00abvarga\u00bb, pero conservaban claras las de \u00abchirl\u00f3n\u00bb (\u00abavi\u00f3n\u00bb), \u00abilaga\u00bb (\u00abaulaga\u00bb) de modo que La Ula\u00f1a es el \u00fanico top\u00f3nimo cuya acu\u00f1aci\u00f3n podemos asegurar que se remonta a \u00e9poca prerromana.<\/p>\n\n\n\n<p>Procede de la ra\u00edz paleoeuropea, * ul-, expresada seg\u00fan la manera de Krahe, *el- \/ * ol- \u00abfluir, manar\u00bb que da nombre a diversos hidr\u00f3nimos (8).<\/p>\n\n\n\n<p>La Ula\u00f1a no es un r\u00edo, sino un cerro. Pero un cerro cuya caracter\u00edstica m\u00e1s notoria es la de tratarse de un roquedo c\u00e1rstico con abundancia de cuevas y depresiones por donde se filtra el agua que luego reaparecer\u00e1 en forma de abundantes fuentes a los pies de la pe\u00f1a, tal y como queda reflejado en la toponimia menor. Esta abundancia de surgencias es la que en nuestra opini\u00f3n ha motivado, tanto en Ula\u00f1a como en Ulaca, la utilizaci\u00f3n de la ra\u00edz *ol- \u00abmanar\u00bb. Y por esto mismo es veros\u00edmil una etimolog\u00eda de car\u00e1cter hidron\u00edmico como la propuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>La toponimia romance (incluida la hagionimia) es signo evidente de una repoblaci\u00f3n medieval, tal como ocurri\u00f3 con Amaya. \u00danicamente&nbsp;<em>La Ula\u00f1a<\/em>qued\u00f3 como reminiscencia de sus antiguos pobladores. La lengua a la que se adscribe esta ra\u00edz es denominada paleoeuropeo. En la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica parece que su presencia fue anterior a las lenguas indoeuropeas prerromanas hist\u00f3ricas, el lusitano y el celta. (Villar, 1996: 503-514).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4. CONSIDERACIONES FINALES<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>4.1. \u00bfEs posible la adscripci\u00f3n de los restos a alguna ciudad citada en los textos?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEl cerro de La Ula\u00f1a se llamaba as\u00ed cuando fue ocupado o reocupado en la Edad del Hierro? \u00bfOcurri\u00f3 lo mismo cuando se reocup\u00f3 Amaya? \u00bfVetones y Lusitanos hablaban la misma lengua indoeuropea, no c\u00e9ltica, que turmogos y c\u00e1ntabros?<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas disponemos de documentaci\u00f3n suficiente para hacer afirmaciones taxativas. De La Ula\u00f1a no hay ning\u00fan documento escrito y las inscripciones procedentes de Pe\u00f1a Amaya est\u00e1n tan fragmentadas o deterioradas que requieren la m\u00e1xima prudencia. \u00danicamente hay tres nombres ind\u00edgenas, tambi\u00e9n conocidos y usados por lusitanos y vetones:<em>Auga<\/em>;&nbsp;<em>[&#8212;]ria Avita<\/em>9;&nbsp;<em>[&#8212;]+o Pintoviq(um)<\/em>10. Esto confirmar\u00eda, con las debidas cautelas, la unidad ling\u00fc\u00edstica de turmogos-c\u00e1ntabros, vetones y lusitanos, topon\u00edmica y antropon\u00edmicamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Ambas pe\u00f1as tuvieron que pertenecer a alguna de las ciudades conocidas por las fuentes literarias. A priori \u00fanicamente podemos asignarlas a una de las tres ciudades siguientes (las dos primeras en funci\u00f3n de las coordenadas ptolemaicas).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Brauon&nbsp;<\/em>es la ciudad turmoga m\u00e1s septentrional, conocida \u00fanicamente por Ptolomeo (2.6.51), cuya situaci\u00f3n es por el momento desconocida (Tovar, 1989: 351).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Moroeca&nbsp;<\/em>es la ciudad c\u00e1ntabra m\u00e1s meridional, pero que tambi\u00e9n conocemos \u00fanicamente por Ptolomeo, y cuyas identificaciones tampoco son convincentes (Tovar, 1989: 360). Etimol\u00f3gicamente podr\u00eda reposar en la ra\u00edz prerromana *mar\/mor, que significa \u00abagua quieta\u00bb. Como Ula\u00f1a parece tambi\u00e9n un \u00e9timo prerromano relacionado con la ra\u00edz *al\/ol\u00abfluir\u00bb, (Gonz\u00e1lez Rodr\u00edguez, 1999: 120 y 119 respectivamente), Moroeca podr\u00eda convenir etimol\u00f3gicamente a las caracter\u00edsticas de La Ula\u00f1a, aunque ya hemos visto que no hay documentaci\u00f3n que lo verifique.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Amaia&nbsp;<\/em>la conocemos por Juan de B\u00edclara (FHA IX, 155). Las 11 inscripciones halladas en Pe\u00f1a Amaya confirman la existencia de un h\u00e1bitat romano (Fita, 1891: 527-53111 y CIL II, 2915). Pudo ser una ciudad seg\u00fan parece sugerirlo la estela de&nbsp;<em>Aelius Maritimus<\/em>, que paga un edificio de cierta entidad, seguramente p\u00fablico (<em>exedra cum basi<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Preferimos pensar en&nbsp;<em>Moroeca&nbsp;<\/em>por las razones siguientes<em>.&nbsp;<\/em>Es la zona llana (cuenca del Odra), por donde las aguas discurren m\u00e1s tranquilas, la que pudo recibir su denominaci\u00f3n a partir de la ra\u00edz *mor formando el top\u00f3nimo&nbsp;<em>Mor-oeca&nbsp;<\/em>(o&nbsp;<em>Moro-eca<\/em>). Por contraste la Pe\u00f1a de la que brotan la mayor parte de las fuentes, tom\u00f3 su nombre de la ra\u00edz *ol (Ula\u00f1a).<\/p>\n\n\n\n<p>Amaya (<em>Ammaia<\/em>) ser\u00eda una entidad menor, que, sin embargo, por razones que desconocemos, adquiri\u00f3 mucha m\u00e1s importancia en \u00e9pocas romana y visig\u00f3tica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4.2. Un contexto geogr\u00e1fico de frontera<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En este an\u00e1lisis la situaci\u00f3n geogr\u00e1fica en la que se ubican Pe\u00f1a Amaya y Pe\u00f1a Ula\u00f1a adquiere gran importancia, ya que est\u00e1n enclavadas en la frontera entre los c\u00e1ntabros y los turmogos, entendiendo \u00e9sta como una zona de permanentes contactos, entre los que debemos considerar los enfrentamientos militares, un \u00abterritorio de paso\u00bb y \u00abun territorio de nadie\u00bb, con l\u00edmites difusos y cambiantes (Aja y otros, 1999: VII-XI y 40). Un \u00e1rea en la que la cultura material, que todav\u00eda est\u00e1 por definir en ambos grupos, no debi\u00f3 estar vinculada a divisiones artificiales y en el que influyeron m\u00e1s las relaciones \u00e9tnicas, las comerciales, las sociales y las v\u00edas de comunicaci\u00f3 n, como la arqueolog\u00eda ha demostrado en otros \u00e1mbitos peninsulares pr\u00f3ximos (Burillo, 1998: 140-141; Fern\u00e1ndez- Posse, 1998: 166 y Sanz, 1998: 427-439). Y sin embargo, por tradici\u00f3n, ambos asentamientos han sido incluidos dentro de la Cantabria prerromana, debido al supuesto trazado de la l\u00ednea de su frontera meridional y no a la existencia de una estructura social o de una cultura material (G\u00f3mez Fraile, 2001: 63-76, donde se recogen las teor\u00edas anteriores), ya que incluso la consideraci\u00f3n de Amaya como ciudad c\u00e1ntabra s\u00f3lo puede establecerse en \u00e9poca visig\u00f3tica, como se ha visto ya.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4.3. \u00bfSe produjo un traslado del centro del poder pol\u00edtico?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Una cuesti\u00f3n a tener en cuenta respecto a la situaci\u00f3n de ambos asentamientos y su extensi\u00f3n es su proximidad tan solo unos 4 km. Los datos aqu\u00ed expuestos no parecen corroborar la tesis mantenida por la historiograf\u00eda tradicional sobre el car\u00e1cter y la capitalidad c\u00e1ntabra de Amaya, cuya vinculaci\u00f3n s\u00f3lo es posible aceptarla en \u00e9poca visigoda, como ya hemos dicho, ya que las fuentes cl\u00e1sicas no la mencionan y el Itinerario de Barro es un documento tan controvertido que no puede ser empleado como argumento (Ram\u00edrez, 1999: 174, n. 4). Todo ello podr\u00eda indicar que no se produjo una coexistencia de h\u00e1bitats de grandes dimensiones a tan escasa distancia. Aunque el estado actual de la investigaci\u00f3n sobre ambos yacimientos obliga a ser prudentes a la hora de establecer hip\u00f3tesis de trabajo, podr\u00eda considerarse al menos como una l\u00ednea de estudio la posibilidad de una traslaci\u00f3n del centro de poder pol\u00edtico, si en \u00e9poca c\u00e1ntabra pudo estar en La Ula\u00f1a, tras la conquista estuvo en Amaya, aunque tendr\u00eda un papel secundario respecto a<em>Pisoraca&nbsp;<\/em>y&nbsp;<em>Iuliobriga<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Si ampliamos el horizonte espacial al entorno inmediato se observa en la transici\u00f3n del mundo prerromano al romano la introducci\u00f3n de una serie de mecanismos que traen consigo la promoci\u00f3n de nuevos centros dentro del territorio de los antiguos n\u00facleos prerromanos; as\u00ed&nbsp;<em>Segisamo<\/em>(Sasam\u00f3n, Burgos) o&nbsp;<em>Pisoraca&nbsp;<\/em>(Herrera de Pisuerga, Palencia) son abandonados en favor de nuevos establecimientos romanos, dentro del mismo territorio y conservando el mismo top\u00f3nimo, pero este proceso no s\u00f3lo se observa en la creaci\u00f3n de establecimientos militares, como los anteriores, sino tambi\u00e9n en centros civiles como&nbsp;<em>Clunia&nbsp;<\/em>(Coru\u00f1a del Conde, Burgos),&nbsp;<em>Deobrigula&nbsp;<\/em>(Tardajos, Burgos), Monte Cild\u00e1 (Olleros de Pisuerga, Palencia) y posiblemente&nbsp;<em>Vindeleia&nbsp;<\/em>(Santa Cruz y Cubo de Bureba, Burgos) o&nbsp;<em>Iuliobriga&nbsp;<\/em>(Retortillo, Cantabria), entre otros (L\u00f3pez Noriega, 1997 y 1999). En el caso de La Ula\u00f1a-Amaya, quiz\u00e1, el proceso no fue exactamente el mismo, pero creemos que la reorganizaci\u00f3n del territorio en \u00e9poca romana es la raz\u00f3n que puede estar detr\u00e1s de una hipot\u00e9tica traslaci\u00f3n, cuyos argumentos son:<\/p>\n\n\n\n<p>1) la escasa entidad de los restos del horizonte Hierro II en Amaya y la ausencia de uno romano en La Ula\u00f1a, por el momento,<\/p>\n\n\n\n<p>2) su proximidad, alrededor de 4 km, que podr\u00eda hacer que se considerasen dentro del mismo territorio y su extensi\u00f3n \u2014Amaya 42 ha y La Ula\u00f1a 285\u2014, dados los problemas de concepci\u00f3n y de explotaci\u00f3n del espacio que plantean dos centros de grandes dimensiones y 3) el trazado viario de \u00e9poca romana, ya que la calzada que comunicaba la Meseta Norte \u2014desde&nbsp;<em>Pisoraca<\/em>, dirigi\u00e9ndose por&nbsp;<em>Iuliobriga&nbsp;<\/em>y el valle del r\u00edo Besaya\u2014 con la costa cant\u00e1brica, y que la pon\u00eda en comunicaci\u00f3n con el&nbsp;<em>portus Blendium&nbsp;<\/em>y el&nbsp;<em>portus Victoriae,&nbsp;<\/em>era no s\u00f3lo un ramal de la v\u00eda principal que de Este a Oeste cruzaba casi todo el Norte peninsular bordeando la Cordillera Cant\u00e1brica por su vertiente meridional (v\u00edas I y XXXIV del Itinerario de Antonio<em>: Asturica-Burdigala)<\/em>, sino tambi\u00e9n un eje viario para toda la red de caminos secundarios que cruzaban y atravesaban la zona (Iglesias y Mu\u00f1iz, 1992: 98-136). Esta v\u00eda, que fue el factor vertebrador del territorio, discurre al Oeste de Amaya, quedando La Ula\u00f1a desplazada de ella y convirti\u00e9ndose, as\u00ed, aqu\u00e9lla en un enclave fundamental para el control del territorio, en especial el de la Meseta Norte, hacia donde se orienta ese asentamiento, y de ambas rutas de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En este punto merece la pena comentar que posiblemente Amaya tuvo un papel fundamental durante las Guerras C\u00e1ntabras, pero justo en el bando contrario de lo que la historiograf\u00eda ven\u00eda manteniendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Amaya pudo ser un castro c\u00e1ntabro de menor importancia demogr\u00e1fica, pero que reun\u00eda un singular valor estrat\u00e9gico para los romanos cuando \u00e9stos establecen su base de operaciones en Sasam\u00f3n, encontrando que una de las penetraciones naturales deb\u00eda pasar por las inmediaciones de La Pe\u00f1a. Ello explicar\u00eda la presencia de materiales y estructuras romanas de \u00e9poca augustea que en este lugar de la pen\u00ednsula no pueden entenderse si no es vinculadas al contingente militar. Una vez pacificado el territorio no debi\u00f3 perder este papel militar, aunque en este caso dirigido fundamentalmente al control y protecci\u00f3n de la v\u00edas, y consecuentemente con efectivos de la&nbsp;<em>Legio&nbsp;<\/em>establecida en&nbsp;<em>Pisoraca<\/em>, acogiendo una poblaci\u00f3n civil dependiente primeramente de la propia presencia del ej\u00e9rcito y pudiendo desempe\u00f1ar cierto papel administrativo, siempre en un segundo orden respecto a&nbsp;<em>Iuliobriga&nbsp;<\/em>o<em>Pisoraca<\/em>, al menos en el altoimperio.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta hip\u00f3tesis se refuerza si tenemos en cuenta la relaci\u00f3n que la Cantabria prerromana mantuvo con la Meseta y el valle del Ebro (Cisneros, 2004), zonas en las que ese proceso urbanizador fue puesto en pr\u00e1ctica por Roma (Pina, 1993), quien debi\u00f3 ser consciente de ello, ya que cuando establece las divisiones administrativas incluye a aqu\u00e9lla dentro del convento cluniense, a diferencia de lo que hace con las regiones del Noroeste.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"626\" height=\"420\" src=\"https:\/\/lawebdehumada.es\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.4.3.2-Pena-Amaya-y-Pena-Ulana-toponimia-y-arqueologia.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1202\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Abascal, J. M. (1999):&nbsp;<em>El P. Fidel Fita y su legado documental en la Real Academia de la Historia,&nbsp;<\/em>Real Academia de la Historia, Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>Ab\u00e1solo, J. A. (1975): \u00abDe epigraf\u00eda c\u00e1ntabra. Las inscripciones de Amaya (Burgos)\u00bb,&nbsp;<em>Sautuola&nbsp;<\/em>I, pp. 205-213.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 (1978):&nbsp;<em>Carta Arqueol\u00f3gica de la provincia de Burgos. Partidos Judiciales de Castrojeriz y Villadiego<\/em>, Diputaci\u00f3n de Burgos, Burgos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aja, J. R. y otros (1999):&nbsp;<em>El poblamiento de monta\u00f1a en el sector central de la Cordillera Cant\u00e1brica (Espa\u00f1a): Fuentes escritas y arqueol\u00f3gicas. El ejemplo de la comarca de La Bra\u00f1a (Palencia)<\/em>, BAR International Series 759, Oxford.<\/p>\n\n\n\n<p>Albertos, M.\u00aa L. (1966):&nbsp;<em>La onom\u00e1stica personal primitiva de Hispania Tarraconense y B\u00e9tica<\/em>, Salamanca.<\/p>\n\n\n\n<p>Almagro-Gorbea, M. y D\u00e1vila, A. F. (1995): \u00abEl \u00e1rea superficial de los oppida en la Hispania \u201cC\u00e9ltica\u201d\u00bb,&nbsp;<em>Complutum&nbsp;<\/em>6, pp.209-233.<\/p>\n\n\n\n<p>Argente, J. L. (1986-1987): \u00abHacia una clasificaci\u00f3n tipol\u00f3gica y cronol\u00f3gica de las f\u00edbulas de la Edad del Hierro en la Meseta Norte\u00bb,<em>Zephyrus&nbsp;<\/em>39-40, pp. 139-157.<\/p>\n\n\n\n<p>Atlas (2003):&nbsp;<em>Atlas Antropon\u00edmico de Lusitania Romana<\/em>, coords. M. Navarro y J. L.Ram\u00edrez, M\u00e9rida-Burdeos.<\/p>\n\n\n\n<p>Audouze, F. y Buchsenschutz, O. (1989):&nbsp;<em>Villes, villages et campagnes de l\u2019Europe celtique<\/em>. Par\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Boh\u00edgas, R. (1986-87): \u00abLa Edad del Hierro en Cantabria. Estado de la cuesti\u00f3n \u00bb.&nbsp;<em>Zephyrus&nbsp;<\/em>39-40, pp. 119-138.<\/p>\n\n\n\n<p>Burillo, F. (1998):&nbsp;<em>Los celt\u00edberos. Etnias y estados<\/em>, Barcelona.<\/p>\n\n\n\n<p>Ce\u00e1n Berm\u00fadez, J. A. (1832):&nbsp;<em>Sumario de las antig\u00fcedades romanas que hay en Espa\u00f1a<\/em>. Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>Cisneros, M. (2002): \u00abLa vivienda en la Cantabria prerromana: el castro de La Ula\u00f1a (Humada, Burgos)\u00bb,&nbsp;<em>Historica et philologica. In honorem Jos\u00e9 Mar\u00eda Robles<\/em>, eda. J.Torres, pp. 241-253, Universidad de Cantabria.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 (2004): \u00abEl oppidum de La Ula\u00f1a en la frontera meridional de los c\u00e1ntabros \u00bb,&nbsp;<em>Palaeohispanica&nbsp;<\/em>4, pp. 89-109.<\/p>\n\n\n\n<p>Cisneros,M. y L\u00f3pez Noriega, P. (2004): \u00abEl sistema defensivo del castro de La Ula\u00f1a (Humada, Burgos)\u00bb,&nbsp;<em>Archivo Espa\u00f1ol de Arqueolog\u00eda&nbsp;<\/em>77, pp. 3-22.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 eds. (2005):&nbsp;<em>El castro de La Ula\u00f1a (Humada, Burgos). La documentaci\u00f3n arqueol\u00f3gica: 1997-2001<\/em>, Universidad de Cantabria.<\/p>\n\n\n\n<p>Collis, J. (1984):&nbsp;<em>Oppida. Earliest Towns North of the Alps<\/em>, Universidad de Sheffield.<\/p>\n\n\n\n<p>Dom\u00ednguez, A. (1998): \u00abLas acu\u00f1aciones ib\u00e9ricas y celtib\u00e9ricas de la Hispania Citerior\u00bb, en&nbsp;<em>Historia monetaria de Hispania&nbsp;<\/em>Antigua, pp. 116-193, Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>Fern\u00e1ndez-Posse, M. D. (1998):&nbsp;<em>La investigaci\u00f3n protohist\u00f3rica en la Meseta y Galicia<\/em>, Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 (2002): \u00abTiempos y espacios en la cultura castre\u00f1a\u00bb,&nbsp;<em>Los poblados fortificados del Noroeste de la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica: formaci\u00f3n y desarrollo de la cultura castre\u00f1a,&nbsp;<\/em>eds.M.A. de Blas y A.Villa, pp. 81-91, Navia.<\/p>\n\n\n\n<p>FHA (1947):&nbsp;<em>Fontes Hispaniae Antiquae<\/em>, Tomo IX, ed. R. Grosse, Barcelona.<\/p>\n\n\n\n<p>Fita, F. (1891): \u00abL\u00e1pidas romanas in\u00e9ditas\u00bb,&nbsp;<em>Bolet\u00edn de la Real Academia de la Historia&nbsp;<\/em>19, pp. 521-538.<\/p>\n\n\n\n<p>Fl\u00f3rez, E. (1859):&nbsp;<em>Espa\u00f1a Sagrada<\/em>, vol. VI, Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>Garc\u00eda Guinea, M. A. (1999): \u00abEl significado de la excavaci\u00f3n arqueol\u00f3gica en el castro de Las Rabas (Celada Marlantes)\u00bb, en J. M. Iglesias y J. A. Mu\u00f1iz,&nbsp;<em>Regio Cantabrorum<\/em>, pp. 99-106. Santander.<\/p>\n\n\n\n<p>Garc\u00eda Guinea, M. A. y Rinc\u00f3n, R. (1970):&nbsp;<em>El asentamiento c\u00e1ntabro de Celada Marlantes (Santander)<\/em>, Diputaci\u00f3n de Santander, Santander.<\/p>\n\n\n\n<p>G\u00f3mez Fraile, J. M. (2001):&nbsp;<em>Los celtas en los valles altos del Duero y del Ebro<\/em>, Universidad de Alcal\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Gonz\u00e1lez Rodr\u00edguez,A. (1999):&nbsp;<em>Diccionario etimol\u00f3gico de la toponimia mayor de Cantabria<\/em>, Santander.<\/p>\n\n\n\n<p>Iglesias, J. M. (1976):&nbsp;<em>Epigraf\u00eda C\u00e1ntabra. Estereometr\u00eda, decoraci\u00f3n, onom\u00e1stica<\/em>, Santander.<\/p>\n\n\n\n<p>Iglesias, J. M. y Mu\u00f1iz, J. A. (1992):&nbsp;<em>Las comunicaciones en la Cantabria romana<\/em>, Santander.<\/p>\n\n\n\n<p>Kruta,V. (2000):&nbsp;<em>Les celtes. Histoire et dictionnaire. Des origines \u00e0 la romanisation et au christianisme<\/em>, Par\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>L\u00f3pez Noriega, P. (1997): \u00abOrganizaci\u00f3n territorial romana en el<em>Conventus Cluniensis<\/em>: algunas consideraciones sobre la creaci\u00f3n de ciudades&nbsp;<em>ex novo<\/em>\u00bb,&nbsp;<em>Zephyrus 50,&nbsp;<\/em>pp. 217-224.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 (1999): \u00abAproximaci\u00f3n al proceso de urbanizaci\u00f3n en el Norte de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica: posibles creaciones de ciudades&nbsp;<em>ex novo&nbsp;<\/em>en el<em>Conventus Cluniensis<\/em>\u00bb,&nbsp;<em>Lancia 3<\/em>, pp. 191-203.<\/p>\n\n\n\n<p>Madoz,P. (1984):&nbsp;<em>Diccionario Geogr\u00e1fico-Estad\u00edstico-Hist\u00f3rico de Espa\u00f1a. Burgos&nbsp;<\/em>(edici\u00f3n facs\u00edmil de la original de 1845-1850), ed. \u00c1mbito,Valladolid.<\/p>\n\n\n\n<p>Peralta, E. (2000):&nbsp;<em>Los c\u00e1ntabros antes de Roma<\/em>, Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00e9rez de Urbel, J. (1969):&nbsp;<em>El Condado de Castilla. Los trescientos a\u00f1os en que se hizo Castilla<\/em>, Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>Pina, F. (1993): \u00ab\u00bfExisti\u00f3 una pol\u00edtica romana de urbanizaci\u00f3n en el Nordeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica?,&nbsp;<em>Habis&nbsp;<\/em>24, pp. 77-94.<\/p>\n\n\n\n<p>Ram\u00edrez, J. L. (1999): \u00abLa toponimia de la guerra. Utilizaci\u00f3n y utilidad\u00bb, en&nbsp;<em>Las Guerras C\u00e1ntabras<\/em>, pp. 171-199, Santander.<\/p>\n\n\n\n<p>Rodr\u00edguez Colmenero, A. (1979):&nbsp;<em>Augusto e Hispania. Conquista y organizaci\u00f3n del norte peninsular<\/em>, Bilbao.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e1nchez-Palencia, F. J., Orejas,A. y Sastre, I. (2002): \u00abLos castros y la ocupaci\u00f3n romana en zonas mineras del Noroeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica\u00bb,&nbsp;<em>Los poblados fortificados del Noroeste de la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica: formaci\u00f3n y desarrollo de la cultura castre\u00f1a<\/em>, eds.M.A. de Blas y A.Villa, pp. 241-259, Navia.<\/p>\n\n\n\n<p>Sanz, C. (1998):&nbsp;<em>Los vacceos: cultura y ritos funerarios de un pueblo prerromano del valle medio del Duero. La necr\u00f3polis de Las Ruedas. Padilla de Duero (Valladolid)<\/em>,Valladolid.<\/p>\n\n\n\n<p>Sch\u00fcle,W. (1969):&nbsp;<em>Die Meseta-Kulturen der Iberischen Habilsel<\/em>. Berl\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>Tovar,A. (1989):&nbsp;<em>Iberische Landeskunde. Las tribus y las ciudades de la antigua Hispania.Tomo 3,Tarraconensis<\/em>, Baden-Baden.<\/p>\n\n\n\n<p>Villar, F. (1996):&nbsp;<em>Los indoeuropeos y los or\u00edgenes de Europa. Lenguaje e historia<\/em>, Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1 Las intervenciones arqueol\u00f3gicas, realizadas en los a\u00f1os 2000, 2001 y 2002 fueron sufragadas por la Junta de Castilla y Le\u00f3n y encargadas a Alacet Arque\u00f3logos, S. L.<\/p>\n\n\n\n<p>En total se han excavado poco m\u00e1s de 230 m2, repartidos en veinticinco sondeos.<\/p>\n\n\n\n<p>2 Se han documentado una docena de muros ubicados en el Cinto, fundamentalmente en el Norte, con una altura que sobrepasa el metro y una longitud variable en funci\u00f3n de la anchura de la vaguada en cada punto. Estas estructuras debieron formar parte del sistema defensivo, limitando no s\u00f3lo la circulaci\u00f3n por el foso, dadas sus dimensiones \u20146 km de longitud, aproximadamente, en ambos lados y una anchura, en el Norte, que es el mejor definido, entre 20 y unos 85 m\u2014 y el riesgo que conllevar\u00eda una eventual dispersi\u00f3n de fuerzas de defensa si un potencial enemigo tuviese libertad de movimientos por el Cinto, sino tambi\u00e9n el acceso a los manantiales, recurso esencial en caso de asedio, ya que de las 13 fuentes o manantiales localizados 6 se encuentran en el Cinto Norte, 2 fuera de \u00e9l, hacia el valle, pero en sus proximidades (Cisneros y L\u00f3pez Noriega, 2004, 7-8).<\/p>\n\n\n\n<p>3 Los c\u00e1lculos sobre la altura han sido realizados por Jes\u00fas Seti\u00e9n Marqu\u00ednez, profesor del Departamento de Ciencia e Ingenier\u00eda del Terreno y de los Materiales de la ETS de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Cantabria, teniendo en cuenta el volumen de los restos de los derrumbes, la altura conservada de los lienzos y la anchura de \u00e9stos; no obstante, los datos son orientativos, ya que el rodamiento del derrumbe de la muralla hacia el Cinto, determina que no se hayan analizado variables exactas. Asimismo, al evaluar el volumen del derrumbe se incluyen tambi\u00e9n los dep\u00f3sitos de tierra posteriores y los vac\u00edos entre bloques.<\/p>\n\n\n\n<p>4 Aunque la bibliograf\u00eda sobre el tema es amplia, podemos destacar entre los m\u00e1s recientes por citar los trabajos anteriores: Fern\u00e1ndez-Posse, 1998: 224-228 y 2002: 85-88 y S\u00e1nchez-Palencia, Orejas y Sastre, 2002: 251-252<\/p>\n\n\n\n<p>5 Inici\u00f3 la repoblaci\u00f3n el rey asturiano Alfonso I (739-757) y la continu\u00f3 despu\u00e9s Ordo\u00f1o I, en el a\u00f1o 856. El recuerdo de Amaya se manten\u00eda vivo y por eso pervivi\u00f3 el top\u00f3nimo. Cf. P\u00e9rez de Urbel, 1945: 66, 75, 159-60 y 171, con referencia a las fuentes historiogr\u00e1ficas.<\/p>\n\n\n\n<p>6 Muga es un apelativo vasco. Habr\u00e1 que indagar las razones de su presencia tan lejos de territorio vasco.<\/p>\n\n\n\n<p>7 Para su explicaci\u00f3n y la de toda la microtoponimia, cf. Cisneros y L\u00f3pez Noriega eds, 2005.<\/p>\n\n\n\n<p>8 Para su explicaci\u00f3n remitimos a la obra citada en la nota anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>9 Fue le\u00eddo&nbsp;<em>Neoria Avita<\/em>, pero a las observaciones que hizo Untermann, a\u00f1adimos las de nuestra autopsia: s\u00f3lo son claras las tres letras finales del&nbsp;<em>nomen&nbsp;<\/em>y la primera, apenas perceptible, podr\u00eda ser una \u00abC\u00bb, de modo que podr\u00eda ser un&nbsp;<em>nomen&nbsp;<\/em>que comenzara por C, tipo&nbsp;<em>C[u]ria<\/em>. De esta forma queda como nombre \u00abind\u00edgena\u00bb&nbsp;<em>Avita<\/em>, que dada su abundancia en Hispania no es especialmente significativo, aunque es uno de los m\u00e1s representados en Lusitania (cf. Atlas).<\/p>\n\n\n\n<p>10&nbsp;<em>Auga<\/em>, documentado en ambiente ind\u00edgena corresponde a una mujer y s\u00f3lo tiene paralelos en Antequera y en Lusitania (<em>Augus<\/em>).&nbsp;<em>Pintovius&nbsp;<\/em>est\u00e1 bien representado entre los vetones (<em>Pentovius&nbsp;<\/em>en la localidad c\u00e1ntabra de Luriezo).<\/p>\n\n\n\n<p>11 Fita public\u00f3 las estelas con una somera descripci\u00f3n del soporte y su texto, pero sin dar la m\u00e1s m\u00ednima referencia a las circunstancias de su hallazgo. La mayor\u00eda de ellas se conserva en el Museo de Prehistoria y Arqueolog\u00eda de Cantabria y fue publicada con aparato gr\u00e1fico por Iglesias, 1976: l\u00e1minas 4-11. Pero las circunstancias de su hallazgo se explican con detalle en la Memoria que Moro envi\u00f3 a Fita y en la correspondencia que mantuvo con \u00e9ste (Moro apud Abascal, 1999: 102-104 y 130). Siete estelas estaban reutilizadas en una pared cercana a la fuente Hongarrera que Moro desmont\u00f3, por lo que debemos pensar que hubo una necr\u00f3polis en la misma Pe\u00f1a (es dif\u00edcil que subieran las estelas desde el fondo del valle para hacer una pared). Otras tres (Moro apud Abascal, 1999: 130) tambi\u00e9n aparecieron fuera de contexto arqueol\u00f3gico, aunque una proced\u00eda del castillo. La und\u00e9cima (CIL II, 2925) se hab\u00eda reutilizado para construir la pared de una iglesia. Once estelas es un n\u00famero relativamente significativo, por lo que debemos pensar que en \u00e9poca romana existi\u00f3 en Pe\u00f1a Amaya una ciudad (o al menos un establecimiento de cierta entidad).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Acta &hellip; <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"h5ap_radio_sources":[],"footnotes":""},"categories":[31,65,68],"tags":[],"class_list":["post-1201","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-el-castro-de-la-ulana","category-historia","category-la-web-de-humada"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1201","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1201"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1201\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4470,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1201\/revisions\/4470"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1201"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1201"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/lawebdehumada.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1201"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}